La alternativa de cultivar ostiones en mar de Taganga

La alternativa de cultivar ostiones en mar de Taganga

Un grupo de pescadores del pueblo cercano a Santa Marta trabaja en este proyecto.

17 de diciembre de 2012, 05:29 am

A las ocho de la mañana, cuando los bañistas comienzan a asomarse a las playas de Taganga, corregimiento a 10 minutos en carro del centro de Santa Marta, un grupo de pescadores se alista para emprender su jornada en el mar.

En lancha arrendada montan las redes, los recipientes plásticos y la cava con comida y bebidas, necesarios para trabajar en el cultivo de ostiones, ubicado en franja marina de dos hectáreas concesionada a la Universidad del Magdalena, frente al poblado.

Es jueves y a bordo de la embarcación van los veteranos Juan Asís Tejeda, Luis Mattos Mattos, Tesoris Mattos Pinto y Pedro Daniels Mattos, quienes desde 2009 están vinculados al proyecto denominado 'Desarrollo del cultivo de pectínidos (ostiones) en el Magdalena', liderado por la Universidad, con el apoyo de cooperación internacional de Chile y Japón.

Los acompañan José Mojica Nacovi, Mayeline Arce López y Raquel Asís Mattos, tres jóvenes tagangueros que se vincularon en el último año. Ese día, faltó el menor del grupo, Aldemar Guerra, de 17 años, quien por la tarde se graduaba como bachiller.

Después de un viaje que dura 10 minutos, la lancha está anclada en la zona señalizada con boyas, donde está el cultivo suspendido de ostiones, unos moluscos que esconden en su concha una rica carne a la que los pescadores le atribuyen poderes afrodisíacos. "Le decimos siete potencias", dice Pedro Daniels.

En el área concesionada, cuya profundidad es de 15 a 30 metros, hay cuatro líneas flotantes -tiene capacidad para 10- en que están sumergidos colectores, redes perleras y linternas, que tienen en su interior los ostiones de las especies argopecten nucleus y nodipecten nodosus, según la talla.

En los colectores o sacos cebolleros se guardan las semillas que son producidas técnicamente en el laboratorio de moluscos y microalgas de Unimagdalena. Luego de mes y medio, cuando tienen 10 milímetros, las semillas se colocan en redes perleras.
Durante la etapa de levante y engorde, los ostiones son sacados tres veces, en un proceso que llaman desdoble, con el fin de ajustar la cantidad de animales en las redes (a mayor tamaño menos animales).

En el último desdoble pasan a las linternas, redes de 10 pisos, en las que crecen hasta 45 milímetros.

Ese jueves están realizando el tercer desdoble de la cosecha que recogerán en febrero o marzo próximo. En Genemaca, playa de pescadores artesanales encajada entre los cerros de Taganga, instalaron una carpa donde tienen varias palanganas llenas de agua de mar en las que depositan los ostiones vivos que sacan de las redes. Luego de medirlos los depositan en las linternas y los devuelven al mar.

El cultivo de ostiones requiere tiempo y paciencia. Hay que esperar entre ocho y 10 meses para recoger la cosecha. Por eso, de los 50 pescadores que iniciaron el proceso solo cinco se quedaron.

Hoy, están recogiendo los primeros frutos de ese esfuerzo. El producto ya tiene compradores en los restaurantes y hoteles de Taganga y Santa Marta.

Juan Asís, de 69 años, quien antes pescaba pargos mar adentro, decidió embarcarse en el cultivo porque la pesca ha disminuido y se ha aguantado las verdes y las maduras porque ve futuro.

Así pudo comprobarlo, en octubre del año pasado, cuando estuvo junto con otros cuatro compañeros en una pasantía en Chile, donde el cultivo de ostiones es un negocio próspero. "Allá nos llevan como 19 años de ventaja, dos pescadores sacan mensualmente un millón de ostiones con 10 líneas, nosotros aquí estamos sacando como algunos 5.000 porque tenemos cuatro líneas", afirma.

"Esperamos que el Gobierno nos entreguen herramientas porque así podemos avanzar solos", dice este viejo lobo de mar que está esperanzado en que los que vengan detrás de él reciban más beneficios con este cultivo. Por lo pronto seguirán trabajando para recoger la cosecha de los ostiones que tienen sembrados.

Reto: ampliar actividad

El rector de la Universidad del Magdalena, Ruthber Escorcia, dijo que el reto ahora es implementar la infraestructura marina necesaria para que el cultivo de ostiones sea una actividad incluida en la economía de la región y de Colombia.

Lo hizo durante la socialización de los resultados de las dos fases de este proyecto, presentados recientemente ante representantes de las Agencias de Cooperación Internacional de Japón (JICA), Chile (AGCI) y Colombia (APC); y la Universidad Católica del Norte de Chile.

En este sentido, están trabajando en la tercera fase del proyecto, cuyo costo es de 1.900 millones de pesos, de los cuales 400 millones serían aportados por la Universidad del Magdalena, con sede en Santa Marta.

Además, la embajada de Japón designó a un experto de ese país para que durante dos años asesore a los profesionales de la Universidad del Magdalena en el mejoramiento de los procesos científicos y tecnológicos.

PAOLA BENJUMEA BRITO

CORRESPONSAL DE EL TIEMPO

SANTA MARTA