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El mundo de las oportunidades

Una de las principales prioridades de los TLC debe ser la ampliación de la frontera agrícola.

Entre el 2002 y el 2011, las exportaciones colombianas pasaron de cerca de 12.000 millones de dólares a casi 57.000 millones; es decir, 4,7 veces más que hace 10 años. Pese a este espectacular crecimiento, Colombia es todavía un país con bajos niveles de inserción en la economía global cuando se le compara con otros países de América Latina.

La exportación por habitante es menor que la de Ecuador; la suma de las exportaciones e importaciones como proporción de todo lo que produce la economía es menor que en Perú y Argentina; y Chile, con 60 por ciento menos población que Colombia, exporta 40 por ciento más.

Esta realidad económica ilustra la necesidad que tiene el país de acelerar el proceso de internacionalización. A juzgar por la experiencia de países exitosos, los tratados de libre comercio (TLC) son ciertamente el principal instrumento de internacionalización de la economía.

Hay un poderoso argumento en favor de los TLC, a saber, que el gran beneficiario de dichos tratados es el consumidor y eso los hace imperativos para el Gobierno y la sociedad. La actitud no debe ser evitarlos sino, por el contrario, negociarlos bien, reconociendo que hay sectores productivos sensibles que demandan tiempo para su reconversión. Por otra parte, los TLC aumentan la tasa de crecimiento de la economía, incrementan la inversión, generan mayores niveles de exportación e importación, crecen los recaudos tributarios, estimulan la mano de obra calificada, disminuyen la informalidad, desincentivan el contrabando y la ilegalidad, son una plataforma para el desarrollo de las regiones y, finalmente, impulsan la transformación de las pequeñas y medianas empresas induciendo mayores niveles de productividad.

Ahora bien, para que los TLC tengan todos esos efectos favorables, es vital desarrollar los llamados clusters regionales. El propósito de los clusters es especializar a las regiones en diferentes áreas productivas para así alinear las acciones políticas y de inversión. La gran virtud de los clusters es que integran el esfuerzo del Gobierno Nacional, el gobierno regional, la empresa privada y la academia, como hasta ahora ha impulsado el Consejo Privado de Competitividad. Los gobernadores tienen en esta herramienta una inmejorable oportunidad para transformar el tejido económico y social de su región.

Una de las principales prioridades de los TLC debe ser la ampliación de la frontera agrícola. El país tiene que volcarse sobre el sector rural porque allí se encuentran los mayores desafíos. La historia económica del país revela al menos tres casos exitosos de clusters agrícolas (flores, banano y palma), pero es indispensable que surjan nuevos productos con similar vocación. Sólo así podremos revitalizar la oferta agrícola exportable del país, hoy estancada.

Una mirada a lo que están haciendo otros países puede aportar ideas sobre el enorme potencial que tiene el desarrollo agrícola en Colombia. En el 2011, Costa Rica exportó 700 millones de dólares de piña en un área sembrada de 45.000 hectáreas (equivalente a una finca grande en los Llanos); México exportó 900 millones de dólares en aguacate, 2.075 millones de dólares en tomates y 261 millones en limones; Perú exportó 480 millones de dólares en espárragos, 164 millones en aguacate y 123 millones en alcachofas. En contraste, Colombia exportó en el 2011 cerca de 70 millones de dólares en frutas, legumbres y hortalizas.

Los TLC no se firman para exportar más petróleo o carbón. Se firman porque es la oportunidad para producir más bienes y servicios y ser más competitivos. Colombia no puede perder esta oportunidad. La actitud del sector privado no puede ser defensiva y los gobernantes regionales deben convertirse en la punta de lanza de una ambiciosa ofensiva económica.

ÓSCAR IVÁN ZULUAGA

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
2 de abril de 2012
Autor
ÓSCAR IVÁN ZULUAGA

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