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Ocho cardenales colombianos entre el poder y la gloria

Han logrado gran influencia en la vida nacional. El escándalo ha sido la cruz de algunos.

Los cardenales colombianos han dado mucho más que sermones. Con la posesión de Rubén Salazar, de 70 años, mañana en Roma, el país completa ocho purpurados en el Vaticano, que les han hablado al oído a los papas e influenciado los rumbos de la Iglesia católica.

Unos más que otros, han trascendido de los altares para hacerse oír en la política y en otros asuntos de la vida nacional.

Admirados y odiados. Así han sido nuestros jerarcas.

Los tiempos han cambiado y ya no los rodea la ostentación principesca de antaño, cuando se hizo famosa la frase bocatto di cardinale para hablar de los manjares escogidos que conformaban su dieta y del ambiente cortesano que los rodeaba.

"Los que recuerdan la pompa del primer cardenal (Crisanto Luque Sánchez) -apunta el periodista Javier Darío Restrepo, estudioso del tema religioso-, sienten el contraste cuando ven a Salazar". Sí, al nuevo cardenal le disgustan el protocolo y la ostentación. Es un hombre sencillo y poco vanidoso. Y evita la vida social y los cocteles.

También considera que el estilo cardenalicio ha cambiado en cuanto a la política. "Desde los tiempos en que iba del brazo con el partido Conservador e intervenía en los asuntos políticos, la Iglesia ahora ha adquirido un perfil más social". Por el camino -cuenta- quedaron símbolos de poder, pactos y alianzas.

En tiempos de la designación del primer cardenal colombiano (Luque) su escogencia fue una sorpresa, pues no pertenecía a ninguna familia de abolengo, como era tradición. Oriundo de una vereda de Tenjo (Cundinamarca), fue un sacerdote preparado, pero no estudió en Roma como la mayoría de obispos de la elite.

"No era camandulero. Era dueño de una devoción seria y muy varonil". Así lo describe monseñor Guillermo Agudelo, presidente de la Academia de Historia Eclesiástica y autor del grueso volumen Los arzobispos de Bogotá. Agudelo, ordenado por Luque como sacerdote, recuerda que él fue el gestor de la Acción Cultural Popular (Acpo) que dio origen a la creación de Radio Sutatenza, considerada el gran hito de la educación en el país, modelo que fue replicado en África y premiado por Naciones Unidas.

Sabía reclutar a sacerdotes talentosos y los mandaba a prepararse a Europa. Entre estos, a uno en particular: a Camilo Torres, que más adelante se convertiría en guerrillero. "Si no se hubiera muerto, el cardenal Luque no hubiera dejado torcer a Camilo", dice Agudelo.

Pero esa cruz, la de Camilo Torres, la tuvo que cargar su sucesor, Luis Concha Córdoba, hijo del presidente de Colombia José Vicente Concha.

Formado en Italia y Francia (fue uno de los 12 cardenales más influyentes de la época) tuvo que lidiar con el escándalo del cura guerrillero y con el surgimiento de la llamada Teología de la Liberación, producto del Concilio Vaticano II, que dio origen a la gran reforma del catolicismo; reforma con la que, se dice, Concha no comulgaba, pues era una persona de estilo tradicional.

El siguiente fue Aníbal Muñoz Duque. En su libro sobre los 100 años de la Conferencia Episcopal, monseñor Fabián Marulanda, exsecretario del Episcopado, cuenta cómo tuvo que enfrentar una gran dimisión de sacerdotes inconformes con las propuestas del Concilio Vaticano II e, incluso, con el celibato.

Javier Darío Restrepo evoca el episodio en la administración eclesiástica de Muñoz Duque, cuando muchos curas en Bogotá, Medellín y Cali tomaron posición a favor de los pobres afectados por las medidas tributarias del gobierno de Lleras Restrepo, del que, se comentaba, era muy cercano. "El cardenal creyó hallarse ante una 'marea roja' en el clero".

A Muñoz lo recuerdan también porque no paraba de trabajar (en los 17 años como arzobispo de Bogotá nunca tomó vacaciones) y porque multiplicó las iglesias y los colegios parroquiales en Bogotá.
Sus prédicas eran complejas y largas. Hacía misas de dos o tres horas. Y la prensa de la época lo tildó de derechista y lo criticó por sus posturas rígidas.

Su sucesor, Alfonso López Trujillo, es sin duda el más controversial de todos. Y también el que más cerca estuvo de llegar a ser papa (en teoría todo cardenal podría serlo) gracias a sus relaciones de poder en el Vaticano, a su cercanía con Juan Pablo II y a su cargo como presidente, desde 1990 hasta su fallecimiento en el 2008, del Pontificio Consejo para la Familia.

Las polémicas de López

Famoso por su estilo conservador y por sus posturas innegociables, este tolimense se enfrentó con uñas y dientes contra el aborto y aseguró que el condón no era seguro para evitar el embarazo ni las enfermedades de transmisión sexual.

"Dirijo un pensamiento afectuoso al querido cardenal Alfonso López Trujillo, quien dirigió el dicasterio a su cargo con pasión y competencia", dijo Benedicto XVI cuando su salud se complicaba.

Un paisano suyo, el periodista Hernando Salazar, le siguió los pasos por años y publicó el libro La guerra secreta del cardenal López Trujillo. "Era inteligente, pero oscuro. Persiguió implacablemente a muchos sacerdotes, monjas, teólogos y laicos con los que él no estaba de acuerdo. Esos métodos no son dignos de alguien que se hace llamar pastor -expresa-. Creo que quería ser papa, pero graduó a muchos enemigos en el camino y eso terminó por minar sus aspiraciones".

Salazar también lo tilda de cobarde frente a la mafia. "Mientras era duro con los curas de la Teología de la Liberación, era genérico y gaseoso frente a los mafiosos, a los que nunca denunció con nombre propio".

El siguiente purpurado fue Mario Revollo Bravo, hombre tranquilo que no dio mucho qué hablar. Conocido por su fragor mediático, insistió en el papel evangelizador de los medios de comunicación y preparó la visita del papa Juan Pablo II, en 1986.

El antioqueño Darío Castrillón Hoyos, hoy en el retiro,también llegó a ocupar un alto cargo en la Santa Sede como prefecto para la Congregación del Clero, uno de los despachos vaticanos más importantes, que se encarga de enrutar a los sacerdotes de todo el mundo. Su nombre sonó para heredar el trono de Juan Pablo II.

El exembajador en el Vaticano César Mauricio Velásquez, que escribió un libro sobre él, lo describe: "No tenía pelos en la lengua para hablar de Dios y denunciar injusticias. Intelectual de peso, políglota, influyente en la iglesia mundial por su lealtad, formación y compromiso".

Pero parte de sus 60 años de vida religiosa han estado rodeados de escándalos, al punto de ser señalado de encubrir a sacerdotes pederastas. "Me complace tener un colega en el episcopado que (...) prefirió la prisión a denunciar a su hijo y sacerdote", decía una carta, firmada por él, en defensa del obispo Pierre Pican, condenado en Francia por negarse a reportar a un sacerdote bajo su mando, que abusó de 11 niños.

En el 2009, se le responsabilizó de aconsejar a Benedicto XVI que levantara la excomunión al lefebvrista Richard Williamson, famoso porque negó la existencia del holocausto judío, un gesto que el mundo le ha reprobado con dureza a la Iglesia.

Y en febrero de este año volvió a sonar, porque le entregó al Papa una carta sobre un supuesto complot para asesinarlo, que terminó convertida en un mal chiste. Hoy, vive en Roma y colabora con el Vaticano.

Monseñor Pedro Rubiano es recordado por crear el Banco de Alimentos de Bogotá, al igual que la Comisión Nacional de Conciliación, y por afrontar con seriedad y gallardía la quiebra de la Caja Vocacional, luego de lo cual respondió con los bienes de la Iglesia para devolver hasta el último peso a los ahorradores, en 1986.

También es célebre por sus intervenciones en política. Fue quien acuñó, en pleno escándalo del proceso 8.000, la frase de que el Presidente no vio el "elefante en la sala de la casa", a propósito de la señalada financiación de la campaña de Ernesto Samper a la Presidencia, por la mafia. Luego fue vivamente rechazada su orden de colocar púas metálicas en la catedral de Bogotá, que causaron una mortandad de palomas.

Hoy, Rubiano, de 80 años, goza de la jubilación y vive fuera del país. Sus colaboradores se ocupan de que los periodistas no lo aborden cuando viene al país, pues él constantemente quiere hablar. Siempre ha dicho, con razón, que un cardenal no está solo para dar misa.

Monseñor Salazar frente al tema del aborto

En vísperas de su posesión como cardenal aclara sus palabras a maría isabel rueda

Desde Roma, monseñor Rubén Salazar envió un comunicado con "aclaraciones y precisiones para corregir cualquier ambigüedad a las que hayan dado lugar" entrevistas como la que dio la periodista María Isabel Rueda en EL TIEMPO: "El aborto es un crimen abominable y su despenalización no es aceptable en ningún caso, tampoco es posible considerarlo un derecho". En la entrevista dijo: "Cuando el aborto se despenalizó en esos tres casos concretos, yo dije: está bien". Sobre su declaración de que el embrión es "un ser humano en potencia", corrigió: "...el embrión humano tiene vida propia desde el mismo momento de su concepción".

 

Publicación
eltiempo.com
Sección
Fecha de publicación
23 de noviembre de 2012
Autor
José Alberto Mojica Patiño Redacción Vida de Hoy

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