A escribir nuestra propia escena erótica / Sexo con Esther
"Mete las manos entre mis cabellos y me sujeta la cabeza; su beso es exigente; su lengua y sus labios, persuasivos. Gimo y mi lengua indecisa se encuentra con la suya, me rodea con sus brazos, me acerca a su cuerpo y me aprieta muy fuerte (...) Lo deseo con locura. Me conduce despacio hacia la cama...".
Se los confieso: solo pensar en el prometedor desenlace de esta escena logra ponerme algo nerviosa, incluso sabiendo que la autora de este párrafo no es, precisamente, una vampiresa en toda regla, sino E. L. James, una señora londinense (muy ejecutiva ella) y madre de dos hijos que de niña soñaba con escribir historias que cautivaran a los lectores.
Así de simple. Y déjenme decirles que lo logró con una trilogía erótica que ya tiene atrapados a millones en todo el mundo. Cincuenta sombras de Grey, el primero de los libros, cuenta la historia de una estudiante de literatura de 24 años, que termina enloquecida por un señor millonario con gustos sexuales muy peculiares.
Y si bien el relato de cada encuentro íntimo de los protagonistas es detallado en extremo, logra dejar espacio para la imaginación, al punto que los lectores acaban siendo ellos mismos parte de la historia.
James parece haber entendido que el sexo y el erotismo siguen definiéndonos de arriba a abajo, muy a pesar de los tabúes, los ropajes morales, la censura y la mojigatería con los que muchas sociedades insisten en velarlos, ocultarlos y hasta negarlos.
La obra, señoras y señores, constituye una especie de llamado de la selva a nuestra naturaleza sexual, y no crean que estoy haciendo propaganda, nada de eso. Más bien les estoy cursando una invitación a darle el debido lugar a nuestra sexualidad y a la forma de disfrutarla, incluso a través de la lectura, como en este caso.
Queda demostrado que el mundo está ávido de que le hablen de sexo, y para la muestra está el hecho de que es uno de los temas más buscados y consultados en Internet.
Así que si el asunto es tan claro, ¿por qué somos tan mojigatos? No sugiero, por supuesto, que el sexo y sus bemoles se conviertan en un tema para tratar con el jefe en la oficina o en medio de una junta, pero sí que nos lancemos a integrarlo, por ejemplo, a nuestras charlas de pareja, cualquier noche de éstas, en la cama y bajo las sábanas.
¿Habrá un lugar mejor para escribir y protagonizar nuestra propia escena erótica? No lo creo. Hasta luego.
ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Salud
- Fecha de publicación
- 30 de junio de 2012
- Autor
- ESTHER BALAC
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