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Editorial: Comparaciones necesarias

Un repaso de las cifras reveladas en las últimas semanas muestra una esperanzadora tendencia a la baja de los homicidios que se cometen en Colombia.

Hay que comenzar por el total nacional, que en el primer semestre arrojó una disminución del 7 por ciento con relación al mismo período del año pasado, según la Policía Nacional.

Esta institución ha informado de casos específicos que llaman positivamente la atención, como los de las tres principales ciudades, Bogotá, Medellín y Cali, donde la merma fue del 18, el 38 y el 11 por ciento, respectivamente. A tales datos se suma una caída del 44 por ciento de los asesinatos en el mes de agosto en Bogotá en relación con el mismo mes del año pasado. Este hecho ha sido calificado por las autoridades distritales como "ejemplo mundial" y lo atribuyen a las medidas de restricción del porte de armas, acompañadas de intensos controles callejeros, y a las virtudes del plan de vigilancia por cuadrantes.

Vale también recordar que Medicina Legal ya había reportado una reducción de 905 casos entre el 2010 (17.459) y el 2011 (16.554), al compararse el total nacional.

No obstante, el lógico optimismo por estos números, señal de que se han dado pasos firmes en la dirección correcta, comienza a menguar cuando se ponen frente a los de otros países de la región y queda en evidencia que todavía es largo el camino por recorrer.

Nos referimos al más reciente informe de la OEA sobre seguridad ciudadana, que incluye información de todos los países miembros del organismo (alguna desactualizada, pues no todos colaboraron en la misma medida).

El reporte, que para el caso de Colombia se basa en los resultados del 2010, muestra al país de octavo entre 34 Estados en el escalafón de la tasa de homicidios, con 37,7 por cada 100.000 habitantes. La lista es encabezada por Honduras, con un impresionante índice de 81,9. A esta nación la siguen El Salvador (64,7), Jamaica (52,8), Venezuela (49,3, con datos del 2009), Guatemala (41,5), Belice (41) y Saint Kitts y Nevis (38,5).

Llama la atención el aumento de los homicidios en Centroamérica y el Caribe. Aun así, el panorama general muestra un leve descenso de la tasa para toda la región, que pasó de 16,4 en el 2000 a 15,6 en el 2011. Los encargados de elaborar el estudio también se mostraron preocupados por la proliferación de armas en la zona -utilizadas en el 74 por ciento de los asesinatos- y por el auge del crimen organizado, relacionado con el 25 por ciento de las muertes, cuando en Europa dicha cifra ronda apenas el 5 por ciento.

Este dato es determinante para Colombia. Aunque no hay información concluyente, existe consenso en que un porcentaje considerable de las muertes violentas que tienen lugar en el país están relacionadas con este último fenómeno (el del crimen organizado), que, por lo general, cuenta con tentáculos en varios países, lo que obliga a hacer un constante trabajo en equipo con otros cuerpos policiales.

Para que las estadísticas sigan siendo favorables, el esfuerzo deberá centrarse ahora en el uso de tecnología para prevenir el delito, tarea que no excluye el ofrecer alternativas a quienes están en riesgo de caer en las redes del crimen. A esto se suma la necesidad urgente de consolidar un sistema de justicia efectivo, que disuada a los potenciales delincuentes, así como lograr que las cárceles cumplan con su misión de resocialización.

El reto no solo implica esfuerzos en la política criminal. La corrupción, la desigualdad e, incluso, el deterioro del medio ambiente son factores que, según el informe de la OEA, representan obstáculos que también habrá que sortear si se quiere seguir por la buena senda.

editorial@eltiempo.com.co

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
18 de septiembre de 2012
Autor
EDITORIAL

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