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Inquietudes sobre la crisis europea

La experiencia que ha tenido Grecia ilustra los peligros de pertenecer a una unión monetaria en forma despreocupada y la que ha tenido Alemania refleja un desacople entre el papel que sus dirigentes quieren desempeñar en la región y en el mundo y lo que piensa su electorado.

Esto ha impedido tomar a tiempo las decisiones necesarias y, peor aún, poner en práctica las soluciones más apropiadas. Ahora, las elecciones en Francia y en Grecia reflejan el desespero de la población con la situación económica, imponen una revisión de las políticas y una reflexión fresca sobre los objetivos de los países.

Lo primero que se puede preguntar es por qué no le han encontrado una solución adecuada al problema de Grecia, que es relativamente marginal por su tamaño para el conjunto de la Unión Europea, distinta a imponerle a ese país cargas insoportables. El Financial Times calcula que para el final de este año el PIB de Grecia estará 20 por ciento por debajo del nivel que tenía antes de la crisis, y el desempleo está en 21 por ciento.

Si la Unión Europea hubiera actuado con mayor decisión y las soluciones hubieran sido menos estrictas para Grecia, permitiendo un ajuste más suave en el tiempo, es posible que no se hubiera llegado a la situación actual en la que el electorado griego se ha rebelado contra las condiciones del rescate.

Se ha llegado a una situación en la que o Grecia cumple o sale de la unión. Estos son los desenlaces que nadie quiere y que no les convienen ni a los mercados ni a Europa. Pero tanto el banco central europeo como la Canciller alemana dicen no estar dispuestos a revisar los términos del acuerdo para rescatar a Grecia. Y si continúan firmes en esa posición van directo al precipicio, pues no le dejan a Grecia opción diferente a salirse de la unión.

Esto sería indeseable pero no exageradamente traumático, excepto para Grecia. Pero si se mantienen las mismas políticas, el próximo país que pasa a ponerse en capilla es España, y lo que le suceda a España no es marginal ni para Europa ni para la economía mundial.

En España, que tiene tasas de desempleo imposibles de sostener y peligrosos niveles de indignación y desespero popular, uno de los problemas que se deben resolver es el de la capitalización de los bancos. Ya el gobierno tomó la decisión de capitalizar a uno de ellos, para prevenir una crisis, pero no va a poder hacer lo mismo con los otros bancos descapitalizados porque no tiene espacio fiscal o crediticio para hacerlo. Las autoridades europeas se muestran renuentes a invertir fondos de la comunidad para sacar a flote a los bancos españoles, pero si no lo hacen vamos a ver a España dentro de poco en el papel de Grecia.

La que podría cambiar el curso de los acontecimientos es Alemania. La señora Merkel ya ha logrado crear un consenso en Alemania de que tiene que hacer lo necesario para salvar el euro y que se deben crear nuevas instituciones políticas para fortalecer la Unión Europea. Pero no ha conseguido moderar la obstinación de los alemanes y de otros países del norte de Europa, que insisten en austeridad extrema en todos los países, al punto de impedir el crecimiento de países que ya tienen altos niveles de desempleo.
Pueden con ello darles aliento a los partidos extremistas, crear un clima de inestabilidad política en el continente y debilitar la Unión.
Alemania no puede aspirar a ser el líder de una región poderosa y al mismo tiempo actuar como si solamente fuera responsable con su electorado, adoptando políticas contraccionistas en casa cuando se necesita que sea expansionista para sacar a Europa del pantano.

RUDOLF HOMMES

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
11 de mayo de 2012
Autor
Rudolf Hommes

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