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Segundo mandato

En pocos días se inaugura el segundo cuatrienio del presidente de los Estados Unidos. Y la verdad es que nadie sabe muy bien qué esperar.
La campaña no arrojó mayores luces por cuanto estuvo marcada por mucha retórica y poca sustancia. En el calor de la batalla electoral muchos de los temas de fondo se evitaron, sin importar qué trascendentales fueran para el futuro de ese país y del mundo. De ahí que para hacer una aproximación a la agenda de Obama toca mezclar los pocos datos que existen con bastante intuición y una gran dosis de especulación.

Obama, que es un hombre frío y realmente brillante, también tiene su corazoncito. Naturalmente para él no pasa desapercibido que es el primer presidente afro de los Estados Unidos. Muchos criticaron que esa condición no se le notó en su primer mandato. Tienen razón, pero Obama hizo lo correcto. Se comportó como hombre de Estado por encima de la agenda de las reivindicaciones raciales.

Pero todo indica que en su segundo periodo tendrá un mayor acento social con un énfasis en la equidad. La deuda que tiene con los suyos será pagada con mayor inversión pública y en servicios sociales, lucha contra el crimen en las zonas urbanas deprimidas y defendiendo el empleo industrial. Este será un Obama más intervencionista y proteccionista.

El sueño que por décadas albergaron los latinos en EE. UU. por fin se va a hacer realidad. Sus números y su participación definieron la elección a favor de Obama. Ya no son invisibles. Son la fuerza que decide. Obama también cancelará esa deuda promoviendo un régimen de inmigración más humano. Además, es de esperarse una mayor sensibilidad hacia las prioridades de América Latina.

El desafío principal sigue siendo el tema fiscal y darle oxígeno a la reactivación económica. Obama hará en el 2013 lo que sea para impedir una recesión. Para ello tendrá en Ben Bernanke, el presidente de la Federal Reserve –la banca central gringa–, un gran aliado. Los republicanos lo odian porque creen que salvó a Obama, ya que ayudó mucho con sus políticas expansionistas. Y seguirá ayudándole.

En el frente internacional se observa también el deseo de un mayor activismo y un acento más ideológico en la orientación de las relaciones exteriores. La designación del senador Kerry como nuevo Secretario de Estado es una señal poderosa.

Es un peso pesado que ha defendido una agenda internacional progresista en la cual el tema de los derechos humanos, la democracia y las libertades van a tener una mayor prioridad. Afortunadamente para Colombia, es un hombre que votó a favor del TLC –a pesar de la oposición de los sindicatos demócratas– y es amigo personal del presidente Santos.

En los próximos cuatro años, Obama tendrá que enfrentar también severos desafíos impuestos desde el exterior. Suenan tambores de guerra en Asia Pacífico, donde las disputas territoriales entre China y sus vecinos amenazan con salirse de las manos. En Medio Oriente ha despertado, de la mano de la reciente democratización, una nueva corriente de extremismos musulmanes.

Además, está la amenaza de la esquizofrenia nuclear de Corea del Norte.
Pero, increíblemente, más difícil que enfrentar todo lo anterior es lograr que los estadounidenses renuncien a la locura de permitir que cualquiera tenga un arma de combate y le dé por desahogar sus frustraciones masacrando inocentes. Si Obama insiste en cambiar esa cultura, como parece, será casi una guerra civil. El amor de los gringos por las armas garantiza, desafortunadamente, que eso no va ser parte de su legado.

Dictum. Gracias por leer esta columna en momentos en que lo único que vale la pena es estar con la familia. Mis mejores deseos.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
23 de diciembre de 2012
Autor
Gabriel Silva Luján

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