Música contemporánea de verdad

Música contemporánea de verdad

En Bogotá, el Ensemble Intercontemporain de París.

30 de junio de 2012, 12:05 am

¿Cómo definir la música contemporánea? Si nos atenemos a los cursos que ofrece en Bogotá una escuela de arte, tendríamos que aceptar las diversas variables del rock, al hiphop y sus actitudes zombies, al jazz, a la guitarra eléctrica, la batería y en fín, al insufrible reggaeton. La confusión resulta de la desinformación sobre tema tan espinoso y también de los significados que permite tan mencionado vocablo. Por una parte, abarca nuestra propia actualidad cronológica en los campos más diversos; y enseguida, se refiere a esa cualidad de cambio, de experimentaciòn y novedad tan necesaria en la práctica artística. Desde el s. XIV, soplaban vientos de renovaciòn en el status quo de la música heredado de la Edad Media. El movimiento Ars Nova se refería sobre todo a una nueva forma de escribir motetes como se ilustra en piezas y textos de Philippe de Vitry. En las piezas para teclado de J.S. Bach, los pianistas de jazz han encontrado disonancias y fórmulas armónicas adecuadas a sus búsquedas en la improvisación. La estética musical empezó a cambiar en forma radical en la segunda mitad del s. XIX. Wagner, Scriabin, Mahler, Bruckner, Strauss, Debussy y al fín de cuentas, Schöenberg, rompieron sin prisa el hilo de la tonalidad de un discurso musical que poco a poco perdería sus contornos impulsado por los impresionistas y la fotografía. La cerradura daba un giro al clasicismo con obras como 'Noche transfigurada' (1899) y 'Pierrot lunático' (1912) de Schöenberg con su aura surrealista. "Prepárense burgueses, ha llegado su hora", escribiò Paul Klee y luego, con la Escuela de Viena que abriría una nueva era a la concepción del sonido como elemento fìsico de extrema manipulación. Satie y décadas más tarde, John Cage, completarían la tarea con la duración de las notas y la presencia del silencio. Al final de la II Guerra, la escena europea estaba lista para acoger toda clase de ismos bajo la reverberación del sonido electroacústico. En el decenio del 70, el IRCAM aglutinó en París esas propuestas en el millonario proyecto ofrecido a Pierre Boulez en el Centro Georges Pompidou que abrió en 1977. Al comienzo, sus objetivos se dirigían a investigar la naturaleza del sonido, el timbre de los instrumentos, la sicoacústica y otros temas relacionados, pero pronto se abrieron campos hacia creaciones de cualidad estética mediante la teoría de sistemas y los computadores.

El Ensemble Intercontemporain es producto de ese proyecto. Fundado en 1976 y desde su sede de la Ciudad de la Música que lo acogiò 20 años después, ha hecho posible en más de 3 décadas la creación y ejecución de un repertorio exigente a la pericia de los instrumentistas y a los retos técnicos que implica la música aliada con la ciencia. Reconocidos compositores de diversos países han dirigido el EIC. Boulez hasta 1978; enseguida, Michael Tabachnik, Peter Eôtvos (que escribió una ópera sobre 'Del amor y otros demonios' de García Márquez), David Robertson, Jonathan Nott y desde 2006, Sussanne Mâlkki de Finlandia. Su repertorio no tiene límites ni restricciones: piezas de Berio, Stockhausen Ligeti, Berg, Murail, Lindberg, Dufour y hasta de Frank Zappa ('The perfect Stranger', 1984) se han escuchado en París y en el exterior donde ha sido elogiado como uno de los primeros en su género. Sussanne Mâlkki tiene 43 años; antes de directora, fue violonchelista y llegó a dirigir orquestas en Suecia y Noruega. La sala de conciertos de la Ciudad de la Música donde trabaja, es un espacio muy versátil. Fue diseñada por el arquitecto Christian de Portzamparc y se inaugurò en 1995. Ahora incluye en sus programas conciertos de Patti Smith o Nina Hagen, música de Sibelius. Mahler, Copland o Berezorvsky. Mâlkki piensa que dirigir es algo tanto físico como sicológico, cuando piensa en los 31 músicos solistas que la acompañan en la aventura que ha sido el empeño del EIC según el documental de Michel Follin: se trata de mantener la apertura mental del oyente como una acciòn política en la tradiciòn de la utopía. "El director debe sentirse cómodo en su posición. Nos gusta lo que hacemos", afirma Mâlkki. Ha construìdo su carrera paso a paso sin necesidad de autocontemplacerse.

La visita del EIC a Bogotá en esta primera semana de julio será un acontecimiento en la tradicionalista escena musical de la capital. En el Julio Mario Santodomingo, con colaboración de la Embajada de Francia, se podrá asistir a 2 presentaciones asociadas sobre todo con la música espectral y su visión del sonido como timbre. El 6: 'Casandra' de Michell Jarrell con la actriz suiza Marthe Keller ('Más allá de la muerte', Clint Eastwood, 2001) en lugar de la anunciada Fanny Ardant, pieza basada en el libro de Christa Wolf sobre el mito de la hija del rey Príamo y su capacidad de predecir el futuro, menos el de Troya; el 7 de julio: 'Barca mística' (Tristan Murail), 'Passacaille para Tokyo' (Philippe Manoury), 'Derive I' (Boulez) y como novedad, 2 piezas de compositores colombianos que destacan en Francia: 'Golpe en el diafragma para 14 músicos' (Juan Pablo Carreño, 1978) y 'El laberinto del Minotauro' (Luis Rizo Salom, 1971). Sin discusión, un punto de notable trascendencia musical. Para oídos indignados. Y también para los otros.

Carlos Barreiro Ortiz
REDACCIÓN EL TIEMPO