Cerrar

Publicidad

Últimas Noticias de Colombia y el Mundo - ELTIEMPO.COM

Últimas Noticias

Ver más últimas noticias

Patrocinado por:

Amilcar Brusa, el paso de un gigante por Colombia

Este argentino estuvo en la esquina de seis colombianos en campeonatos mundiales de boxeo.

Sin dormir, a don Amilcar Brusa casi lo sorprende la salida de sol, el sábado 10 de agosto de 1985, en Miami (Estados Unidos), escribiendo postales y cartas a sus amigos regados por el mundo, como era su costumbre desde que salió años atrás de su natal Argentina, con mensaje igual a todos:"Anoche gané un título con un colombiano llamado Miguel 'Happy' Lora. Pero esa, que usted ya debe saber, no es la noticia... La verdadera noticia la anticipo en estas líneas: Con este chiquito voy a cansarme de ganar...", escribió.

Esas palabras, que resumían la extraordinaria actuación horas antes del monteriano sobre el zurdo mexicano Daniel Zaragoza y la conquista del campeonato del peso gallo del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), fue el primer contacto favorable con el boxeo colombiano del entrenador, fallecido el pasado 27 de octubre en su natal Santa Fe (Argentina), a los 89 años.

Antes, el gigante director técnico, que dejó una huella de seis campeones en el país y trabajó con un séptimo, siempre estuvo en la esquina opuesta y celebró.

Primero con su máxima obra y uno de los mejores campeones mundiales del peso mediano de todos los tiempos, su compatriota Carlos Monzón, cuando enfrentó dos veces, en el principado de Mónaco (1976 y 1977), al cartagenero Rodrigo Valdés, en las denominadas 'Peleas del siglo', que paralizaron, literalmente, al mundo, en especial a Europa, Estados Unidos y Suramérica.

Y, luego, con un dominicano de poca monta y perdedor al que en Barranquilla el local Baby Sugar Rojas le propinó una paliza, pero a quien él transformó en campeón mundial del peso minimosca en Caracas, el dominicano Francisco Quiroz, que noqueó en agosto de 1984 en Ciudad de Panamá a un monteriano que peleaba bajo la bandera panameña: Víctor Sierra.

Brusa dirigió a Lora unas semanas antes de su conquista en su recorrido por el mundo que lo llevó a establecerse por segunda ocasión en Miami, tras permanecer un tiempo en Caracas, en vida errante obligada luego del retiro en 1977 de Carlos Monzón, quien previo a la primera pelea con Valdés tuvo una diferencia con su apoderado 'Tito' Lectoure, dueño del principal escenario del boxeo argentino, el mítico Luna Park. A Brusa no le contrataban los pupilos y se quedó sin trabajo. Tuvo que salir.

"Él me enseñó que descansara en las cuerdas y saliera de allí lanzando un recto de derecha al pecho. Así le gané fácil a un zurdo como Zaragoza y me coroné campeón mundial gallo. El título lo gané en parte por ese señor", recuerda Lora, a quien el argentino guió en cinco defensas y dejó antes de la sexta por diferencias de criterios.

El segundo contacto favorable para Colombia con Brusa también fue en Estados Unidos. Félix 'Tuto' Zabala, cubano radicado en Miami, que lo había contratado para 'Happy' Lora pero quien se había desligado del monteriano, le entregó a su pupilo Baby Sugar Rojas.

La noche del sábado 8 de agosto de 1987, en el Tamiami Park, en Miami, este periodista de EL TIEMPO fue testigo de cómo se estremecieron las cuerdas cuando, al sonar el último campanazo, el gigante argentino descansó su cuerpo sobre ellas y, con voz alta, gritó a los periodistas enviados especiales de su país, ubicados en ring side: "Ahí está el triunfo de mi chiquito... No tienen ninguna excusa...".

Era su revancha personal. Aún sin darse el fallo, se sabía por la amplia diferencia ocurrida en el cuadrilátero que Rojas era el ganador por decisión unánime de los jueces y nuevo campeón supermosca del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), destronando al veterano y favorito Santos Laciar, protegido por el llamado dios del boxeo argentino, 'Tito' Lectoure, el mismo que lo obligó a desertar de su país.

"Una vez antes de pelear contra Laciar, en Los Ángeles, lloré al ver a ese señor que me entrenaba llorar porque no podía dirigir en su país. Eso me partió el corazón", dice Rojas, que reconoce que deseaba retirarse del boxeo para estar de parranda, pero cuando conoció a Brusa todo cambió. "Me enseñó cómo debía salir del bajo mundo donde uno viene, mejoré mi entrenamiento y me mostró que solo con disciplina se puede triunfar".

Rojas recibió la única paliza en su vida en un entrenamiento con Lora, tras venirse a escondidas a unos carnavales de Barranquilla. Brusa, que sabía de su ausencia por el festejo, le ordenó esa práctica. Y antes de la pelea mundialista con Laciar, en Los Ángeles, donde se lo llevó a entrenar con 20 libras por encima del peso, un día le dio cuatro copas de vino con jugo de manzana y lo emborrachó.

Al día siguiente le pregunté por qué lo hizo, dice Rojas.
-Las ganas de tomar tuyas son inmensas, le respondió Brusa.

Brusa se radicó en Los Ángeles y en mayo de 1988, Billy Chams, presidente de la cuerda colombiana Cuadrilátero, le llevó a su pupilo Tomás Molinares. Ese mismo día le botó el protector bucal porque era de principiante y al día siguiente le mandó hacer uno a la medida de su boca. Durante tres meses de preparación, todos los días le repetía a Alberto Agámez, periodista y gerente de Cuadrilátero enviado para acompañar a Molinares: "Que trabajo el tuyo, controlar a este buen boxeador, pero con genio de pibecito".

La mañana del miércoles 27 de julio de ese 1988, en Atlantic City (Estados Unidos), este periodista -a quien trató de manera especial por su parecido físico con Carlos Monzón-- fue también testigo de cómo la última intervención de la presentación de un doblete mundialista del peso welter conmovió a los asistentes. Por cerca de 10 minutos, Brusa tomó el micrófono y contó que en 1970 fue a Roma con un pupilo y, al igual que ahora, las luces de las marquesinas y los afiches eran para el campeón.

"Aquí el nombre de este joven --dijo--, Tomás Molinares, no figura. Es un desconocido. Pero el viernes saldrá por la puerta grande y ustedes todos estarán detrás de él. Como aquella vez en Roma, todos después salieron detrás de mi pupilo y nuevo campeón mundial. Ese campeón llamado Carlos Monzón". 

No se equivocó. Una demoledora derecha cayó justo en el campanazo final del sexto asalto sobre el estadounidense Marlon Starling, y el viernes 29 de julio Molinares conquistaba el título welter de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB). El video exhibe a un Molinares histérico y Brusa tratando de calmarlo y ordenando un abrazo para Agámez. "Si no lo mandan contigo, no pasa esto", dice Agámez que expresó el argentino, que así ganaba un tercer título mundial con Colombia.

Entonces Chams lo convenció para radicarse en Barranquilla, en 1992, y como director técnico de Cuadrilátero, en cuyo gimnasio se escuchó su voz rígida y exigente para ordenar, pero amable y servicial fuera del entrenamiento, sin importar que el pupilo fuera un novato, como en aquel entonces era el futuro campeón mundial Irene 'Mambaco' Pacheco.

Había alcanzado previamente dos títulos más: con el supergallo sucreño Luis 'Chicanero' Mendoza, también miembro de Cuadrilátero y a quien consideró el alumno que mejor captaba sus enseñanzas; y con el welter junior Rafael Pineda, compañero de Mendoza. Aquí obtuvo el sexto con el peso mosca Francisco Tejedor. Además dirigió al campeón mundial supermosca bolivarense Harold Grey.

"Escucharlo hablar era aprender", dice Orlando Pineda, entrenador de múltiple campeones mundiales que trabajó bajo su mando hasta 1996. "Enseñaba boxeo y ponía ejemplo de vida", sostiene Álvaro Mercado, uno de sus pupilos que disputó título mundial. "Era el mejor entrenador del mundo", asegura el promotor puertorriqueño Félix 'Tutico' Zabala, que siguió los pasos de su padre y trabajó con Brusa.

Chams compartió muchos domingos de descansos en la playa de Salgar, cerca a Barranquilla con Brusa y su esposa Blanca (60 años de casado y tres hijos hasta su muerte el año pasado). "Aquí mi me tocó darle la noticia por teléfono de la muerte de Monzón (8 de enero de 1995) y quedó mudo", recuerda Chams. Brusa confesó en junio pasado al periodista Fabio Poveda Ruiz que se encerró dos días y cuando salió a la calle recibió la solidaridad de la gente. "Lo de Barranquilla nunca se me olvidará de mi vida", declaró.

El periodista y escritor Fausto Përez Villarreal visitó el apartamento de Brusa, en el edificio Los Angeles del barrio El Prado, y ahí, en medio de mate y Bacaratt, su juego preferido, le escuchó cantar el tango que más le gustaba, 'Por la vuelta', de Enrique Cadícamo. Cerraba los ojos y se llevaba la mano derecha al corazón: " 'Afuera es noche y llueve tanto... Ven a mi lado', me dijiste, hoy tu palabra es como un manto, un manto grato de amistad...".

 Brusa amaba a su patria, a su equipo Unión de Santa Fe y luego a Colombia. Por eso, la llegada al club del futbolista samario Antohnny de Ávila, a finales de los 80's, lo llenó de alegría. Pedía los reportajes de los periódicos y revistas de su ciudad y en Estados Unidos lo repartía a sus amigos de la prensa colombiana. EL TIEMPO publicó uno de ellos.

A Chams le gustaba la sinceridad de Brusa. "Decía que 'Chicanero' Mendoza sería campeón del mundo por su inteligencia, pero que Rafael Zúñiga jamás llegaría por flojo", recuerda. Una noche fría de diciembre de 1994, en Bogotá, tras perder una pelea de campeonato mundial, no tuvo pelos en la lengua para asegurar a este diario que su pupilo 'Chicanero' Mendoza se había subido al tobogán.

Es un Brusa histórico, de 14 campeones mundiales de diferentes nacionalidades (Argentina, Colombia, República Dominicana, Venezuela y El Salvador), que regresó viejo a su patria y siguió fabricando campeones. Que para el bien del país, luego de propinarnos tres derrotas, se cambió de esquina, estuvo de nuestro lado, y, como escribió una noche de agosto de 1985 en Miami, desde entonces se cansó de ganar para Colombia.

ESTEWIL QUESADA FERNANDEZ
Redactor de EL TIEMPO
Barranquilla

Publicación
eltiempo.com
Sección
Deportes
Fecha de publicación
31 de diciembre de 2011
Autor
ESTEWIL QUESADA FERNANDEZ

Publicidad

Paute aqu�

Publicidad