¡Viva el relativismo moral!

¡Viva el relativismo moral!


8 de julio de 2012, 12:55 am

Algo grave está pasando en Colombia en asunto de moral. A base de llamar mojigatería a todo intento sensato de defender la moral pública, se les van quitando piso y figura a la ética, a la moral pública, al ordenamiento social, que garantizan una convivencia humana de calidad. Y como nadie quiere pasar por mojigato, se guarda sus principios y valores para el gasto doméstico, y ¡viva la tolerancia!, ¡viva el relativismo moral!

No es asunto de casa. Ya el Papa actual, el día mismo de su elección, en su alocución de saludo a la multitud, llamó la atención sobre el relativismo moral, que carcome los fundamentos mismos de la convivencia humana y del crecimiento de la personalidad.

Pero acá entre nosotros, el problema reviste unas características muy tropicales; gozamos de una frescura sin igual para tragar peces gordos en materia moral, y todo ello con el visto bueno, cuando no con el estímulo y aprobación, de los magistrados de las altas cortes de la nación. Estos se han encargado de darles pase legal a comportamientos que socavan los cimientos mismos de la vida matrimonial, de las relaciones fundamentales y necesarias entre padres e hijos, del respeto al ser humano en su comienzo y su final. Dios no aparece por parte alguna: solo el culto al individuo y el libre desarrollo de la personalidad. Y los efectos los están recogiendo los padres de familia en los hogares, y los alcaldes en la vida social: droga, licor, riñas, asesinatos, suicidios al por mayor.

Los adolescentes son quienes más sufren las consecuencias de este relativismo moral. Con una personalidad aún no madura y estructurada, se ven invitados a toda clase de conductas reprobables, que manchan su fama y la de su hogar. Nada de valores morales, nada de principios éticos. Sin Dios, ni ley, ni Patria: todo está permitido. Dejémoslos a merced de su despertar, y vaya si despiertan con ansias de libertad. ¡Viva la libertad!, vale decir, el libertinaje.

Se está perdiendo el sentido común de la ética; se está perdiendo la sensatez; estamos cayendo en el relativismo moral, en la permisividad, con la virtud de la tolerancia como cota y escudo contra los dardos de la ética ciudadana.

Los magistrados, posiblemente con buena voluntad y todavía estrenando Constitución laica y poco interesada en valores morales, buscan ponerse a la altura de los pueblos "civilizados" que han dado vía libre al divorcio, al aborto, a la eutanasia y al relativismo moral.

Volvamos al principio: ¿qué llaman mojigatería los enemigos de todo principio moral? Un remoquete (dicho agudo y satírico) que le arrojan a la cara -audacia que está muy de moda- al guardián de la moral, al defensor de las tradiciones y valores morales, tan necesarios para la convivencia de seres humanos, dignos y civilizados. Se trata de un sutil insulto para amedrentar a todo el que quiere vivir de acuerdo con principios, con valores morales, con grandeza de espíritu y una auténtica personalidad. Los defensores del matrimonio y de la vida de hogar deben ser proscritos de la sociedad, tildados de mojigatos, hombres de sacristía, útiles tan solo para rezar.

¡Siquiera se murieron los abuelos!, para que no tuvieran que presenciar estos desórdenes y esta crisis de valores.

Hago un llamado a los hombres de principios y valores para que no se dejen intimidar por los audaces y desvergonzados, que solo buscan amplio margen para vivir a sus anchas, sin Dios, sin Patria y sin ley. De manera especial, me dirijo a los padres y madres de familia, a los verdaderos educadores, para que no se contenten solo con instruir. "Si el hogar, si el colegio, si la universidad se contentan con formar la inteligencia, sin cuidarse de formar con valores la personalidad, corren el peligro manifiesto de formar bárbaros, científicamente competentes, que es el tipo más peligroso de profesionales con que cuenta hoy día el país."

Alfonso Llano Escobar, S. J.
cenalbe@javeriana.edu.co