El TransMilenio es la solución
Una manera de balancear mejor el servicio sería escalonar la demanda.
La mayor parte de la discusión sobre TransMilenio ha sido sobre temas que no tienen relación con la solución de los problemas del sistema, que no son los contratos ni las doce familias que señala un diario de la capital como supuestos usufructuarios de ellos. Los privados son los propietarios de los buses, los operan y reciben la parte del recaudo que les corresponde contractualmente. Pero quien dice cuántos buses transitan, con qué frecuencia y en cuáles rutas es la Administración, que es del gobierno distrital. A ella le atribuyen los expertos la responsabilidad por las fallas de un sistema que funcionó muy bien hasta hace unos años, pero que no ha evolucionado en respuesta al crecimiento del número de pasajeros y de la complejidad.
A TransMilenio le colgaron demasiadas rutas por las troncales principales. Desde hace más de cinco años no abren una nueva troncal y la demanda del servicio ha aumentado aceleradamente. Hoy están moviendo 600.000 pasajeros más en los mismos buses y por las mismas rutas. Los técnicos que conocen el sistema han sido sustituidos, silenciados o amedrentados por los políticos. No se ha vuelto a innovar o a concebir y aplicar soluciones o mejoras técnicas, pero sí se persiguen brujas y se generan ideas inútiles o perjudiciales.
Juan Pablo Bocarejo, de la Universidad de los Andes, escribió en este diario el miércoles pasado que "la falta de interés de las dos últimas administraciones en generar un sistema de buena calidad se refleja en los exiguos recursos destinados para mejorar las troncales y, entre otras, el retraso en la ejecución de pequeñas obras de infraestructura que permitirían mejoras operacionales significativas (retornos operacionales, la calle 6a. o ampliación de estaciones)".
Los operadores privados del sistema han publicado anuncios en los que se esbozan soluciones técnicas para mejorar a corto plazo la calidad del servicio y la comodidad del sistema. Proponen pasos a desnivel, buses biarticulados (de tres carros), ampliar estaciones y otras formas de aumentar la velocidad del transporte y su calidad. Otros expertos, vinculados al sistema sugieren un número de ideas sencillas y de relativo bajo costo que mejorarían notablemente la operación.
Por ejemplo, dicen que si los tiquetes se reemplazaran por tarjetas electrónicas que se puedan llenar en los cajeros automáticos o en almacenes, como se hace con los minutos de celular, se evitaría una larga cola y se ahorrarían varios minutos de espera. Si se retorna al diseño lineal de rutas y a las mallas, como se concibió originalmente la operación, se lograría que por cada troncal vayan menos buses, carguen y descarguen pasajeros con mayor facilidad, pasen con mayor frecuencia y transiten más rápidamente. Los pasajeros tendrían que hacer más transbordos, ahorrarían tiempo y se reducirían las chichoneras.
Otra manera de balancear mejor el servicio sería escalonar la demanda. No todos los trabajadores tienen que entrar y salir a la misma hora. Si se organizan jornadas de trabajo escalonadas, los buses irían menos llenos en las horas pico y más ocupados fuera de ellas. Se ha pensado también en cobrar tarifas inferiores fuera de las horas pico para incentivar el escalonamiento y beneficiar estudiantes y personas mayores.
El Alcalde no necesita generar intencionalmente un caos en el transporte para estatizar el sistema, inducir protestas, ni contar con brigadas de encapuchados para promover una revolución "bolivariana". Lo que debe hacer es congregar un grupo organizado de ingenieros y expertos en transporte urbano que se pongan rápidamente a repensar el sistema integrado de transporte para aumentar la eficiencia y ampliar el TransMilenio, que es a corto plazo la solución, y hacerles caso en lo que propongan.
Rudolf Hommes
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Editorial - opinión
- Fecha de publicación
- 16 de marzo de 2012
- Autor
- Rudolf Hommes

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