Una alternativa real
El cable, pues, es una de esas alternativas. Considerarlo ya sería un acierto.
A comienzos del siglo XX en Manizales funcionaba una revolucionaria forma de transporte que, por los precarios conocimientos técnicos de entonces, la tuvieron que cerrar para siempre (un accidente donde se mataron unos estudiantes forzó esa decisión). Se trataba del cable, donde la gente viajaba por los aires desde Manizales hasta Mariquita, en una especie de tarabita más sofisticada. En castellano se llamaría teleférico.
Lo que acaba de suceder con las carreteras del país es una voz de alerta para que el Gobierno Nacional comience a preguntarse por sistemas de transporte alternativos que puedan soportar esa enorme masa de colombianos que se desplaza todos los días. El cable, sin duda, es uno de ellos. Con las innovaciones técnicas de esta modernidad sería un medio de transporte eficaz, que despejaría el tráfico por las endebles carreteras nacionales. El país no puede quedar a merced de las aerolíneas, de estas aerolíneas que cada vez que hay desastres en carreteras comienzan a especular con los precios de los pasajes. Y, claro, nos ufanamos de que el aeropuerto de Bogotá es el que mayor carga mueve en Suramérica, pero no nos damos cuenta de que esa capacidad de carga está estrechamente ligada con la precaria infraestructura vial que poseemos. Si los inviernos siguen azotando nuestra tierra de la misma manera que estos dos últimos años, con seguridad toda la carga del país estará a merced de las aerolíneas, de estas aerolíneas.
El cable de Manizales se cerró porque, como he dicho antes, nos parecemos al Coyote del Correcaminos, que siempre tiene las mejores trampas y las desecha porque un tornillo se zafa, o un resorte queda mal puesto. Por eso mismo, cuando se mataron los estudiantes en el Cable, en vez de preguntarse cómo mejorar ese sistema de transporte, simplemente se optó por clausurarlo para siempre.
La historia recuerda que Gustave Eiffel construyó varias de las torres que se usarían en el cable, pero un desafortunado accidente hizo que se hundieran frente a Bocas de Ceniza. Los ingenieros locales decidieron usar madera inmunizada para construir las torres, creo que guayacán, y los europeos se burlaron porque no le daban más de veinte años de vida útil. Y esas torres, sin embargo, estuvieron de pie por más de sesenta años. La estación de cable de Fresno así lo confirma, y el monumento al cable de Manizales hoy en día es una atracción turística.
Por descabellado que parezca, ese sistema de transporte evitaría que Manizales o Bogotá quedaran incomunicadas, como pasó recientemente, cuando se derrumbaron el páramo de Letras y el alto de La Línea: un número exorbitante de tractomulas represadas sin poder llegar con la mercancía a la capital, millones de dólares en pérdidas diarias. O Manizales sin agua, sin gas y casi que incomunicada porque la mayoría de las carreteras que la unen con el país estaban muertas. Supongo que habrá ingenieros locales o extranjeros que podrían optimizar ese sistema de cable: lo imagino con vagones para treinta o cuarenta pasajeros desplazándose en el aire por esas montañas andinas tan hermosas y escarpadas. Además de ser un medio de transporte más seguro, es un medio de transporte limpio, de cero emisiones al medio ambiente y de cero impacto ambiental porque no habría que deforestar esas montañas para construir caminos, como siempre se hace; también es un medio de transporte recreativo: porque los pasajeros estarían maravillados con aquellos paisajes, con la flora y fauna de las altas montañas. Y no sobra decir que sería un medio de transporte con un tremendo impacto turístico.
El cable, pues, es una de esas alternativas. Considerarlo, solamente considerarlo, ya sería un acierto; y considerar todas las alternativas posibles para que el país pueda sacar provecho de ese TLC que se nos vino encima.
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Editorial - opinión
- Fecha de publicación
- 19 de diciembre de 2011
- Autor
- Cristian Valencia

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