Cerrar

Publicidad

Últimas Noticias de Colombia y el Mundo - ELTIEMPO.COM

Últimas Noticias

Ver más últimas noticias

Patrocinado por:

La importancia de las personas

A pesar de los recientes desarrollos favorables, la enfermedad de Santos no solamente suscita preocupación, simpatía y solidaridad con él y su familia. Obliga adicionalmente a reflexionar sobre la continuidad de las políticas. Nadie es indispensable, pero solamente Santos puede llevar a cabo lo que Santos ha emprendido.

Colombia ha tomado con él un rumbo diferente al que llevaba. Se ha comprobado que los colombianos no valoran tanto la seguridad como la paz. Y por primera vez en la historia reciente un gobierno ha emprendido de buena fe programas y políticas orientados a pagar deudas sociales que estaban pendientes con las víctimas de la violencia, con los desposeídos y con sectores tradicionalmente marginados de la población. Su iniciativa de paz ha recibido un amplísimo respaldo, aun de los que mantienen un grado de escepticismo sobre las intenciones de la guerrilla y su voluntad de paz.

Generalmente se da por hecho que el que está al frente de las reformas va a permanecer al frente, y solamente se percibe todo el valor de esa gestión cuando por circunstancias desafortunadas como las actuales surgen dudas o angustia sobre la continuidad. Seguramente muchos colombianos están percibiendo esto mismo, y el aumento considerable de la popularidad del Presidente que ya reflejaban las encuestas va a recibir un nuevo impulso por la simpatía y la incertidumbre que ha producido su enfermedad.
Dicen que las personas no son importantes sino que lo son las instituciones. Pero ellas dependen de sus líderes y ellos pueden actuar a favor de la institucionalidad o en contra de ella. Es claro entonces que los líderes son muy importantes, pues son los que definen el rumbo que toman las instituciones. A diferencia de lo que se ha dicho para el caso de la Presidencia, la institucionalidad y el buen devenir de la rama judicial y de las entidades de control, especialmente la Procuraduría, dependen de que no continúe al frente de esta entidad el actual Procurador, porque está dando muy mal ejemplo.

La percepción que se tiene, y que Ordóñez no ha hecho esfuerzo alguno para disipar, es que él parece utilizar el poder que le confiere su cargo para hacerse reelegir, y que no le da pena hacerlo. Tiene o ha tenido empleadas a personas cercanas a quienes lo han nominado y a quienes tendrían que votar a su favor. Un senador dijo públicamente que su señora se retiraba de la Procuraduría para no incurrir en conflicto de intereses, y que este era uno de los sacrificios que exige una vida pública, pero lo cierto es que la renuncia de su señora a un cargo en la Procuraduría no lo exime de la inhabilidad que debería impedirle votar por el doctor Ordóñez a la hora de su elección.

Como él, debe de haber muchos otros congresistas inventando argumentos para poder votar por él, por favores recibidos. Este comportamiento, que en los medios religiosos se conoce con el nombre de simonía, es muy nocivo para las instituciones y sería razón suficiente para descalificar la reelección del Procurador, por practicar una variante extrema de clientelismo. Pero no es la única razón.

No parece correcto tampoco que el Procurador haya utilizado su cargo para imponer vigorosamente sus puntos de vista en materia religiosa o para limitar los derechos de las mujeres y de algunas minorías.

Circula un correo electrónico que permite que las personas que se oponen a la reelección del Procurador se sumen a una campaña de protesta (http://vozpublica.org). Creo que vale la pena hacerlo, porque su proceder suscita un gran temor de que las agencias de control y los jueces se conviertan en inquisidores. Comienzan imponiendo sus convicciones o limitando la libertad de las personas y terminan quemando gente en plazas públicas.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Opinión
Fecha de publicación
4 de octubre de 2012
Autor
Rudolf Hommes

Publicidad

Paute aqu�

Publicidad