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¿Qué hay detrás de la fría imagen de la contralora Sandra Morelli?

Una mujer con sangre italiana, estudiosa, aficionada a la cacería y que no se calla lo que piensa.

Ventisiete mensajes sin oír en su contestador telefónico. A las ocho de la mañana del miércoles, la casa de la contralora general, Sandra Morelli, parece una oficina. Si no fuera por los canarios, los tres chihuahuas, el pincher, los gatos y la mamá en bata de dormir.

El día anterior se conoció la noticia: el Consejo de Estado decidió que las investigaciones fiscales en el país están en cabeza de la Contraloría. De esa manera, debían regresar al despacho de Morelli las investigaciones contra magistrados y exmagistrados de la Judicatura que ella misma había abierto, en una de las varias decisiones enérgicas que ha tomado desde que llegó al cargo, en el 2010.

"No me temblará la mano como contralora", dijo cuando fue elegida por el Congreso con una votación contundente: 222 votos de 268 posibles. Y no le ha temblado: tan pronto llegó, denunció a su antecesor por despilfarro; abrió investigaciones contra funcionarios del Ministerio de Hacienda; ordenó embargar las cuentas del entonces alcalde de Bogotá, Samuel Moreno, y de Luis Eduardo Garzón, y ha suspendido a tres gobernadores, para citar solo algunas de sus decisiones.

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Esta mañana, en su casa, Morelli sonríe. Sin maquillaje, a medio arreglar todavía, cuenta que estos días pasados, a la espera de la decisión del Consejo de Estado, estuvo muy tranquila. "Yo actué apegada al Código y el Código me dará la razón", repetía, como un mantra.

Morelli habla un par de minutos y la interrumpe el timbre de la casa porque llegó alguien a buscarla (otro periodista, un asistente, el exprocurador Edgardo Maya) o el teléfono o su asesor de prensa o una asistente con un papelito en la mano. A todos les presta atención. Esa mente parece saltar de un tema a otro sin dejar de pensar en el anterior.

María Sandra Morelli Rico nació en Bogotá el 6 de enero de 1965. Así lo puede leer cualquiera que busque su nombre en Google. Ahí aparece una hoja de vida que comienza con esa fecha precisa. Decía Oscar Wilde que es muy escasa la mujer que confiesa su edad. A Morelli eso no parece interesarle. O tal vez sí:

"A mí lo que me pasa es que se me olvida cuántos años tengo. Claro que ahora, cuando he dejado de ser la más joven de todos, y trabajo con gente nacida en los 70 y hasta en los 80, me está empezando a dar duro".

Ella no solo estaba acostumbrada a ser la más joven, sino la mejor. Así lo fue durante los años que estudió en el Colegio Italiano, en Bogotá; durante la carrera de Derecho en la Universidad Externado (donde fue becada todos los años por buena estudiante) y en las maestrías que siguieron en universidades de Italia y Francia, donde se graduó con tesis laureadas y máximas calificaciones.

Esa vena de exigencia le vino de su papá, Gian Franco Morelli, un italiano que llegó a Colombia en 1957, con 18 años. En realidad, iba hacia Venezuela, pero un problema con la visa lo hizo cambiar de rumbo y acabó en Bogotá. Llegó huyendo del servicio militar en su país, con la disculpa de que debía venir a recibir en América la herencia de un tío muerto.

En una cena de amigos, Gian Franco conoció a Teresa Rico, una joven abogada de quien se enamoró. Se casó. Echó raíces en Colombia y no hubo manera de que volviera a su país. Mientras su esposa ejercía el derecho, él creó la fábrica de metalmecánica Inetra, que el año pasado cumplió medio siglo de existencia. "Mi papá y yo éramos una misma neurona, una misma célula -dice la Contralora-. Teníamos una relación simbiótica. Soy casi su fotocopia". Él fue quien orientó su vocación. Cuando ella le dijo que pensaba estudiar Ingeniería Mecánica, su papá le respondió: "Cómo se te ocurre. Si tu mamá ya tiene un camino abierto en el Derecho, esa es la mejor carrera para ti".

En efecto, estudiar leyes le venía de sangre: abuelo y bisabuelo maternos ejercieron esa profesión. Su mamá, Teresa Rico, fue magistrada y todavía hoy, con 83 años, asesora a su hija en temas jurídicos.

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Su casa: a la entrada, en una mesa de madera, un ejemplar antiguo e ilustrado de La divina comedia y dos acuarios gigantes. En el segundo piso, un piano, fotos familiares y paredes que dan muestra de la afición de los Morelli: la cacería.

"Claro que estas cabezas de venado fueron un regalo. Nosotros no cazamos eso", se apresura la Contralora. Sus jornadas con escopeta, siempre en compañía de su papá, eran en la sabana de Bogotá, en Guasca o Subachoque. Cazaban palomas que después pelaban, cocinaban y se comían. También iban al páramo de Sumapaz en busca de becadas, "un ave de pico largo, muy preciado", dice. Hace rato que no va. Después se concentró en el tiro de platillo. "Lo hago bien y muy en serio", dice.

Y se le cree. En esta casa del Antiguo Country, donde creció, vive con su mamá y con su hijo de 8 años. Decidió regresar cuando enviudó. Sandra Morelli tiene dos matrimonios en su vida. Ella lo resume, con ese humor que se le nota a los pocos segundos de conocerla:

-Me casé tarde, mal y casi nunca. Ahora estoy sola. Y así pienso quedarme.

Su primer matrimonio fue con un abogado, a los 28 años. Se separó y, diez años después, volvió a casarse. De esa unión nació su hijo, Gian Franco (como su abuelo). Cuando el niño tenía 3, su papá murió en una situación traumática que aún hoy, al recordarla, le hace temblar la voz a Sandra Morelli.

La muerte de su esposo y la de su papá -sucedida un año después- han sido lo más duro para ella. "Duré dos años de mi vida llorando día y noche completos -dice-. Será por eso que hoy ya no lloro con frecuencia. Fue tan duro que creo que se me acabaron las lágrimas".

Sus amigos recuerdan la entereza de Morelli en esos momentos. "Vivió su dolor en un profundo silencio, pero sin autocompadecerse", dice su amigo Iván Gómez Lee, que la conoce desde tiempos de la universidad. En el Externado, la presencia de Morelli era reconocida por todos los estudiantes: "Sabíamos de ella. Nos impactaba su pilera -agrega Gómez-. Tenía gran credibilidad entre los alumnos". Tan pronto se graduó, el rector Fernando Hinestrosa buscó que viajara al exterior a especializarse. Ella eligió Italia (tierra que conocía, donde tenía -y aún conserva- una casa), en la Universidad de Bologna. Estudió Derecho Administrativo y obtuvo calificaciones de 70 sobre 70. "Soy una abogada nata. Siempre pienso como abogada", dice.-¿Qué es lo más importante a la hora de estudiar Derecho? Mejor dicho, ¿cómo hacía para sacar las máximas notas?

-Es importante la memoria. Pero después uno empieza a entender la lógica y a decir: 'esto debe ser así'. Hoy, cada vez que estoy ante un problema jurídico, le digo a mi equipo: 'hay una norma que dice tal cosa, vaya y búsquela'. Y ahí está. El derecho funciona como un sistema coherente.

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Esa forma de pensar lógica siempre la acompaña. "En la vida, la tranquilidad te la dan las certezas. En este trabajo, la certeza te la da la norma", dice.

Se declara una persona fría, poco sociable, que no puede guardarse lo que piensa y no se mueve por las emociones. "Yo misma me aterro de cómo las cosas no me afectan". Cuando considera que ha habido un desvío en la conducta, no duda en tomar decisiones. Para ella esto tiene que ver con su formación familiar, con ese carácter que recibió de sus padres, que fueron hijos de la guerra. "Mi abuelo materno la vivió en París, y mis abuelos paternos en Italia -explica-. Eso dejó en mis padres cierta manera particular de pensar. Esa rectitud". Esto es lo que ella pretende llevar a una entidad que, reconoce, estaba desprestigiada.

Lo que no heredó fue la austeridad, aunque quisiera, porque gasta "en pendejadas". No incluye dentro de ellas, eso sí, el viaje que tiene previsto este fin de semana a Barcelona para ver el clásico contra el Real Madrid, de la mano de su hijo. Gian Franco es un fanático del Barça -su habitación lo muestra: hasta su cepillo de dientes tiene los colores del equipo- y su mamá lo sigue. Para Morelli, el tiempo con su hijo es sagrado, por eso (como si se tratara de una dictadura) no acepta citas de trabajo antes de las siete de la mañana y menos los fines de semana. En su rodilla derecha tiene una cura que cubre una herida que le significó 25 puntos. Estaba enseñándole a su hijo a montar bicicleta y "de culipronta", dice, terminó en el suelo.

A Sandra Morelli no le preocupa lo que piensen de ella. Tampoco que en el camino gane enemistades. Las críticas no le quitan el sueño porque, dice, no tiene ambiciones futuras. "Hago este oficio y listo. No estoy ahí para ser popular".

María Paulina Ortiz
Redacción EL TIEMPO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
20 de abril de 2012
Autor
MARÍA PAULINA ORTIZ

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