Aumenta la presión sindical

Aumenta la presión sindical

Los gremios empresariales deberían estar construyendo puentes con los sindicatos.

Aumenta la presión sindical
1 de marzo de 2012, 11:43 pm

    Una de las consecuencias más interesantes de la celebración del acuerdo de libre comercio entre Colombia y los Estados Unidos es que le ha dado un impulso a la actividad sindical. Aunque los intereses de los trabajadores locales siguen siendo contrarios a los de los sindicatos de EE. UU., estos están dándole un fuerte impulso al sindicalismo en Colombia para que las empresas colombianas no compitan con lo que ellos vislumbran como prácticas desleales en el contexto laboral.

    Apoyados por la embajada de ese país, por la Usaid y las demás instituciones afines que operan en Colombia, patrocinan a líderes sindicales y presionan al Gobierno para que le dé un renovado impulso al movimiento sindical. El talante liberal, socialdemócrata, del presidente Santos lo predispone a adoptar una posición proactiva a favor de los trabajadores, como lo ha hecho también a favor de los campesinos; y Rafael Pardo, que tiene ese mismo sesgo, un poco más inclinado hacia la izquierda, no se hizo cargo del Ministerio del Trabajo para ganarse la antipatía de los sindicatos, sino para recuperarlos.

    Los empresarios enfrentan hoy, en consecuencia, una situación muy distinta a la que han vivido en el pasado reciente, y la primera reacción que tienen cuando reaparecen los sindicatos dentro de sus empresas es despedir a los que se afilian a ellos y tratar de sofocar los brotes de sindicalismo dentro de la empresa. Temen con razón volver a las épocas de violentos enfrentamientos de clase entre patronos y trabajadores, a las huelgas ruinosas, a las alianzas entre la guerrilla y los líderes sindicales. Temen por su seguridad personal y la estabilidad de sus empresas. Temen que renazcan los sindicatos que arruinaron a los puertos, a los ferrocarriles, a las empresas públicas y a las grandes del sector privado.

    Pero la paz y la armonía social no se van a alcanzar si son esos temores los que determinan el futuro o, peor aún, si los acallan o los reprimen y reaparecen los sindicatos depredadores y subversivos del pasado. En este momento, cuando se entrevé con muchas dudas un pequeño rayo de esperanza para la paz, lo último que necesita el país es un enfrentamiento pugnaz en las empresas, la reaparición de la mano negra empresarial o el radicalismo violento sindical.

    Los empresarios deberían prepararse para fomentar un ambiente de colaboración entre patronos y trabajadores, y el movimiento sindical tiene que renovarse para construir otro tipo de relaciones con aquellos. El modelo es Lula, pero no se sabe si los líderes históricos locales, Tarcisio Mora o José Roberto Gómez, por ejemplo, son capaces de dar el volantín que se necesita. El foco de la actividad sindical en la actualidad es acabar con la tercerización en todas sus formas, aun las que operan legalmente, y construir sindicatos de industria. Los empresarios creen que eso es hacerles el juego a los sindicatos gringos que buscan aumentar los costos laborales en Colombia, lo cual puede fomentar el desempleo y la informalidad.

    Tiene que haber otro camino para mejorar el ambiente laboral y las condiciones del mercado de trabajo sin afectar la competitividad y ese camino es de colaboración entre patronos y trabajadores para aumentar la productividad. El Gobierno puede desempeñar un papel muy importante para la construcción de esas nuevas relaciones, tanto en el campo de educación de las partes involucradas como en su calidad de legítimo árbitro entre intereses en conflicto, modificar las leyes que imponen cargas excesivas que promueven la tercerización y moderar el sesgo antipatronal en los juzgados. Los gremios empresariales, en lugar de estar buscando enemigos en el sector público, deberían estar construyendo puentes con los sindicatos para concebir nuevos esquemas de cooperación entre trabajadores y patronos.