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El libro que abre el debate sobre quién mató a Joe Arroyo

Autor de la publicación plantea que el artista fue obligado a cantar en estado crítico de salud.

-Me quiero morir, mi hermano, ¡me quiero morir!

-No me digas eso, Joe, que a mí no me dejan verte. ¿Por qué no te vienes ya mismo para mi casa y me cuentas todo lo que te pasa?

-Tú sabes que no puedo, Chelo. Sólo me quiero morir. Ahora mismo me tienen encerrado.

Este diálogo entre el cantante Álvaro José Arroyo y su pianista de muchos años, Chelito de Castro, da inicio al libro ¿Quién mató al Joe?, del periodista Mauricio Silva, que plantea en cien páginas la hipótesis de que personas cercanas al artista -específicamente su viuda Jacqueline Ramón y su mánager Luis Ojeda- pudieron acelerar la muerte del artista, a los 55 años, al no respetar los cuidados que le sugerían los médicos y obligarlo a estar en tarima, incluso, cuando su estado de salud era crítico. (Siga este enlace para leer un capítulo de '¿Quién mató al Joe?')

Silva, autor también de El centurión de la noche, que recoge la historia de vida de Arroyo, comenta que se encontró con un par de situaciones que lo hicieron seguir la historia del Joe porque le parecían sospechosas. "Por un lado, en los primeros meses de 2011, el empresario de conciertos Ángel Thorrens dijo en El Heraldo: 'El Joe está siendo explotado por su mujer y su mánager para sacarle plata'. Por otro, en los dos últimos meses de vida su tragedia se hizo más evidente al ver que el mánager y su esposa daban versiones sobre la salud del cantante que no coincidían con la verdad", dice Silva. (Siga este enlace para conocer cuáles son las revelaciones del libro '¿Quién mató al Joe?')

Esto llevó al periodista a entrevistarse con personas cercanas a Arroyo, familiares y amigos y -con base en opiniones recogidas- a afirmar que su muerte pudo evitarse. "Tal y como lo comprueba su historia clínica -agrega Silva-, el Joe debió haber estado quieto muchos años antes de su muerte. Y no solo no lo ayudaron a parar, sino que firmaron contratos cuando estaba muriéndose en el hospital. Había intereses sobre su patrimonio, incluida su obra. Y quienes lo cuidaban hicieron lo contrario a lo que sugerían los médicos".

Entre quienes lo cuidaban estaba, claro, su última esposa, Jacqueline Ramón. Al plantearle algunas de las afirmaciones que aparecen en el libro, Ramón responde que todo tendrá que ser demostrado judicialmente. "Que yo sepa, nadie explota a nadie si la persona está consciente -dice Ramón-. Y durante toda su vida, el Joe estuvo consciente".

(Vea acá galería de fotos inéditas de 'El Joe').

El Joe Arroyo que muestra el libro de Silva es una persona falta de carácter, que se dejaba dominar por los demás, sobre todo si eran mujeres. "Una persona inestable emocionalmente, primero debido a la ausencia de figura paterna, y luego -hasta su muerte- por cuenta del suplicio en el que se le convirtieron sus relaciones sentimentales. A esto hay que agregarle algo que estropeó radicalmente su vida: la drogadicción".

Según narra el libro, el cantante consumió bazuco durante 34 años seguidos, incluso hasta pocas semanas antes de morir. A esta droga le sumaba marihuana y la llamada 'piedra', que no es otra cosa que el crack gringo (un derivado de la cocaína que se obtiene mezclándola con bicarbonato, agua y hielo). Si por más de la mitad de su vida estuvo metiéndole eso a su cuerpo, cabría suponer que el mismo Joe fue quien mató a Joe.

-¿No podría pensarse que él mismo buscó su muerte?

-Joe era un tipo débil, pero no creo que él se haya buscado su muerte -responde Silva-. Lo que pasa es que terminó desesperado cuando se vio derrotado. Y ahí es cuando le dice a uno de sus mejores amigos, Chelito de Castro, que se quiere morir.

El libro presenta varios testimonios que concuerdan con la versión de Castro, como los del cantante Checo Acosta y Adelita Arroyo, una de las hijas de Joe, quienes afirman que el cantante fue separado de sus amigos y familiares durante los últimos años, al punto de no dejarlo pasar al teléfono, no permitirle visitas y hacerlo permanecer en su casa y con las puertas cerradas con llave.

Adelita lo describió así:

"Un sábado mi papá me llamó y me dijo que estaba solo, encerrado, que por favor fuera a verlo. Yo me fui para allá y, cuando llegué, una vez más me encontré con mi viejo literalmente entre rejas. Jacqueline solía hacer eso: cuando mi papá estaba dormido, ella se iba y lo dejaba todo el fin de semana encerrado en el apartamento. Cerraba la reja exterior de la puerta con candado. Aquella vez él me lo hizo saber: 'mira en lo que terminé, encerrado en mi propia casa, como el preso'".

Jacqueline Ramón dice que todo eso es falso, que Joe salía a la calle, que se veía con sus hijas y que así lo pueden confirmar en muchos lugares de Barranquilla adonde iban. "Si afirman que yo lo encerraba, pues que me lo demuestren. Nadie separa a nadie. Cada quien escoge sus amistades, y Joe era autónomo en sus decisiones", agrega su viuda.

-¿Por qué cree, entonces, que están diciendo tanto en contra suya?

Ramón responde:

-Hay muchas personas envidiosas con la vida del Joe. Cuando yo entré en su vida, me las encontré. ¿Por qué estos supuestos amigos hablan y hacen todo ese show ahora y se callaron cuando él estaba vivo?

* * *

El otro personaje sobre el cual se despiertan interrogantes en ¿Quién mató al Joe? es Luis Ojeda, su mánager desde el 2000 hasta su muerte. Ojeda, que entró a la Orquesta la Verdad en 1985 como animador, es descrito en el texto como una persona blanda que sirvió a los intereses de Ramón, entre los cuales estaba la firma de conciertos, pese a la mala salud del artista. "Por ejemplo -dice Silva-, en 2010 el Joe estuvo hospitalizado y, en medio del drama, Ojeda tuvo el descaro de insinuarles a las hijas del artista: 'Ustedes, que tienen buena vara con los doctores, ¿por qué no le preguntan cuándo estará listo el man para cuadrar los contratos?"

Según las historias clínicas a las que tuvo acceso el periodista, Arroyo tenía una suma de males crónicos que fueron descritos de esta manera: angina inestable de alto riesgo, lo que evidenciaba un serio compromiso cardiaco; diabetes mellitus tipo 2, neuropatía, nefropatía diabética (es decir, que el riñón había sido afectado por los altos niveles de azúcar), afección de pulmón e isquemia en el corazón. Ante esta suma, dice Silva, el cantante debía bajar su nivel de vida y, sin embargo, lo que hacía era ir de la cama a la tarima. Otra afirmación que vuelve a negar Ramón, quien asegura que el Joe recibió todos los cuidados médicos que necesitó, aunque reconoce que él mismo era quien pedía seguir ante el micrófono. "Decía que quería morir en una tarima -dice su viuda-. ¡Y quién podía quitarle esa voluntad!"

Sea como fuere, el abogado Abelardo de la Espriella -que defiende los intereses de las hijas de Arroyo- demandó a Jacqueline Ramón por el cargo de homicidio preterintencional, entre otros. "La señora Ramón sabía que al explotar al Joe como lo hizo, conociendo la precariedad de su salud, podía llegarle a causar la muerte, y aun así no cesó en su empeño -dice Silva-. Cuando consulté a De la Espriella, él aclaró: 'Es evidente que la denunciada podía haber previsto el resultado de su criminal actuar y no hizo nada por evitarlo'".

Además de esto, investigarán el estado de los derechos de las canciones de Arroyo, cedidos a la sociedad Joeson Music, que Jacqueline Ramón y su hermana, Marianela (como suplentes), constituyeron con Arroyo. "Lenta y metódicamente, transfirieron su obra y todo tipo de bienes a una sociedad que Arroyo firmaba en lamentables condiciones físicas y mentales", insiste el periodista.

Ramón dice que hasta el momento no ha sido informada ni citada por la Fiscalía, pero que está lista para responder, así como "para demandar al autor del libro y a quienes ahí hablan porque todo lo que afirman es mentira". Mauricio Silva se mantiene y se arriesga a decir que, si otra hubiera sido la historia, el Joe podría estar hoy frente al mar viviendo de su fama y su fortuna.

MARÍA PAULINA ORTIZ
Redacción EL TIEMPO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Entretenimiento
Fecha de publicación
11 de marzo de 2012
Autor
MARÍA PAULINA ORTIZ

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