El Museo del Muro registra la crueldad comunista que vivió Berlín

El Museo del Muro registra la crueldad comunista que vivió Berlín

Hace 50 años, Rainer Hildebrandt hizo la primera muestra del museo, en un pequeño apartamento.

El Museo del Muro registra la crueldad comunista que vivió Berlín
1 de marzo de 2012, 04:29 am

El Museo Checkpoint Charlie o Museo del Muro es uno de los pocos que expresamente registran el poder tiránico de una dictadura. En este caso, la crueldad comunista.

La historia del Muro de Berlín comenzó el sábado 12 de agosto de 1961. Los residentes de las zonas Este y Oeste de la ciudad se encontraban en sus lugares veraniegos favoritos disfrutando de los últimos rayos del sol. No tenían manera de saber que algo extraño sucedía y que al final de la noche la travesía desde un extremo de la ciudad al otro sería imposible. Rainer Hildebrandt, con su Museo Checkpoint Charlie, se ha asegurado de que el mundo recuerde ese día para siempre.

Aquella noche, los principales miembros del Politburó de la República Democrática Alemana (RDA) -controlado por los soviéticos de Alemania oriental- participaban de una incómoda reunión en la casa de huéspedes del Gobierno en Döllnsee. No era raro que el Politburó tuviera conferencias en Döllnsee, pero esta era diferente. El personal de limpieza recibió la orden de pasar la noche, al igual que los invitados. Los susurros inquietantes y el clima de incomodidad de la reunión supervisada por militares se prolongaron hasta las 10 de la noche. A esa hora la decisión de cerrar las fronteras entre el Este y el Oeste se presentó como un hecho consumado.

Dos días antes, el primer ministro soviético, Nikita Khrushchev, había autorizado construir un muro para impedir que los habitantes del este de Berlín continuaran migrando. ¿La explicación? Esta migración interna erosionaría la credibilidad de la RDA y acabaría con su fuerza laboral. Para la medianoche de ese 12 de agosto, más de 30.000 soldados de Alemania oriental habían abandonado sus puestos para rodear toda la frontera oeste de Berlín.

Cuando la noticia del bloqueo se extendió por toda la ciudad a la mañana siguiente, la gente no supo cómo reaccionar. De un momento a otro, fue imposible cruzar Berlín sin documentos de identificación y sin ser hostigado por las fuerzas soviéticas y sus cómplices en los puestos de seguridad de Berlín oriental.

El "american sector" (Berlín occidental) fue una pequeña isla de libertad dentro de la RDA, y el éxodo a esta zona había comenzado mucho antes de que el muro fuese construido. En los 12 años anteriores, cuando ya los comunistas prosoviéticos controlaban Alemania oriental, más de 2,5 millones de personas se trasladaron voluntariamente hacia el oeste. De estos, 144.000 se fueron en 1959, 199.000 en 1960 y 207.000 en los primeros siete meses de 1961.

Los soviéticos, en vez de abordar las causas del éxodo, decidieron que tenían derecho a impedir la salida de "su" fuerza de trabajo. Fue la solución de ingeniería social más eficiente.

En la noche, con alambres de púas rodeando el perímetro, se hizo el anuncio oficial. Millones de alemanes quedaron atrapados en el este de Berlín, incapaces de salir de esta enorme prisión en la que se había convertido la Alemania del este. Había que estar seguros de que tenían el apoyo incondicional de la ciudadanía.

Para ello, reunieron a quienes consideraban disidentes, incluyendo no solo a los que abiertamente criticaron al Gobierno, sino también a los que habían estudiado o trabajado en el oeste, los "cruzafrontera". Estas personas fueron enviadas a prisiones administradas por la policía estatal de la RDA, como la Stasi, o a las "fábricas de intercambio de trabajo", es decir, fábricas con mano de obra esclava.

Según cifras oficiales, 28 personas lograron escapar de Berlín oriental el primer día, y 41 el segundo día. Esa noche, se disparó contra una pareja que nadaba en el canal Teltow. Aunque nadie murió, fue un presagio de lo que estaba por venir. Alemanes del este que vivían en la Bernauer Strasse, la calle que se alineaba con el muro, se arrojaban por las ventanas de sus apartamentos para cruzar al occidente. En el museo, varias fotografías dan testimonio de este drama. Incluso después de que sus ventanas fueron selladas con ladrillos, algunos intentaron saltar desde los techos.

Los simpatizantes de Berlín occidental, junto a los bomberos, se ubicaban del lado occidental de la frontera con sábanas, intentando recibir a quienes se lanzaban. Sin embargo, entre la policía de Alemania del este que los perseguía y la imposibilidad de sobrevivir a la caída, muchos simplemente preferían morir antes que vivir sin libertad.

Un año después, Peter Fechter, un albañil de 18 años de edad, recibió un disparo de un guardia fronterizo que lo dejó desangrarse hasta la muerte, mientras sus escalofriantes gritos de ayuda se podían oír a ambos lados del muro. Fechter se convirtió en la primera víctima de los guardias.

Durante los próximos 28 años, 191 personas más perderían la vida intentando atravesar el muro.

Si bien la Guerra Fría puede parecer muy lejana hoy, es importante que pocos meses después del 50 aniversario de la construcción del muro, se vuelva a examinar el marco histórico en que se permitió la atroz división de una ciudad. Además, debe servir como recordatorio de que un país que no permite que sus habitantes salgan es un Estado totalitario. Birmania, Corea del Norte, Cuba y Vietnam son algunos ejemplos actuales.

El historiador alemán y militante anticomunista Rainer Hildebrandt comprendió esta necesidad mejor que nadie. El 19 de octubre de 1962, trece meses después de que el Muro de Berlín fue levantado, Hildebrandt organizó su primera exposición en un apartamento de dos habitaciones, en la Bernauer Strasse. "Sugeríamos a nuestros visitantes que estuvieran agradecidos con los guardias fronterizos que no disparaban a matar: '¡Hay que ver más allá del uniforme!' les decíamos. Algunos guardias vieron que los entendíamos, y después de escaparse vinieron a trabajar con nosotros -señala Hildebrandt-. El gran número de visitantes nos animó a buscar nuevas instalaciones."

Un año más tarde, Hildebrandt abrió Haus am Checkpoint Charlie, también conocido como el Museo del Muro, una colección de fotos, relatos y artículos que documentaban el daño que el muro causaba. Este es un conmovedor testimonio del espíritu indomable de la libertad. El museo documenta los audaces escapes que tuvieron éxito; la mayoría de ellos contaron con la ayuda de gente común, sin recursos a su disposición, excepto coraje y creatividad.
Por ejemplo: submarinos de fabricación casera, disfraces militares, compartimentos secretos en automóviles, aviones de fabricación casera, catapultas humanas y el robo de identidad. El museo contiene información y detalles de los objetos más impresionantes de los escapes.

El museo se encontraba situado junto a un prominente puesto de control en un paso fronterizo (del que tomó su nombre). El lugar también se convirtió en refugio y un punto de reunión para quienes ayudaban a los que se querían escapar. El tenaz fervor de Hildebrandt por esta causa culminó con la creación de un exhaustivo repertorio de objetos de la RDA, que hasta el día de hoy puede verse todos los días del año en su ubicación original, cerca del paso fronterizo Checkpoint Charlie. El museo también alberga la máquina de escribir Charter 77 de Checoslovaquia, la máscara de la muerte de Andrei Sakharov, pareja de Elena Bonner, y las sandalias y el diario de Mahatma Gandhi. Es sin duda uno de los primeros museos de la resistenciapacífica internacional.

El proyecto de Hildebrandt ha servido como un recordatorio de la crueldad soviética, y su impacto supera cualquier iniciativa parecida que se haya realizado en Estados Unidos o Europa occidental.

Pasó más de un cuarto de siglo, hasta el 9 de noviembre de 1989, el día en que el oficial del Politburó de la RDA, Günter Schabowski, anunció oficialmente que los viajes "al exterior" desde Alemania oriental estarían autorizados.

Inmediatamente, los habitantes del este y el oeste de Berlín se aglutinaron masivamente frente al Muro, haciendo caso omiso a la advertencia de que los viajes debían ser previamente autorizados por el Gobierno.

Durante algunas horas, un confuso control de las fronteras intentó dominar a la multitud, pero pronto fue abrumado por la euforia de las masas y, por primera vez en 28 años, se permitió que la gente cruzara libremente.

Este es el momento en el que, según los libros de historia, el Muro de Berlín "cayó". Pero en realidad no fue así.

El Muro de Berlín fue derribado, principalmente por jóvenes con martillos, picas, tractores, poleas, y un espíritu indomable que se fortaleció con los años a través de las acciones pacíficas de quienes documentaron, presenciaron y se rebelaron contra la crueldad y la inhumanidad de la tiranía comunista.

Es importante reconocer y prestar atención a hombres como Hildebrandt, cuyo trabajo de toda una vida ha tocado a millones. Hildebrandt es un hombre que representa a quienes rara vez reciben el reconocimiento que se merecen.

La viuda de Hildebrandt entiende que en lugares como Rusia, Corea del Norte, Siria, China, Cuba, Birmania, Arabia Saudita, Irán y muchos países africanos (demasiados para listarlos aquí), pueblos enteros están siendo asediados dentro de sus naciones por gobiernos opresivos. Para la suerte de estos pueblos aún existe una pequeña isla de libertad en Berlín, en el Museo Checkpoint Charlie, donde siempre encontrarán aliados en la lucha por la libertad.

Traducido del original en inglés por Alejandro Gutierrez.

Thor Halvorssen
Especial para EL TIEMPO