Las guerras por el agua

Las guerras por el agua

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29 de julio 2012 , 09:09 p.m.

Madalena se levanta muy temprano para buscar el agua para cocinar. Tiene que caminar desde su villa, entre Lobito y Benguela, un largo y difícil trayecto, luego de sufrir una amputación como víctima de una mina antipersonal. En Angola se sembraron entre 14 y 20 millones de minas, según las estimaciones, es decir, dos veces la población del país, especialmente alrededor de las fuentes de agua, un bien estratégico supremamente escaso.

Si a usted le parece que esta es una realidad distante, piénselo dos veces. Las próximas guerras, que ya se expresan en conflictos de baja intensidad en algunas regiones de la Tierra, no serán por la explotación de los diamantes o por el control del negocio de los estupefacientes. Serán por el agua. Y el agua está distribuida de manera muy desigual. El 97,5 por ciento del agua de la Tierra es salada y está en los océanos. Del 2,5 por ciento de agua dulce, solo el 0,26 esta disponible para el consumo humano.

Esta situación afecta de manera especial a algunas regiones, como el Sahel, en África. El 95 por ciento de los egipcios vive en el valle del río Nilo, del que dependen 10 países, pero cuyo monopolio está bajo el control de Egipto y Sudán.

Para tener una perspectiva del impacto, la baja del flujo anual del río Nilo entre 1970 y 1987 coincidió con la hambruna que durante este periodo se padeció en toda la región. Las negociaciones por la distribución del agua han sido medianamente razonables a lo largo de los años, pero la pregunta es si esto cambiará ahora que los Hermanos Musulmanes han llegado al poder en Egipto y que Sudán se ha dividido en dos. Situaciones similares se desarrollan en el litigio entre Israel, Jordania, Siria y Palestina por el acceso al agua del río Jordán, con Siria en plena guerra civil; y entre India y Pakistán por el acceso al río Indo, lo que ha incrementado las tensiones en Cachemira.

El calentamiento global y la explosión demográfica complican aún más el asunto: ¿cómo proveer agua y comida para el doble de la población actual de la Tierra en tan solo un par de décadas?

Suramérica es la región con mayor concentración de fuentes de agua, pero, entre todos, Colombia está en una situación excepcional. El Chocó es la zona con más alta precipitación de lluvia, y el Catatumbo, que es una región-ecosistema que compartimos con Venezuela, es el principal generador de ozono del planeta.

Sin embargo, y a pesar de que la economía global está rápidamente reaccionando a estas realidades y la tendencia es hacia la monetización del agua y la creación de fondos especiales para compañías que manejan el recurso y su distribución en procesos de integración vertical, en Colombia las locomotoras de la "prosperidad" parecen orientadas por modelos revisados, no tan exitosos como se creía (como el brasileño, con la expansión de los flexicultivos para la producción de combustibles, que consumen vastas cantidades de agua dulce), y la explotación minera sin controles ni proyección estratégica. Se dispararon las concesiones, incluso en territorios protegidos por su importancia ambiental, sin el debido examen ni un código que regule debidamente la actividad. Esta semana, ya la Conferencia Episcopal elevaba una inusual solicitud al Gobierno, en la que exponía las amenazas de la minería en las regiones, y sus efectos en la exacerbación del conflicto.

Pero uno no ve a nadie en el Gobierno pensando en un futuro que nos tocará a nosotros, porque no estamos muy lejos de padecer la militarización de las fuentes de agua y, con ello, la proliferación de las hambrunas. ¿O no es eso lo que estamos viendo ya con el desvío del río Ranchería y la inminente expansión del desierto guajiro?

Natalia Springer
@nataliaspringer

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