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De Bebeto y Romario a Falcao y Teo (opinión)

Pocas veces un campeón es tan poco agraciado como aquel Brasil de Parreira que levantó la Copa del Mundo de 1994. Era como bailar con la hermana. Para peor ganó la final por penales tras un intragable 0 a 0 con una Italia gris y diezmada que incluso debió apelar en ese cotejo a Franco Baresi, caso único en la historia: jugó los dos primeros partidos del Mundial, se rompió un menisco, lo operaron y reapareció 24 días después en la final siendo la figura estelar de esa tarde tórrida en el Rose Bowl.

Si algo confería a aquel Brasil un aire de picardía, de mínimo desparpajo y audacia era su dupla delantera: Bebeto y Romario. Bajos y técnicos los dos, veloz y escurridizo el primero, hábil e implacable en el área el segundo. En menos palabras: vivaz el uno, genial definidor el otro.

Quedaron en el recuerdo. Por lo que jugaban individualmente y por lo que se potenciaban actuando juntos. Hubo, antes, otras delanteras que alinearon a verdaderos fenómenos, pero no funcionaban como dúo. O no brillaban como tal. Sotil y Cubillas fueron dos artistas peruanos inolvidables, pero no eran Gardel y Le Pera, músico sublime y letrista genial que, además, sintonizaban la misma onda.

Tanto Bebeto como Romario marcaron 55 goles cada uno en la Selecao. Muchos de ellos en tardes de gloria compartida. En seguida vinieron Salas y Zamorano para felicidad de Chile. Salas era el Romario de la yunta, verdugo tremendo; Iván el Bebeto que abría brechas. Juntos anotaron 23 veces en la Eliminatoria de 1998.

Recientemente aparecieron Forlán y Suárez, inteligentísimo Diego, pícaro y combativo Luis. Hicieron sonreír a Uruguay en la Eliminatoria pasada, en el Mundial de Sudáfrica y siguen dando dolores de cabeza a los rivales. Forlán lleva 33 gritos de selección, Suárez 28. Lo extraño: ninguno de los dos es de área, pero cuando la bola sale hacia adelante y uno la tiene, el otro pica porque sabe que algo bueno puede suceder.

Hubo algunas duplas más. Delgado y Kaviedes fue una sociedad cuya eficacia le dio a Ecuador el pasaje a dos Mundiales. El Tin, potencia y oportunismo, convirtió 31 goles para la Tri; Kaviedes, todo talento y sagacidad, 16. Cuando el binomio se extinguió, Ecuador no pudo repetir la clasificación.

Argentina tuvo un ala sensacional, Bochini y Bertoni. Pelé y Coutinho made in Avellaneda. El arte de la pared y del fútbol profundo, virtuosos del "tomala a vos, damela a mí". Lastimosamente, a Menotti no le gustó el dúo: en sus dos Mundiales dejó afuera al cerebro del mismo, Bochini. El eterno problema argentino: mucha riqueza, pobre administración de la riqueza.

Ahora asoma otra pareja que ilusiona: Falcao y Teo. Espectacular y potente el de Santa Marta, exquisito y también goleador el de Barranquilla. No es que se busquen automáticamente para asociarse, pero el fútbol de uno le da lugar al del otro. Son engranajes que calzan justo. Las defensas deberán hacer horas extras. El que descuide a Teo por controlar a Falcao va a pagar un precio alto. Les pasó a Uruguay y Chile. Si el fútbol tiene una pizca de lógica (y la tiene), debería repetirse hasta el final de la Eliminatoria. Enhorabuena.

Jorge Barraza
Para EL TIEMPO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
24 de septiembre de 2012
Autor
Jorge Barraza Para EL TIEMPO

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