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Sí a la vida... sí al aborto, señor Ordóñez

Caminaba tiesa y maja por el centro de mi ciudad cuando un grupo de adolescentes me abordó para una firma. "Voy de afán", les dije. "Es para decir sí a la vida, no al aborto", me respondieron. De inmediato me di media vuelta, indignada, y les respondí en voz muy alta: "Sí a la vida, muchachos, Sí al aborto". Algunos transeúntes que se detuvieron ante la escena me hicieron signos de aprobación; entre ellos, alguno de los mismos jóvenes que me pedían la firma.

Recordé las sesiones del Concejo de Medellín donde las mujeres hemos ido a defender la autonomía sobre nuestros cuerpos, como corresponde. En las barras -igual que en este caso de la recogida de firmas en las calles- decenas de muchachas y muchachos contratados o llevados de la mano repitiendo las frases impuestas por quienes, año tras año, siglo tras siglo, quieren seguir impidiendo al sexo femenino la autodeterminación sobre sus vidas y la potestad para decidir si quieren ser madres o no. Se les olvida que una mujer no es una matriz y que su principal función vital no es la reproducción.

Pareciera que el patrón mayor de todos estos retardatarios, que no quieren dejar avanzar la sociedad colombiana hacia la verdadera democracia, ha resultado ser el procurador Alejandro Ordóñez, obligado esta semana por la Corte Constitucional a decir la verdad de que la Procuraduría estaba tergiversando olímpicamente: la píldora del día después no es abortiva, y las campañas masivas por los derechos sexuales y reproductivos no son sinónimo de promoción del aborto per se. Y yo agrego: ¿y si la píldora del día después fuera abortiva, qué? ¿Quién tiene autoridad sobre una mujer que al día siguiente de una relación sexual (deseada o impuesta) decida que por ningún motivo quiere que ese acto termine en un embarazo? La primera y la última palabra sobre el asunto la tiene ella misma y nadie más.

Es fundamental que la comunidad, y especialmente los jóvenes, no se deje engañar más con este tema. Decir sí al aborto no riñe con la vida. Decir sí al aborto y sí a la píldora del día después y al Misoprostol en el POS es afirmar que la vida de la mujer está por encima de cualquier credo religioso, que la salud y los derechos de esa mujer están por fuera de cualquier funcionario público o privado que, abusando de su poder, pretenda decidir por ella si quiere o no, si debe o no, llevar en su vientre y asumir por el resto de su existencia a un hijo, fruto de una violación, enfermo o no deseado.

La directora de Women's Link Worldwide, Mónica Roa, la abogada que colocó la tutela contra el señor Procurador, es el ejemplo claro de una historia de luchas del feminismo por lograr para las mujeres la recuperación de su autonomía. A ella y a sus predecesoras la humanidad les debe un reconocimiento por su enorme esfuerzo en la búsqueda del respeto de sus derechos, por encima de un poder que amenaza con la complicidad de políticos y aun de mujeres que, aun siendo funcionarias de la Procuraduría General de la Nación, parecen desconocer que Colombia es una Estado laico.
Lo mínimo que puedo pedir a las de mi género es que dejen su silencio, que levanten su voz porque no podemos seguir siendo objetos sexuales, objetos comerciales, subordinadas y pobres mujeres que inspiran lástima. Estamos ante una oportunidad histórica. No la desperdiciemos.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
21 de septiembre de 2012
Autor
Sonia Gómez Gómez

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