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Consejos de Sadhu Johnston, un experto en estrategias ambientales

Aunque la ciudad tiene 27 por ciento más gente que en 1990, sus emisiones contaminantes son menores.

Los conceptos de Sadhu Johnston, de 37 años, contra el calentamiento global son los de un veterano estudioso. Sus ideas, en cambio, son las de un joven inquieto: novedosas y esperanzadoras. Desde hace tres años es el deputy city manager de Vancouver, algo así como el vicealcalde de esa ciudad costera canadiense, un cargo con el que se ha consolidado como un mago en estrategias ambientales. (Lea también: 'Objetivo contra el calentamiento, casi imposible').

Se le atribuye el éxito de haber reducido un 30 por ciento los índices de gases de efecto invernadero que tenía la ciudad en 1990 (y eso que la población ha aumentado en un 27 por ciento desde entonces).

Habla de usar el calor de las alcantarillas como calefacción para barrios enteros, de cemento que absorbe el esmog, de cultivar en los edificios e, incluso, de establecer en ellos panales de abejas para comercializar miel. Todo esto ya lo ha hecho, no solo en Vancouver, sino en Chicago, donde se desempeñó como jefe de la Oficina Ambiental, durante cuatro años.

A su paso por Bogotá para el evento ‘Ciudades y cambio climático’, celebrado esta semana, este experto graduado en Estudios Ambientales conversó con EL TIEMPO, entre otros temas, sobre cómo comenzar a ‘pintar’ de verde a Bogotá.

Ambientalistas y ONG acusan a los Estados de ser infractores ambientales. ¿Cómo evitar el divorcio entre ambos?

Como municipalidad, tenemos conflictos con el gobierno federal en ese sentido, y esos mismos desafíos son enfrentados en todo el mundo. Pero como gobierno trabajamos muy de cerca con las ONG ambientales para entender las prioridades y abordar los temas que nos proponen. En Bogotá ha habido liderazgo en cuanto a infraestructura de transporte, ciclorrutas, etc. Veo que el Gobierno está buscando alternativas.

Las emisiones de Colombia son irrisorias frente a las de Canadá. Aportamos menos del 0,1 por ciento para el fenómeno climático. Sin embargo, en un escenario de catástrofe nos tocaría la peor parte.

Cada tonelada de carbono cuenta. A pesar de que las emisiones de Colombia son menores que las de Canadá, EE. UU. o China, el país tiene que liderar la lucha climática. Aún tiene muchos vehículos contaminando, y vende combustibles fósiles. Todos podemos mostrar que existen alternativas. Las próximas generaciones de colombianos pueden ser líderes mundiales en esto.

De usted se habla como de un mago en estrategias ambientales. Enumere cinco que podríamos adoptar en nuestras ciudades.

La primera son los edificios ecológicos. Cada nuevo edifico debería ser construido con eficiencia energética, con lugares para cultivar. En la Alcaldía (de Vancouver) tenemos colmenas y un jardín comunitario en donde la gente puede cultivar. Además, hay que hacer reorganizaciones energéticas en los edificios que ya existen. Lo segundo es reducir las emisiones de los vehículos de transporte oficial. Puede hacerse comprando carros eléctricos. Lo otro es pensar en el resto de la infraestructura como oportunidades ambientales: calles, andenes, semáforos... En Chicago usamos cemento fotocatalítico, que tiene un aditivo químico que absorbe el esmog para mantenerse blanco; y si hay una calle blanca, necesitamos menos iluminación, menos consumo energético. Es muy emocionante repensar cómo podemos reconstruir.

Lo cuarto es usar nuestros recursos para permitir que las ONG y grupos ambientalistas puedan liderar. En Vancouver tenemos mucha tierra sin uso, al lado de las calles, por ejemplo. Nosotros les permitimos que en esas áreas ellos monten jardines y cultivos comunitarios. Hay que empoderar a la comunidad.

Lo último es que la ciudad utilice su poder de gestión y compra en impulsar la innovación y las economías locales. Bogotá, Vancouver o Chicago gastan miles de millones cada año en papelería, por ejemplo. En Vancouver, el papel que compramos es ciento por ciento papel reciclado. Gastamos un poco más de dinero, pero eso significa que ahora hay un mercado, un incentivo para reciclar porque alguien esta comprando ese papel. Lo mismo pasa con los alimentos... compramos alimentos de cultivos locales.

Aquí se ha empezado tímidamente a hablar del pago por servicios ambientales. ¿Qué opina de que una comunidad le pague a un campesino para que no cultive o no meta vacas cerca de una fuente de agua y así se garantice ese recurso?

Desde mi perspectiva, el ambiente ha sido un fenómeno externo durante mucho tiempo. Si usted piensa en el costo de hacer negocios –ya sea la contaminación del aire o del agua–, se percibe como algo externo, no como algo que esté en el modelo económico, y eso está mal. Creo que debemos explorar nuevos modelos financieros para abordar estos desafíos. Nosotros hemos encontrado que la innovación es muy importante.

Pero, ¿cobrar en un país como este, donde más de la mitad de la población es pobre?

Hay diferentes modelos. Colombia tiene grandísimas áreas de selva tropical, yo pienso que países mas ricos deberían pagar por la preservación de esos recursos. También me gusta ver que las empresas paguen por el carbono que emiten. Nosotros tenemos un impuesto sobre el carbono: 25 dólares por tonelada. (Lea también la nota: Con biogás, Bogotá combate calentamiento global).

¿Está de acuerdo con iniciativas como la de Ecuador, de recibir una compensación internacional de 3.600 millones de dólares por evitar la explotación de unos 850 millones de barriles de crudo en la reserva amazónica del Yasuní?

Creo que estamos en una situación de crisis a nivel global y debemos explorar todas nuestras opciones para preservar recursos. Debemos encontrar maneras. Lo de Ecuador debería ser explorado.

¿Es posible que aumente la economía pero que baje la contaminación?

Nosotros hemos demostrado que se puede ver crecer la población y generar más empleo –en Vancouver la oferta laboral creció en un 19 por ciento–, al tiempo que se reducen las emisiones de carbono. Una de las estrategias claves es desarrollar comunidades compactas. Que la gente no tenga que manejar tanto para ir a la tienda, para ir al trabajo.

¿Qué tan efectivo es sembrar árboles?

Sí, hay que sembrar árboles, pero hay que cambiar de mentalidad. No es sembrar un árbol aquí y otro allá. Hay que pensar en bosques, en ecosistemas que presten servicios ambientales. Un ejemplo: establecer qué parte de la ciudad es la más caliente y concebir allí un bosque... eso puede enfriar esas partes. En lugar de plantar un árbol bonito, estamos pensando en plantar árboles que den frutos, para que los niños puedan recolectarlos y puedan preservarlos y venderlos... para ganar dinero en su comunidad.

¿Cuál es el primer paso que debe dar una ciudad para caminar hacia la sostenibilidad y cuál es el paso que no debería dar nunca?

Una ciudad debe dar ejemplo: si una ciudad les dice a sus habitantes que no usen el carro, el alcalde debe ir en bicicleta. El alcalde de Vancouver va en bicicleta por todo lado, así esté diluviando. Mostrar a los residentes que sí se puede. Lo que no debe hacerse es green washing (ver recuadro), es decir, esa práctica de querer mostrarse ambiental cuando en realidad no se es.

‘Green washing’, práctica frustrante

Para Sadhu Johnston, más que la actitud hostil del ciudadano contra el ambiente, le preocupa esa tendencia mundial de las empresas por el ‘green washing’, es decir, por mostrarse ambientales como mera estrategia comercial. “Es frustrante”, dice.

Andrés Rosales García
Redacción Domingo

Publicación
eltiempo.com
Sección
Medio ambiente
Fecha de publicación
3 de diciembre de 2012
Autor
Andrés Rosales García

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