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Los sorprendidos

Todos sabíamos que el Congreso de los EE. UU. aprobaría algún día el TLC suscrito hace ya tres años entre los dos gobiernos. Pero muchos resultan ahora sorprendidos.

Se sorprenden los sectores agropecuarios de baja productividad (la ganadería intensiva y buena parte de los productores de cereales) y sus voceros gremiales. La aprobación del TLC se atrasó porque la administración Uribe prefirió defender a estos sectores en lugar de pelear por un acceso de mercado más amplio para el sector agropecuario moderno y exportador. Por arrastrar los pies buscando "proteger" esos sectores de baja productividad, que se incluyeron con desgravaciones graduales a 20 años, vino un cambio en la composición del Congreso norteamericano y perdimos tres años preciosos. Perú, que comenzó a negociar a tiempo con nosotros, tuvo una actitud más agresiva y desde hace rato su floreciente "nueva agricultura" de la Costa ha sabido aprovechar bien el tratado. Acá, en cambio, se arbitraron recursos cuantiosos para que estos sectores se modernizaran (para eso eran las millonadas de Agro Ingreso Seguro) y ya sabemos lo que hicieron con ellos.

El gobierno Santos tiene ahora un reto, que puede representar una gran oportunidad. Podría promover la modernización de estos sectores con una mezcla de zanahorias (los recursos del AIS bien usados) y garrote (aumentar la presión tributaria sobre la tierra mal utilizada). El problema del agro colombiano es una mezcla de falta de bienes públicos (infraestructura rural, investigación y extensión agropecuaria y calidad de la educación rural) y mal uso de la tierra (una alta proporción de tierras con vocación agrícola dedicadas a la ganadería extensiva y a la búsqueda de valorización). Lástima que el Gobierno no tenga contrapartes para esta tarea: es penosa la pobreza técnica de los gremios del sector (SAC y Fedegán) que desde hace años, en lugar de exigir bienes públicos, se dedican a conseguir privilegios privados que no conducen a aumentos de productividad en el campo.

Se sorprenden también quienes hasta ahora se dan cuenta de que el mismo gobierno que promovió el TLC, en lugar de mejorar la infraestructura de transporte para la competitividad se dedicó a hacer carreteritas para la "gobernabilidad" y licitaciones parecidas a las del Distrito. El ministro Cardona tuvo que gastar tiempo precioso para arreglar los entuertos que encontró y enfrentar los desastres del invierno, pero ha presentado ya un plan importante de concesiones viales. Ojalá lo lleve a buen fin.

Se sorprenden algunos gurús de la izquierda, como el senador Robledo, que ven en el TLC un designio imperialista (por eso debe ser que el congreso de EE. UU. se afan tanto en aprobarlo) similar al de la colonización española. Con estos ideólogos, que no tuvieron empacho en apoyar la corrupción e incompetencia del Polo en Bogotá, y que coinciden tanto con las posiciones de la SAC y Fedegán, la izquierda colombiana tiene poco futuro. No en vano el pupilo del senador llega apenas al 1 por ciento de intención de voto en Bogotá, mientras los electores del Polo acompañan a Petro.

El TLC no es una panacea: es apenas una oportunidad. Que la aprovechemos bien depende de si mejoramos nuestra infraestructura y la calidad de nuestra educación y de si modernizamos los sectores atrasados del agro. Y de si dejamos de gravar el empleo formal. Ojalá la administración Santos, que comenzaba a dormirse en sus laureles, se pellizque y se ponga las pilas. Y que hagan lo mismo los confeccionistas, los productores de calzado y otros sectores intensivos en mano de obra que estaban en desventaja frente a sus competidores de Centroamérica, México, República Dominicana y Perú, quienes sí estaban aprovechando las ventajas de sus TLC. Y los floricultores y exportadores agrícolas que estaban pagando aranceles en EE. UU. desde que terminó el Atpdea. Y todos aquellos, en el campo y la ciudad, que ahora pueden desarrollar nuevos productos de exportación al mayor mercado del mundo.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
29 de octubre de 2011
Autor
Guillermo Perry

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