Cerrar

Publicidad

Últimas Noticias de Colombia y el Mundo - ELTIEMPO.COM

Últimas Noticias

Ver más últimas noticias

Patrocinado por:

Editorial: Palestina, miembro observador

La histórica votación en la Asamblea General de las Naciones Unidas que confirió a Palestina el estatus de Estado no miembro constituye un intento por remover con pólvora diplomática una situación de hecho que no parece avanzar, sino que más bien se estanca y se agudiza, a juzgar por los últimos enfrentamientos en Gaza entre radicales palestinos y el Ejército israelí.

El jueves pasado, 139 países votaron a favor de otorgar a Palestina una condición jurídica similar a la del Vaticano, 9 se opusieron -entre ellos Israel y Estados Unidos- y 41, incluida Colombia, se abstuvieron.

La medida produjo manifestaciones de alegría masiva en las ciudades de los territorios de Gaza y Cisjordania, controlados por grupos políticos rivales, a quienes ha unido la celebración, al menos momentáneamente.

La votación fue algo inferior a la que esperaba la propia Palestina, pero constituye una muestra aplastante de la impaciencia de unos países que no ven progresos en el Oriente Próximo, y el sentido de la justicia de otros, que creen que aquella y su población merecen un reconocimiento como Estado. Sin embargo, el acto no la considera miembro de pleno derecho de la corporación, paso que solo el Consejo de Seguridad puede dar y que Estados Unidos impedirá con su derecho al veto, como quedó demostrado en septiembre del 2011.

Aun así, el grado de Estado observador reporta efectos jurídicos importantes para Palestina. Por ejemplo, podrá ingresar a instituciones especializadas de la ONU y estará en capacidad de vincularse a la Corte Penal Internacional (CPI) y pedir que se investiguen ciertos crímenes que caen bajo la jurisdicción de este tribunal. Uno de los temores de los amigos de Israel, justamente, es que Palestina abra un campo de conflictos en la CPI. Desde hace un año, esta es miembro pleno de la Unesco, agencia cultural de las Naciones Unidas.

La decisión representa un triunfo para Palestina, pero, sobre todo, implica una derrota para Estados Unidos e Israel, cuya posición ha sido la de dirimir el enfrentamiento entre los dos países a través de acuerdos bilaterales o trilaterales. La reacción de Estados Unidos podría ser la de suspender el pago de sus contribuciones a la ONU y congelar las ayudas a Palestina. Canadá, aliada de Washington, amenaza con cerrar las oficinas de la Autoridad Palestina en Ottawa.

A su turno, Israel autorizó, como retaliación, la apertura de nuevos asentamientos en territorios palestinos, uno de los principales factores del conflicto, mientras su embajador ante las Naciones Unidas proclamaba que "ninguna decisión de esta asamblea puede romper los 4.000 años de nexos entre el pueblo israelí y la tierra de Israel". Pero es que no se trata de eso. Considerar que cualquier reconocimiento a los palestinos es un agravio o una deslegitimación de Israel ha sido uno de los ingredientes más nocivos de esta interminable lucha. En cambio, resulta un engaño a la realidad el intento de "invisibilizar" -como se dice ahora- la tozuda presencia de una nación de 10 millones de personas, la mitad de las cuales habita el territorio reconocido como suyo, pero jurídicamente degradado y militarmente cercado.

Si es condenable la violencia terrorista a la cual han acudido en numerosas ocasiones las agrupaciones que reivindican la independencia palestina, hay que aceptar entonces que sus autoridades procuren los beneficios del juego diplomático. La votación de la semana pasada es uno de esos episodios. Pensemos que, en vez de un retroceso, la decisión de la ONU podría abrir, a la larga, nuevos escenarios a favor del diálogo y la paz.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Opinión
Fecha de publicación
2 de diciembre de 2012
Autor
Editorial

Publicidad

Paute aqu�

Publicidad