Peleas entre padres pueden trastornar el estado emocional de los niños

Peleas entre padres pueden trastornar el estado emocional de los niños

Los conflictos, los desacuerdos y los altercados hacen parte de la vida cotidiana de la familia.

Peleas entre padres pueden trastornar el estado emocional de los niños
15 de agosto de 2012, 01:54 am

Existen muchos temas sensibles que abocan a los padres a tener divergencias, pues no es posible estar de acuerdo en los innumerables aspectos que implica la convivencia. Todas las parejas, hasta las que mejor se llevan, discuten de vez en cuando. En general, no es preocupante que los niños escuchen discutir a sus padres, siempre y cuando que estas discusiones estén dentro de los límites normales.

Las peleas familiares ocasionales, que no responden a un conflicto grave o a una forma habitual de relacionarse, no generan trastornos en el equilibrio emocional de los hijos. Pero las que son permanentes, se intensifican y se convierten en toda una escalada de agresión, apatía, humillación o sarcasmo tienen un impacto negativo en la vida de los niños. 

Estar expuestos con frecuencia a presenciar los enfrentamientos entre sus padres les genera a los niños tensión y estrés; a la mayoría les produce angustia, tristeza o susto y los lleva a pensar que alguno de ellos puede perder el control y maltratar al otro.  

Los hijos, en general, no quieren sentir que sus padres son groseros o violentos el uno con el otro. Los más pequeños sienten temor a que ya no se quieran o a que vayan a separarse. Los adolescentes, por ejemplo, reportan no dormir bien y despertarse preocupados cuando oyen discutir a sus padres de manera violenta.    

Ser testigos de la agresividad, hostilidad o desprecio de los padres entre sí puede llevar a los niños y jóvenes a sentirse responsables de alguna forma del conflicto de los adultos, especialmente cuando se culpan el uno al otro. Igualmente, muchas veces se sienten obligados a intervenir y tomar partido por uno de ellos. Esto representa una carga emocional muy alta para los niños y los jóvenes, que afecta, incluso, su rendimiento académico.    

Otro punto importante para considerar es que la resolución violenta de los conflictos dentro del hogar está estrechamente vinculada con la manera como los niños se relacionan con los demás. Los pequeños que experimentan en la vida cotidiana esta situación aprenden que los problemas se solucionan con discusiones acaloradas y asumen esto como un modelo que pueden imitar cuando se enfrenten a experiencias difíciles. Tienen más probabilidades de mostrar esta misma conducta en sus relaciones con sus amigos y les cuesta más trabajo regular sus emociones.    

Cuando los padres aprenden a resolver los problemas y a manejar adecuadamente los desacuerdos, les están dando ejemplo a sus hijos de cómo deben enfrentarse las diferencias y los malos entendidos, manteniendo la armonía en las relaciones a pesar de las divergencias.  

Respeto ante todo 

Las peleas frecuentes angustian a los niños 

No involucrar  a los hijos en los altercados de adultos. 

Mostrarles que a pesar de las diferencias o de no estar de acuerdo en ciertos momentos, el respeto está por encima de todo. 

Si los enfrentamientos son frecuentes, revisen a fondo su comportamiento y resuelvan sus diferencias.

MARÍA ELENA LÓPEZ JORDÁN
Psicóloga de familia inteligenciafamiliar@gmail.com
Especial para EL TIEMPO