Cerrar

Últimas Noticias de Colombia y el Mundo - ELTIEMPO.COM

Últimas Noticias

Ver más últimas noticias

Patrocinado por:

Dique contra el narcotráfico y la violencia

Los restos del narcotráfico siguen inficionando la vida colombiana.

    En medio del auge mineroenergético, con sus ostensibles beneficios y sus riesgos colaterales, los restos del narcotráfico siguen inficionando la vida colombiana, sea persistiendo en las manifestaciones de violencia o utilizándolas en su servicio o aun revelando la historia de su protagonismo y de sus congéneres en pasadas acciones criminales. Es más. La nación acaba enredándose en cosas que fueron juzgadas y, al calor de los dolorosos recuerdos, absolviendo implícitamente a sus autores y condenando a quienes sirvieron de escudo a la legalidad democrática.

    Tras tantos desafíos superados y tantas batallas ganadas al narcotráfico, sus residuos se refugian en las bandas criminales (bacrim) y en las organizaciones subversivas de las Farc y el Eln. Así consiguen financiarse y persistir. Los extremos se tocan y acaban nutriéndose de las mismas fuentes. De antemano se sabía que era fácil impedir el ingreso de su organización delictiva al país, pero sumamente difícil y costosa la necesaria e irrenunciable tarea de expulsarla. Imposible como fue y es vivir con ella en paz, sin acceder a sus exigencias e imposiciones contra la ley, la salud y la moral. Bien hizo el expresidente Clinton, actualmente huésped gratísimo de Bogotá, en ofrecer y materializar el respaldo financiero y político de Estados Unidos a la Operación Colombia.

    Los episodios ilícitos abundaron. Desde los intentos de infiltración en los organismos del Estado hasta la penetración en los mecanismos de la estructura democrática, representativa y gubernamental. Con sus huesos en la cárcel han pagado no pocos su venalidad y complicidad. Merced a las confesiones de varios reos, algunos extraditados, se han venido a conocer las intimidades de las tramas que se urdieron para segar las vidas de destacadas personalidades, cuyas actuaciones y palabras testimoniaban su aversión por esa tortuosa y maligna causa. Nada excusaría no perseverar en combatir esta clase de criminalidad y todas las otras que van apareciendo. O distraerse en polémicas insensatas y extemporáneas.

    En lo tocante a los beneficios y los riesgos del auge mineropetrolero, digamos en primer término la satisfacción por que Colombia haya alcanzado con creces la autosuficiencia en hidrocarburos, meta que, pese a ser indispensable, se llegó a creer de dudosa factibilidad. Va siendo un logro de importancia excepcional, tanto más al haber preservado y fortalecido la condición de exportable y proveedora de recursos de cambio exterior. El carbón y los metales han venido a reforzar y diversificar tales ingresos.

    Dos peligros por conjurar se echan de ver: que su rentabilidad, en lo tocante al país, no compense la extracción de riquezas no renovables, ni el daño eventual al medio ambiente. Y que, por otra parte, la apreciación o revaluación del tipo de cambio desaliente o impida aquellas actividades que crean valor agregado y generan abundante empleo, necesidad máxima de Colombia. Concretamente, la agricultura y la industria que movilizan numerosa mano de obra, proveen también apreciable monto de divisas y elevan los niveles de vida de las clases populares con la movilización de sus energías, destrezas y conocimientos.

    En Venezuela se pregonó que era menester sembrar la prosperidad del petróleo y no lo hizo. Entre nosotros, conviene seguir ese consejo y perseverar en modernizar, extender e intensificar nuestra agricultura y en ver de realizar el sueño tantas veces frustrado de industrializar al país. El mejor dique contra el narcotráfico y la violencia es una economía próspera, socialmente equitativa y democrática, con pleno empleo de sus recursos humanos y materiales.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
15 de febrero de 2012
Autor
Abdón Espinosa Valderrama

Publicidad

Paute aqu�

Patrocinado por: