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¿Por qué Petro tiene razón?

El abogado Álex Vernot, cercano al Alcalde, sale en defensa de la gestión del burgomaestre.

La que da título a este artículo es una buena pregunta, si se piensa preliminarmente que, según las encuestas, muchos bogotanos están contra la gestión del Alcalde de Bogotá. Sobra decir que las empresas encuestadoras también representan "intereses" de sus clientes, que claramente hacen parte del "poder económico", y por esta razón se pueden sentir afectados o amenazados por las medidas de Gustavo Petro, así que tampoco están libres de pecado. Las encuestas de la propia Alcaldía son diferentes, particularmente en los estratos bajos, donde el Alcalde es positivamente popular y donde se reconocen las bondades de sus medidas, que claramente benefician a las personas más pobres de nuestra sociedad.

El portero del edificio donde vivía, exmilitar y combatiente en su época en los territorios de influencia del M-19, me comentó con felicidad que él había combatido contra esa guerrilla, pero que, la verdad, esa medida de bajar las tarifas de TransMilenio y poder viajar más barato en las horas valle le había cambiado su economía y la de su familia.

A raíz de esta avalancha de críticas contra el Alcalde, cada día, casi sin excepción, debo enfrentar las quejas de quienes ven en mí a un amigo del Alcalde y, por alguna razón que desconozco, a un representante de él. Lo que no saben los que me hablan del Alcalde es que prácticamente nunca lo veo, por lo obvio y difícil que significa hablar con un gobernante.

Sin embargo, estos reclamos permanentes y mis explicaciones a estos me han llevado a pensar y reflexionar si el Alcalde hubiera podido hacer las cosas diferentes o, por lo menos, hubiera podido hacer lo mismo sin despertar tanta ampolla.

Como soy, en términos de las personas comunes y corrientes, una persona del "establecimiento", porque trabajé para empresarios importantes y para dueños de bancos, no se entiende cómo puedo ser amigo de Petro.

Creo que uno es amigo de alguien porque le cae bien, porque lo admira, porque le parece chistoso o, simplemente, porque le da la gana. Yo creo que decidí ser amigo de Petro, además de algunas de las razones anteriores, porque me parecía un "berraco" en la política, porque no le tenía miedo a nada y porque enfrentaba lo que nadie se atrevía a enfrentar. De Petro aprendí algo: uno no tiene por qué quedarse callado cuando tiene la razón o cuando tiene la prueba de algo. Esta es una lección de carácter y firmeza de valores que necesita urgentemente nuestra sociedad colombiana, donde todo el mundo sabe todo sobre todo, y todo el mundo se hace el de la vista gorda.

A veces a la gente la preocupa más la forma que el fondo. Ahí puede estar parte del problema; me da la sensación de que para Petro la forma también tiene que ver con el fondo, no es accesoria, es fundamental. Esto es lo que creo que no han visto los que tanto lo critican. Ven el árbol, pero no ven el bosque. Es un tema de fondo, es un tema estructural.

Ser amigo de Petro fue durante mucho tiempo vergonzante para otros, no para mí, hasta que llegó a la Alcaldía. De la noche a la mañana, esto que era un defecto inmenso se volvió una virtud, por un par de meses solamente, tiempo durante el cual recibí el mayor número de solicitudes de reuniones en mi vida. Por mi oficina pasaron muchas personas y muchas compañías ofreciendo proyectos de todo tipo, situación que de alguna manera era explicable, pero que desde otra perspectiva refleja la concepción de los contratistas y de las compañías multinacionales de lo que es la forma de llegar al gobernante: a través de los amigos. No reparo en esto como un gran pecado. En cambio, pienso que es urgente una ley que regule el lobby en Colombia, para que se sepa de frente quién tiene intereses y quién los representa; y para que, si hay lugar al pago de honorarios por estas actividades, dejen de ser secretos e ilegales, porque, así no nos guste, los negocios se hacen por debajo o por encima de la ley.

Las solicitudes de reuniones desaparecieron cuando las personas que me visitaron se dieron cuenta de que, a través de mí, no se llegaba a Petro en términos prácticos.

Esta es otra característica de Petro: es inabordable; parte seguramente del problema y de las críticas que hay en su contra: no hay cómo llegar a él. Defecto o virtud, para mí es lo segundo. Un gobernante no puede ser solamente la caja de resonancia de los negocios estatales, pues representa mucho más que eso.
Debo reconocer que traté de transmitir lo que, estoy seguro, es el pensamiento de Petro: a la Alcaldía le pueden proponer todo tipo de proyectos, siempre que consulten la política del Alcalde de corte eminentemente social y, claro, cero corrupción.

Creo que la contratación pública, tanto a nivel nacional como local, se adjudica en una gran mayoría dentro de un marco de corrupción, que tiene muchas formas: desde sobornos de funcionarios públicos hasta dádivas a políticos, parlamentarios y concejales para obtener gobernabilidad, todo a cambio de contratos.

Lo anterior significa que muchos de los servicios públicos, como el transporte, la electricidad, el manejo de basuras, las vías, el agua, la atención en salud y la educación, están por cuenta y funcionan sujetos a la corrupción; y esto es lo realmente importante para Petro, la cobertura de estos servicios públicos para las clases menos favorecidas, que en términos de Colombia son más del 50 por ciento de las personas que viven por debajo de la línea de la pobreza. Millones de personas indigentes y millones de personas sin techo, sin educación y sin salud, entre otros.

Uno de los temas de fondo para Petro, y en general para el análisis de los problemas de Colombia, es el dinero que queda en manos de algunos contratistas de servicios públicos que se prevalen de métodos ilegales, corruptos o, por lo menos, inmorales, para enriquecerse por cuenta del Estado.

La pregunta que surgiría de un análisis objetivo y no apasionado sería: si somos nosotros los que pagamos los impuestos, ¿por qué nos duele tanto que Petro ataque la corrupción y a los contratistas a nivel local y nacional? ¿Por qué, entonces, la saña de la gente contra Petro?

La respuesta no es clara, pero en mi opinión pasa por tres razones, la primera, culpa de Petro: no sabe comunicar el fondo de sus causas, de sus batallas, de lo que está en juego en ellas. Este es un tema grueso, y creo que mucho del éxito o fracaso de la gestión del Alcalde pasará por aquí. ¿De qué sirve dar estas peleas si no son capaces de comunicar las razones de las mismas? Aquí los enemigos de Petro y, en mi opinión, los dueños de los intereses van ganando, pues han logrado volverlo a él el malo, cuando debería ser al revés.

La segunda, un trabajo sistemático que hacen los medios de comunicación contra el Alcalde, porque creen equivocadamente que representa una amenaza objetiva. La pregunta es: ¿por qué? Yo creo que son esos odios gratuitos, estimulados por la posición aparentemente arrogante del Alcalde, que él confunde pensando que todo el mundo lo quiere manosear en términos populares, y yo creo que no es así. Mucha gente lo quiere ayudar y él no permite que nadie se acerque.

La tercera razón es más una intuición que cualquier cosa: no veo que el Alcalde tenga un equipo que crea en sus tesis, en su modelo político, en sus causas, en sus batallas. Siento que está solo y que, salvo escasas excepciones, es como un hombre solitario remando contra la corriente.

Entonces, ¿puede Petro dar esta batalla pactando como cualquier alcalde con aquellos a quienes pretende quitarles los contratos que considera de muchas formas espurios o ilegales? ¿Con los mismos de siempre, que son los mismos que contratan en toda la nación? Yo creo que no.

Las posibilidades de que Petro logre un éxito general en la Alcaldía en términos prácticos son bajas, porque se está enfrentando a muchas cosas a la vez. Se está enfrentando a una contracultura que lo ve a él como un advenedizo, como una amenaza de alguien que quiere cambiar todo, cuando todo funciona tan bien... La pregunta es: ¿bien para quién? ¿Para el 1,12 por ciento de la población que es dueña de más del 51 por ciento de la riqueza, o el 0,64 por ciento de las personas que es prácticamente dueño del 70 por ciento de las mejores tierras en Colombia, o para 5,2 millones de personas desplazadas en los últimos 25 años, de las cuales el 65 por ciento es menor de 25 años, y el 14 por ciento, menor de 4 años? Alrededor de 728.000 niños. Yo creo que las cosas no están bien, salvo para ese 5 por ciento que es el dueño del país en términos prácticos.

En estos términos me sigue pareciendo un berraco.

Lo último del "todos contra Petro", además de la revocatoria del mandato -me pregunto quién irá a poner el dinero para esto; esperemos a ver cómo lo triangulan-, es que el Procurador lo va a destituir o que el Fiscal lo va empapelar por el tema de las basuras. Yo no creo ni lo uno ni lo otro. El Procurador ha demostrado ser una persona valiente como Petro, que ha tomado decisiones trascendentales contra la corrupción. Y el Fiscal General es prenda de garantía de la legalidad. Creo que ambos, como demócratas, entienden el importante papel que representa Petro en una democracia: el balance de poderes. Me preocupa más la saña de esas élites comprometidas, que ven en Petro una amenaza real a ese statu quo que tantos defienden, en mi opinión sin sentido.

Por esto creo que Petro tiene razón.

ÁLEX VERNOT
Especial para EL TIEMPO
*Abogado. En el libro ‘Cómo funcionan las cosas’, el publicista Ángel Beccassino lo entrevista sobre temas nacionales. En la próxima Feria del Libro publicará una novela del conflicto en Colombia.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
5 de enero de 2013
Autor
ÁLEX VERNOT

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