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El debate cambiario

La tasa de cambio ha alcanzado un nivel preocupante que nos debe llamar a la reflexión.

Buena parte de su evolución ha estado motivada por fenómenos externos: 1) una política monetaria excesivamente expansionista de Estados Unidos ha inundado de dólares al mundo, a lo cual hemos reaccionado las economías emergentes con la denominada "guerra de monedas", en la que cada país se defiende como puede. 2) El salto en el precio del petróleo ha aumentado los flujos de divisas hacia los productores de hidrocarburos. Y 3) la estabilidad actual de las economías latinoamericanas, sumada a políticas acertadas del gobierno Santos, ha llevado a que el crédito soberano de Colombia ocupe el puesto 12 entre los mejores del mundo, algo sin precedentes en nuestra historia financiera.

En las presentaciones a diferentes grupos de inversionistas realizadas en Montevideo, con ocasión de la asamblea del BID, incurríamos en la ironía de pasar 19 de los 20 minutos disponibles mostrando las maravillas de la economía colombiana en todos los frentes, para advertir en el último minuto nuestro empeño en luchar contra la apreciación del peso.

¿Qué nos corresponde hacer para que la tasa de cambio sea más predecible, y para que la capacidad competitiva de nuestros empresarios dependa más de fenómenos que podemos manejar?

Cuando se trata de política cambiaria el dilema es: de un lado, crear inflación como resultado de comprar dólares con emisión monetaria. Del otro lado, acumular una sobrevaluación excesiva, por no actuar con suficiente decisión, la cual dos o tres años después desencadena una crisis cambiaria altamente costosa en empleo y bienestar.

¿Existe, entonces, la posibilidad de adelantar la política cambiaria sin crear inflación, y sin comulgar con apreciaciones persistentes y excesivas que alejen la economía del equilibrio?

La experiencia internacional de los últimos diez años ha mostrado la inmensa eficacia, en la lucha contra la inflación, de la estrategia de "meta de inflación", con base en la banca central independiente. Así mismo, un número de países asiáticos y Perú han tenido éxito al acompañar esta estrategia antiinflacionaria de una gama de instrumentos para evitar períodos prolongados de divergencia de la tasa de cambio frente a su tendencia de mediano plazo.

Hace una gran diferencia que la evolución cambiaria sea predecible y amortiguada. Las exportaciones, y en particular aquellas de sectores sujetos a variables altamente volátiles, como el agro, pueden adaptarse paulatinamente a las señales de mediano plazo. Algo similar sucede con los productores colombianos que compiten con importaciones. Pero una apreciación excesiva, mantenida por demasiado tiempo, los puede sacar de la competencia internacional.

En suma, debemos estudiar la adopción de una estrategia más rica en instrumentos y objetivos, que conjugue de manera coordinada y coherente la "meta de inflación" con una "intervención esterilizada" más intensiva, buscando simultáneamente los dos objetivos de: 1) evitar que la inflación se aleje sistemáticamente de la meta fijada y 2) evitar que la tasa de cambio se aleje sistemáticamente de la tendencia de equilibrio de mediano plazo.

Hemos debatido el tema con las directivas del Emisor, con ocasión de la preocupante evolución cambiaria reciente. Pero nuestra decisión es ampliar el ámbito de esta discusión, por considerar que es un tema central y controversial de política pública, sobre el cual todos los interesados y los expertos deben manifestarse, y estar en capacidad de sopesar los argumentos propios con los ajenos. Es el debate que buscamos motivar con este artículo.

JUAN CARLOS ECHEVERRY
Ministro de Hacienda

Publicación
eltiempo.com
Sección
Opinión
Fecha de publicación
7 de abril de 2012
Autor
JUAN CARLOS ECHEVERRY

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