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Editorial: Más allá de un sucesor

Cuando hace unos días el Palacio de Miraflores, en Caracas, informó que el presidente Hugo Chávez viajaría a La Habana con el fin de someterse a varias sesiones de regeneración hiperbárica, los rumores en la capital venezolana se volvieron a disparar. Después de haber estado ausente de las noticias, el tema de la salud del líder de la Revolución Bolivariana regresó a los titulares y las conversaciones de la ciudadanía.

Las especulaciones terminaron el sábado, cuando en un discurso televisado el mandatario reveló que el cáncer que le fue diagnosticado a mediados del 2011 está de vuelta.Por tal motivo, ayer partió a la capital cubana con el fin de tener otra intervención quirúrgica, la cuarta desde que se supo de su enfermedad.

Aunque en el pasado Chávez se había mostrado optimista sobre sus posibilidades de superar sus quebrantos, en esta ocasión el tono fue bien diferente. En su intervención, designó al actual vicepresidente y canciller como su sucesor. "Mi opinión firme, plena como la luna llena, irrevocable, absoluta, total, es que en ese escenario que obligaría a convocar elecciones presidenciales ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente", señaló.

Al hacer esa designación, el excoronel se estaba refiriendo a lo que dispone la Constitución venezolana, que, en la eventualidad de una falta absoluta del jefe del Estado, obliga a convocar los comicios para escoger a su remplazo en un plazo de 30 días. Semejante eventualidad cambia por completo el escenario político en el país vecino, escasos dos meses después de que Chávez fue reelegido y una semana antes de los escrutinios regionales, en los cuales el oficialismo aspira a consolidar sus mayorías y arrebatarle a la oposición las gobernaciones en los estados de Miranda y Zulia.

Ahora surge una gran cantidad de interrogantes. El primero es cómo manejar el vacío de poder durante la convalecencia presidencial, pues asuntos como la marcha de la economía o la inseguridad ciudadana no dan espera. También está el punto de las lealtades, pues, a pesar del guiño a Maduro, hay facciones y antagonismos dentro del movimiento bolivariano.

Y, claro, hay que pensar en lo que puede venir si Chávez no sale avante en su tratamiento. Sin negar que el electorado puede verse inclinado a respaldar a su sucesor designado, no hay que olvidar el carisma de Henrique Capriles, quien sigue siendo la figura más atractiva de la oposición y que ayer le envió un mensaje conciliador a quien lo derrotó el 7 de octubre.

En el desenlace de esta historia va a ser determinante Nicolás Maduro, que de conductor de autobuses del metro de Caracas -o 'metrobusero'- y dirigente sindical pasó a ser el delfín del régimen. De temperamento más tranquilo que su jefe, a sus 49 años de edad tiene la posibilidad real de suceder a un mandatario que ajusta 14 años en el poder.

Lo que suceda al otro lado de la frontera no puede ser indiferente para Colombia. Aparte de las razones históricas y de los vínculos comerciales, es evidente que el gobierno chavista juega un importante papel en las conversaciones que se adelantan con las Farc, dada la influencia que ejerce sobre los principales cabecillas de la guerrilla. Si las negociaciones llegan a un punto difícil, Caracas ayudaría a resolver los impasses, pero eso puede cambiar ahora.

En un contexto más amplio, también hay que pensar en escenarios de posible inestabilidad en la nación hermana. Aunque en los últimos años las cosas no han sido fáciles, un vacío de poder puede convertirse en un dolor de cabeza mayúsculo de este lado de la línea limítrofe. En fin, hay mucho en juego si Hugo Chávez pierde la batalla que libra contra el cáncer.

editorial@eltiempo.com.co

Publicación
eltiempo.com
Sección
Opinión
Fecha de publicación
10 de diciembre de 2012
Autor
Editorial

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