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El triste final de Christian Aguilar

Esta semana identificaron los restos del joven colombiano, que habría sido asesinado por compañero.

"Esta semana va a ser durísima", fueron las últimas palabras que Christian Aguilar le dijo a su mamá, Claudia, antes de volver a Gainesville, en la Florida, tras haber pasado su último fin de semana vivo, en Miami, al lado de su familia.

Estaba ansioso porque iba a tener muchos exámenes en su recién comenzada carrera de Ingeniería Biomédica, en la Universidad de la Florida (UF), en Gainesville, a 540 kilómetros al norte de Miami; sus palabras, irónicamente, resultaron premonitorias: el jueves de esa semana, el 20 de septiembre, Christian desapareció y sus restos fueron encontrados 23 días después.

La historia de Christian Aguilar podría ser la de cualquier hijo de inmigrantes. Sus padres, Carlos y Claudia, dos caleños profesionales, decidieron probar suerte en Estados Unidos, primero en Nueva York y Nueva Jersey, y finalmente en Miami, donde nacieron sus dos hijos: Christian, que cumpliría 19 años el 16 de noviembre, y Alexánder, de 16. Ambos jovencitos se consagraron al estudio y a los deportes, y le tenían un enorme cariño a Colombia.

Hincha del América y de la Selección Colombia, Christian se había graduado con honores del colegio, en mayo pasado, y debido a sus méritos académicos había sido admitido con una beca en UF, donde se presentaron 9.000 estudiantes para diversas carreras y solo fueron admitidos 900. "Él había pasado aquí, en Miami, en la Universidad Internacional de la Florida (FIU). Nosotros queríamos que se quedara, pero él nos convenció de que el currículo de UF era mejor", le dijo Carlos Aguilar a EL TIEMPO.

Christian estaba feliz. Hacía poco había empezado a salir con Érika, una compañera de colegio que también estaba empezando su carrera en Gainesville, pero en otra institución. A principios de año, ella había terminado una relación con Pedro Bravo, otro compañero de colegio de ambos, pero que, señala Carlos, nunca fue amigo de su hijo, al contrario de lo que se ha dicho en los medios de comunicación.

Su última semana de vida

El fin de semana anterior a su desaparición, Christian viajó a Miami. Sus papás le compraron ropa y otras cosas que le hacían falta para su estancia en los dormitorios de la universidad. Aprovechó para comer bandeja paisa, su plato favorito, y fue a visitar a sus dos abuelas, ambas residentes en Miami. "Fue como si se estuviera despidiendo de todos", dice su papá.

Desde que Christian se había ido a la universidad, tenía un pacto inviolable con sus padres: debía comunicarse con ellos al menos una vez al día. Dice Claudia que era un acuerdo que Christian se tomaba con humor: "Mami, te voy a llamar y solo te voy a dejar oír mi respiración para que sepas que estoy vivo", le decía el muchacho.

La última vez que Claudia supo de su hijo fue ese jueves, 20 de septiembre, a las 6 y 40 de la tarde. Christian le dijo que, en la universidad, le acaban de poner una vacuna contra la gripa y que era gratuita.

Según las autoridades, esa noche una cámara de vigilancia de una tienda de artículos electrónicos registró la salida del lugar de Christian y Pedro Bravo.

El viernes, a las 9:20 de la mañana, Claudia recibió una llamada en su trabajo. Era Érika, la jovencita que estaba saliendo con su hijo; quería saber si Claudia conocía el paradero de su hijo, porque la noche anterior habían quedado de comer juntos y él nunca había aparecido. Inmediatamente, Claudia llamó a su esposo y se fueron a Gainesville a buscarlo. Al principio, las autoridades no fueron muy receptivas y les dijeron que tenían que esperar entre 48 y 72 horas para empezar la búsqueda.

"Las autoridades no salieron a buscarlo y nos pusieron obstáculos para que nosotros iniciáramos la búsqueda. Nos metieron miedo: dijeron que si entrábamos en propiedad privada seríamos arrestados", afirma Carlos.

Fue entonces cuando el papá de Christian decidió involucrar a los medios y con ello vinieron las movilizaciones masivas de voluntarios de Miami y Orlando. Todos tenían el mismo objetivo: encontrar a Christian. Sin embargo, según Carlos, al principio hubo mucha insensibilidad por parte de la universidad y de los estudiantes.

Poco después, los consulados de Colombia en Miami y Orlando, congresistas y hasta el gobernador de la Florida, Rick Scott, empezaron a preocuparse por el caso, al punto de que Scott se unió a las búsquedas.

"Vi una solidaridad increíble. El Alcalde de Sweetwater, una pequeña ciudad del condado Miami en la que ni siquiera vivo, puso todos sus recursos; él mismo fue a ayudarme a buscar a mi hijo", sostiene Carlos.

La búsqueda cesó el 12 de octubre, cuando dos cazadores encontraron, en un club privado de caza en el condado Levy -a 97 kilómetros de Gainesville-, un cuerpo en estado de descomposición que tenía la ropa que llevaba Christian el día de su desaparición: saco aguamarina,  jeans  y tenis marca Vans.

La relación con Pedro Bravo

Según Carlos, Pedro Bravo no era más que un compañero de colegio de su hijo. Por Christian había sabido que Pedro había pedido transferencia tres semanas atrás de una universidad de Miami al mismo  college  en el que estaba su exnovia Érika, en Gainesville. Christian le había dicho a su papá que no sentía que debía darle explicaciones a Pedro por empezar a salir con Érika: él no había sido la causa de la ruptura y su relación con ella había empezado mucho tiempo después.

¿Pero por qué estaban juntos esa noche? "Días antes de que desapareciera, mi hijo me contó que amigos en común le habían dicho que Pedro Bravo estaba muy deprimido y que, como ambos eran de Miami, que tratara de ver qué le pasaba. Eso sí, le recomendé que si se iba a ver con él, que lo hiciera en un lugar público".

Tras la desaparición de Christian, Bravo fue interrogado y confesó que había tenido una discusión con él en su carro, que lo había golpeado y dejado inconsciente en un parqueadero, por lo que inicialmente se le hicieron cargos por no darle asistencia médica a un herido.

Cuando las autoridades fueron al lugar, no encontraron a Christian por ninguna parte. Fue por esto que sus padres le pidieron públicamente a Pedro Bravo que señalara el lugar donde lo había dejado, pero no obtuvieron respuesta. Posteriormente, se encontró la mochila de Christian en el apartamento de Bravo y sangre del muchacho en su carro.

En este momento, Pedro Bravo está en la cárcel y enfrenta cargos por secuestro y homicidio en primer grado; además, está siendo monitoreado para evitar que se suicide.

"No entiendo cómo es que los papás de Pedro no se dieron cuenta de lo que estaba pasando con su hijo. Nosotros esperamos que haya justicia. Una persona que cometió un crimen tan atroz, no puede salir libre; ha sido demasiado frío e insensible", dice Carlos.

Una excompañera de colegio de ambos jóvenes también fue interrogada por la Policía, después de escribir en las redes sociales que apoyaba a Bravo. Sin embargo, fue exonerada de cualquier cargo.

Visas a la familia

Los Aguilar quieren que a su hijo no se lo recuerde por la tragedia que terminó con su corta vida, sino por lo feliz e intensa que fue su existencia. Para honrar su memoria van a trabajar en la creación de un grupo de búsqueda con perros amaestrados, sin ánimo de lucro, que les permita ayudar a quienes se les ha perdido un ser querido.

"También hay que promover un cambio en las leyes -agrega Carlos-. Hay muchos tecnicismos que obstaculizan todo el proceso de búsqueda". 

Mientras tanto, la familia está a la espera de que la embajada de Estados Unidos en Bogotá les otorgue visas humanitarias a las dos hermanas de Claudia, que viven en Cali y Cartago, y que ya fueron negadas. "Hablé con la canciller María Ángela Holguín, el martes en Orlando, y me dijo que iba a tratar de ayudarnos, pues realmente para Claudia sus hermanas serían un gran apoyo", comenta Carlos.

Adicionalmente, la familia está esperando que se haga la autopsia, lo cual podría tardar hasta dos semanas, para poder sepultar a su hijo y así empezar a lidiar con el dolor de estar sin él. "Le prometí a mi hijo que iba a ser fuerte e iba a dejar de llorar si lo encontrábamos. Hacerlo ha sido un milagro posible gracias a las oraciones de tanta gente que ni siquiera nos conoce y a las cuales les estaremos eternamente agradecidos; en nuestros corazones no hay espacio para el odio, solamente para el dolor", dijo Claudia.

Ana María Jaramillo
Para el TIEMPO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Mundo
Fecha de publicación
20 de octubre de 2012
Autor
Ana María Jaramillo Para el TIEMPO

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