La lista negra de las niñas que no se podían enamorar de policías

La lista negra de las niñas que no se podían enamorar de policías

Les advirtieron que no podían enamorarse de policías o las matarían. Y las amenazas se cumplieron.

La lista negra de las niñas que no se podían enamorar de policías
20 de marzo de 2012, 02:10 am

La entrada de uniformados a su escuela les transformó la vida a varias de sus compañeras. Violeta*, a punto de terminar el colegio y de hacerse mayor de edad, ya no tiene miedo. Usa con atrevimiento el pelo corto, como muy pocas en la zona, y decidió contar los las cosas con la determinación de quien, frente a los hechos violentos que ha vivido y conocido, hubiera decidido no dejarse afectar por nada.

¿Por cuánto tiempo ha vivido el conflicto en Nariño?

Por seis años.

¿Cómo es el lugar donde nació?

Es un pueblo chiquito y, qué le digo... peligroso. A los extraños los interrogan las 'leyes ilegales'. Son de mala fe y, a veces, los asesinan.

¿Cómo era estar con su padre?

Me gustaba estarme en el monte con él. No me importaba levantarme a las 5 de la mañana para acompañarlo a ordeñar, antes de irme para el colegio. Me regaló un potrico: el tal era monito y chiquito. Nunca me llevó a los cocales que tenía, porque como fumigaban le preocupaba. A los 8 años me paró en una mesita y me enseñó a cocinar.

¿A qué jugaba usted?

En ese tiempo, mi papá manejaba plata: me compró bicicleta y balones, siempre me dejaba un regalito.

¿Usted tenía amigos?

A ver recuerdo. En esa época, el que tenía un radio era el más rico, y nosotros teníamos televisión, así que a mis amigos les gustaba ir a mi casa para ver programas.

¿Cuándo cambiaron las cosas?

¿No ve que mi papá, que era jornalero, luego tuvo una tienda de confites y pagaba impuesto a la guerrilla? Decía que para que a uno le respetaran tenía que entregar la plata el día que ellos quisieran; pero luego llegaron los 'paras' y, con ellos, los enfrentamientos. Los tiroteos se escuchaban tan fuerte que parecía que le estaban dando al techo de la casa, una casa de 80 millones que mi papá nos había dejado en el pueblo. Ahora no creo que den 10 millones por ella, porque es zona roja. Los 'duros' de las autodefensas se apoderaron de nuestra casa y nos tuvimos que ir.

¿Por qué dice que su papá les 'había dejado una casa'? ¿Qué se hizo él?

Fue duro. Un día, mi papá no le pudo pagar lo de siempre a la guerrilla y lo amarraron a un palo y le apuntaron con un fusil. Yo tenía 9 años y me agarré a la cintura de él y le dije al comandante que, si lo iba a matar, también me tenía que matar a mí. Y le pregunté si él iba a mantener a nuestra familia como lo hacía mi papá.

¿Por qué hizo algo tan atrevido?

Yo creo que fui fuerte porque mi papá me enseñó que debía serlo, así fuera mujer.

¿Qué pasó con su papá?

Tuvo que irse montaña adentro y nunca más lo volví a ver, ni sus regalos en diciembre. Mi papá murió feo, feo, feo. A él lo mataron en el carro, nunca supimos si lo amarraron y le echaron candela. No supimos si estaba vivo cuando lo quemaron.

¿Cómo fue su vida después de eso?

Seguí estudiando y vivía con mi mamá y mis hermanas en otro lado. No me adaptaba a la vida en el pueblo porque extrañaba todo lo del campo.

¿Cómo fue pasar de niña a mujer en una zona así?

Ya no me gustaba tanto el microfútbol, los hombres me atraían más, pero allá uno no se podía enamorar. Fíjese que un día unos hombres uniformados, pero no del Ejército, interrumpieron la clase en el colegio. Entraron al salón y uno abrió una lista que tenía y leyó el nombre de las niñas que debían irse del pueblo o dejar de salir con los policías si querían seguir vivas.

¿Esas amenazas se hicieron realidad?

Había mujeres que aparecían muertas: las que se metían con policías. Era como un delito; tenían en cuenta a la que ellos querían, la anotaban, le hacían seguimiento y no les importaba que fuera mujer: la torturaban, la violaban y la dejaban ahí.

¿Conoció algún caso cercano?

A una muchacha que se metía con todas esas leyes la dejaron en un lugar donde nadie vive, donde queda el cementerio, pero ya están afuera los cadáveres de tantas bombas que han caído. Contaron que no tenía ojos y la lengua se la habían cortado, al igual que los dedos, las orejas y los pezones.

¿Era común el maltrato contra las mujeres?

Sí. Un día encontré con mi mamá a otra que tenía sangre en toda la cara y decía que no quería morir; no sé de dónde sacamos fuerzas y la cargamos hasta el hospital. Estaba reventada, le habían dado palo, hasta le rompieron las costillas. Yo tuve amigas del grado 11, de las que mandaron a llamar a lista, que se tuvieron que ir del pueblo porque las iban a matar. Según la gente, otras niñas resultaban de prostitutas en los chongos (burdeles).

¿Cómo lograban tener novio?

Uno no se podía meter con nadie, ni con civiles, porque eran milicianos, y uno sin saber...

Y ahora que no está en la zona, ¿qué quiere hacer?

Mi sueño era estudiar estética facial, pero como ya no exigen tanta estatura para ser de la Fuerza Pública, quiero ser policía, porque como las mamás no planifican, en esas veredas hay muchos niños y quisiera hacerlos respetar.

* Nombre y lugares omitidos por seguridad. Esta nota se hizo con el apoyo de Save the Children.

Qué dicen los dibujos (Vea la galería: Los niños dibujan su realidad dentro del conflicto armado en Colombia)

Los niños en la violencia

Steve Pedraza Vargas,
psicoterapeuta y psicólogo de Save the Children.

En un salón de clases de la zona roja de Nariño se reunieron varios escolares para mostrar a través de dibujos lo que afecta sus vidas.

Al finalizar la actividad, la mayoría -entre 10 y 14 años- había pintado hechos de violencia. Esto es lo esperado. Si hay imágenes de muerte, no es que estén traumatizados, es la naturalización de su realidad. Es la manera que han encontrado para sobrellevar sus dificultades. (Lea también: Unos 14.000 niños participan en la guerra en Colombia, denuncia ONG)

Por ejemplo, nosotros estamos en la ciudad y a unos kilómetros la gente se está matando y hay secuestrados. Los extranjeros no se explican cómo podemos vivir así, como si nada nos ocurriera, y lo que pasa es que los colombianos nos disociamos de eso para poder continuar; lo mismo hacen estos niños.

Para ellos, la violencia es parte de su cotidianidad y deben aprender a aislarse como lo hacen los oficiales que están en contacto constante con la muerte: hay estudios al respecto. Para poder sobrevivir, crean una disociación sana en la que ven el dolor como algo normal, porque si pensaran que está mal, perderían la razón. Si un niño bogotano pintara algo así, tendría graves problemas. Sin embargo, en su contexto, estos dibujos que mezclan paisajes hermosos con derramamientos de sangre tienen que ver con lo que se conoce como resiliencia: la capacidad del sujeto de sobreponerse a momentos de dolor y de adaptarse a las dificultades. En estos casos, aunque no debería ocurrir, es un mecanismo sano. Si ellos notaran que su realidad está mal, podrían deprimirse y generarían respuestas agresivas y situaciones dolorosas para poder sentir que hay un equilibrio, porque están tristemente adaptados a la violencia.