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Matar animales por placer, ¿un tiro en el pie?

Botsuana, donde el rey de España cazó elefantes en abril, prohibirá la modalidad deportiva.

Puede que sea debatible la idoneidad de matar a un elefante -el animal terrestre más grande del mundo- por unos 20.000 dólares (36’200.000 de pesos), tomarse una foto con sus restos y colgar su cabeza en la sala de la casa. Pero en África, el ‘menú’ de los safaris de cacería, que incluye babuinos, hienas, jirafas y hasta rinocerontes, genera millonarias ganancias y no menos quejas por parte de los ambientalistas.

Botsuana, donde el rey Juan Carlos de España viajó en abril a cazar elefantes, anunció recientemente que prohibirá la caza deportiva a partir de enero de 2014 por tiempo indefinido debido a la disminución de la población animal. Un llamado de atención a los otros países africanos.

“Si no se controla, esta reducción (de animales) puede significar una verdadera amenaza tanto para la conservación como para nuestra herencia natural y la salud a largo plazo de nuestra industria turística local, que hoy es segunda, después de los diamantes”, informó el Ministerio de Medio Ambiente de Botsuana.

Según la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), unos 18.500 turistas viajan a África cada año para la caza mayor (animales grandes), una actividad que genera más de 15.000 empleos locales y ganancias anuales de 200 millones de dólares, la mitad en Sudáfrica. Cantidad, sin embargo, insignificante para el PIB de esos países (entre 0,4% y 0,01%).

El organismo agrega que los cazadores –la mayoría, estadounidenses, españoles y franceses- matan al año unos 105.000 animales, que incluyen 640 elefantes, 3.800 búfalos, 600 leones y 800 leopardos.

Los aficionados defienden la caza diciendo que se apegan a las leyes, que se limitan a matar animales muy adultos y que el dinero que pagan va dirigido a la conservación de la fauna en esos países. Se sienten chivos expiatorios, cuando hay dos problemas mucho más grandes que los gobiernos no han podido controlar: la caza ilegal y la deforestación.

Para Mike Angelides, tanzano miembro de la Asociación de Cazadores Profesionales de África, “no hay forma de explicar porqué uno caza, es una unión de muchas emociones y del amor a la naturaleza. Es un deporte como cualquier otro y solo es sostenible si se maneja correctamente, permitiendo la correcta extracción de animales que ya pasaron su edad reproductiva”. En Tanzania, dice, es ilegal matar leones menores de 6 años.

Carlos Drews, director del programa global de especies de la ONG WWF, le dijo a EL TIEMPO que “los cazadores tienen un estigma que no solo sale alimentado por grupos proteccionistas de la vida silvestre, porque la gente tiene dificultades de ver el asesinato de una especie tan carismática y tan espectacular simplemente motivada por el placer del deporte. El tema de matar por gusto y placer moralmente no es fácil de digerir para el público en general”.

Sin embargo, Drews reconoce que “la caza ilegal ha jugado un papel importantísimo en la recuperación de algunas de las especies de la zona sur de África”. De acuerdo con el experto, se tienen cuotas establecidas anuales para entregar a la caza deportiva “y los dividendos se reinvierten en fortalecer el aparato gubernamental para garantizar la protección”.

“No hay que simplificar el acto de matar un animal con un atentado a la conservación de la especie”, agrega el experto.

La UICN indica que incluso hay ventajas indirectas de esta actividad cuando las ganancias de la caza deportiva van directamente a las comunidades locales, lo que aumenta la tolerancia hacia esos gigantescos animales y reduce los niveles de conflicto con los humanos cuando, por ejemplo, los elefantes destruyen los cultivos.

Todo lo contrario piensan los defensores de los animales. Kristin Simon, miembro de la organización Peta (sigla en inglés para Gente por el Trato Ético a los Animales), califica de “hipocresía” y de absurdo” matar un animal y pretender a la vez salvar la especie.

“La caza mayor es un deporte terriblemente cruel. Por cada dos animales que son heridos, uno nunca es hallado y muere lentamente de sus heridas o infecciones. Ningún animal debería sufrir en nombre de la conservación”, le dijo Simon a este diario.

El tráfico sí asusta

La mayor preocupación para África, asegura Drews, es “el escalamiento vertical de la caza furtiva” de elefantes, rinocerontes y leones, mercado alimentado por un crecimiento “sin precedentes” del mercado asiático.

“Están matando 2 rinocerontes por día en Sudáfrica, uno de los países mejor equipados para la protección de la fauna silvestre. Lo que estamos viendo en el resto del continente es un escalamiento que puede generar extinciones locales en el mediano plazo”, agrega el biólogo.

En un reciente informe, WWF encontró que, entre 2007 y 2011, el número de rinocerontes cazados furtivamente en Sudáfrica subió un 3.000 por ciento. “El precio de los cuernos de rinoceronte ha aumentado a unos 60.000 dólares por kilo —el doble del valor del oro o el platino— y ahora es más valorado que los diamantes y la cocaína en el mercado negro”, informa el documento publicado este año.

Aunque la caza de trofeos sea una actividad para una minoría, si no es regulada estrictamente, puede convertirse en excusa para los traficantes.

En Sudáfrica, uno de los países con los impuestos más altos para esta actividad en ese continente, fue identificada una red que usaba los trofeos de caza deportiva de rinocerontes para traficar sus cuernos en el mercado negro de Asia, donde algunos tienen la creencia infundada de que cura el cáncer. El resultado fue la condena a 40 de prisión para un tailandés que lideraba la banda y la prohibición a los vietnamitas de cazar rinocerontes dentro del país.

Aunque no hay censos regulares o estadísticas exhaustivas sobre qué tanto pesa la caza deportiva a la reducción en número de animales, en Mozambique y Tanzania (codiciados destinos para esta actividad) censos realizados en 2011 indican que la cantidad de elefantes muertos por disparos ha aumentado hasta cuatro veces la del 2009, la mayoría, debido a la caza furtiva.

Por eso, controlar la caza deportiva sin ponerle freno al tráfico ilegal que impera en algunos países parecería ser un paño de agua tibia.

Sin esfuerzo

Así los safaris para cazar sean solo para una élite que puede pagarlos y requieran de mucho tiempo (la persecución de una especie grande puede durar días), hay quienes prefieren una versión ‘exprés’.

La cacería en cautividad, en la que los animales son encerrados (y a veces criados) en espacios más pequeños para garantizar que serán hallados en poco tiempo, despertó una polémica y la protesta de los defensores de animales que argumentan que así los ejemplares no tienen posibilidades de escapar y son condenados de antemano.

En Texas, esta práctica alcanza otro nivel: llevaron África a Estados Unidos. Por años, algunas fincas han criado especies exóticas como el orix de cuernos de cimitarra (una especie de antílope casi extinta en estado salvaje), la gacela y el búfalo africano y luego cobran entre 4.500 y 50.000 dólares por cazarlas. Sus dueños argumentan que su empresa promueve la conservación porque ese dinero es usado en la crianza de más animales y evitan así su desaparición total. Una de esas empresas incluso envió varios orix a reservas africanas para su eventual introducción a su hábitat natural.

En Tequisquiapan, México, también existe una finca similar para cazar especies exóticas, donde se puede matar una cebra por 7.000 dólares.

Incluso cazadores experimentados como Angelides están en contra de esta práctica, a la que califican como “no ética”. Para Simon, se trata de una actividad “doblemente cruel porque los animales no solo sufren por diversión, además están lejos de su entorno natural”.

Drones contra cazadores

Vigilarán actividades furtivas y animales

Google premió la ONG ambientalista WWF con 5 millones de dólares, que financiarán un proyecto con drones de vigilancia para rastrear presencia de cazadores furtivos en zonas de reserva y para monitorear especies en peligro. Se aplicará en África y Asia para la protección de rinocerontes, aunque aún está por definir qué países serán beneficiados.

Los llamados 'drones de conservación' fueron probados por primera vez en junio de este año en Nepal, donde dos de estos aparatos no tripulados volaron sobre el Parque Nacional Chitwan.

Cárcel por cazar en Costa Rica

Costa Rica se convirtió este mes en el primer país de América Latina en prohibir la caza como deporte. Quienes sean atrapados cazando pueden enfrentar hasta cuatro meses en prisión o multas de hasta 3.000 dólares.

En Colombia, la caza deportiva está permitida y es regulada por el Ministerio de Ambiente. Requiere de licencia y solo se permite cazar ciertas especies.

REBECA LUCÍA GALINDO
Redacción Internacional

Publicación
eltiempo.com
Sección
Internacional
Fecha de publicación
23 de diciembre de 2012
Autor
REBECA LUCÍA GALINDO Redacción Internacional

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