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Tres historias de cocina sin límites

Personas que creen y viven la magia de la cocina como poder transformador.

Me he encontrado con tres historias de vida de envidiable elocuencia. Tres historias que insisten en la magia de la cocina como desbordado poder transformador.

Para no alargar la cosa, la Escuela de Gastronomía Mariano Moreno lanzó en el 2010 un programa de acompañamiento para personas con gusto, convicción y pasión por los fogones, quienes, además, tienen algún tipo de Necesidad Educativa Especial (NEE). Hombres y mujeres a quienes, básicamente, les han dicho en otros institutos que no pueden estudiar por cuenta de sus propios interferentes para aprender.

Son tres entusiastas cocineros que pudieron desarrollarse -y ser felices- gracias a este programa de inclusión educativa que ha tenido la gran idea de cuadrar todo según el ritmo, las capacidades y las necesidades particulares de cada cual.

Para estos casos de increíble superación, vale la pena recordar esta simple y fundamental reflexión del chef madrileño Paco Roncero: "El amor que sentimos por la cocina es lo que nos motiva a hacer cosas y a evolucionar, siempre con coherencia, que es algo que muchos han perdido por el camino".

Hoy, estos tres maravillosos seres humanos lograron obtener su certificación como Técnicos Laborales por Competencias en el Programa de NEE. Y no se salen del camino. Ahora solo falta quién les dé trabajo.

María Cecilia Alvarado

"Si no fuera por la cocina, no sería nadie", dice. Nació en Bogotá hace 59 años, cursó hasta tercero de primaria por presentar dificultades de aprendizaje relacionadas con una discapacidad cognitiva. Aunque sabía de su dificultad para leer y escribir, siempre fue consciente de su pasión por cocinar y de su deseo por superarse, precisamente por lo cual solicitó ingreso a la Escuela en febrero del 2010. Recibió y sigue recibiendo apoyo pedagógico y psicológico, así como el acompañamiento de tutores (estudiantes del programa de últimos semestres), quienes conjuntamente con los docentes han apostado por un sueño y han confiado en su potencial. 'Ceci', como la llaman, se acaba de certificar en septiembre del 2012 y alcanzó una meta que se planteó casi desde niña: "Haber salido adelante con una carrera a pesar de todos los tropiezos, las dificultades y lo que me decía la gente". Hoy espera trabajar como pastelera haciendo su torta preferida, "Selva Negra". ¡Y ojo!, sus empanadas ya son todo un mito en la escuela.

Víctor Andrés Zambrano

"Estoy enamorado de la cocina porque con ella siento una electricidad que corre mi cuerpo", dice. Inició su formación como Cocinero Pastelero en febrero del 2011, luego de haber cursado un semestre de Licenciatura en Música. Su gusto por la ciencia, la biología y el arte lo llevaron a comprender que su verdadera vocación era la cocina. Ahora, en su trabajo de grado está combinando técnicas de vanguardia con cocina típica colombiana. Aunque ha sido diagnosticado con Síndrome de Asperger, sus capacidades intelectuales y su deseo de vivir a fondo la experiencia de la gastronomía le han permitido alcanzar sus objetivos académicos. Con apoyo y confianza en sus posibilidades, ha logrado desenvolverse entre las cocinas de forma autónoma y al ritmo del grupo al que pertenece, pero especialmente entre sus compañeros, con quienes ha podido trabajar en equipo de forma eficiente. Difícilmente hay quien lo iguale en la precisión de los cortes y en la delicadeza a la hora de la presentación de los platos. Sus versiones de clásicos colombianos son sorprendentes y sus ensaladas son sencillamente de imitar.

Juan Pablo Galán

"Cuando mezclo todos lo ingredientes siento que el corazón se me quiere salir", dice. Tiene 26 años y ha sido diagnosticado con el Síndrome de Tourette. Se certificó en el año 2009 del programa de Cocinero Pastelero, luego de haber empezado a estudiar Historia en una universidad en la que no sintió haber encontrado su lugar.En la "Sucursal de Cielo", como se refiere a su Escuela de Gastronomía (donde sigue yendo), tuvo la oportunidad de encontrar su vocación en el área de la pastelería. Orgullosamente se reconoce como el pionero de lo que ahora es el programa de certificación de estudiantes con Necesidades Educativas Especiales. Su paso por la Escuela le permitió al equipo interdisciplinario reconocer y formular estrategias de enseñanza con el fin de desarrollar las competencias requeridas para trabajar en el mundo de la cocina. Actualmente tiene una pequeña microempresa de brownies "hechos con amor" (ese es su eslogan), los cuales son, definitivamente, muy sabrosos y elaborados con la precisión que solo una mente como la suya puede lograr. Por eso el resultado.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
1 de noviembre de 2012
Autor
Mauricio Silva G.

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