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Aprenda a enfrentar los efectos negativos del chisme

El chisme se propaga como un virus que no conoce de límites ni pudor, y lo peor, es muy contagioso.

"¡Pst, pst, pst! Le tengo el chisme...". Es la expresión socarrona que se usa a diario y que pasa por divertida, inofensiva y hasta rompe hielo en una conversación.  ¿Quién no ha caído herido en la emboscada de una lengua ponzoñosa y quién no se ha regodeado con el placer que produce el chisme? Al fin y al cabo, lo dice el psicólogo Alejandro Cortés, "esta forma de narración es un medio de relación entre las personas".

Por eso para muchos adquiere valía el dime cuánto rumoran de ti y te diré quién eres. Es decir, alguien podría creer que si se cae en las redes de un chisme, puede darse por bien servido porque existe y hasta se cotiza.

Eso lo podría decir Charlie Sheen, quien por cuenta de los escándalos por excesos, su papel en la serie Two and a Half Men, tuvo más visibilidad y, luego de salir de esta debido a su comportamiento, las especulaciones sobre él y sus adicciones aumentaron su fama a tal punto que en solo 24 horas ya contaba con más de dos millones de seguidores en Twitter, además organizó un tour para presentar su stand up comedy, llamado Charlie Sheen Live: My Violent Torpedo of Truth, con el que ganó siete millones de dólares. Por supuesto, eso sucede en una minoría de los casos, pues para la mayoría los efectos de una situación parecida o de la dispersión de un rumor malintencionado pueden ser devastadores.

Anatomía del chisme

¿Por qué a ciertas personas les seduce el chisme más que a otras y pueden convertirse en fábricas de rumores? "Falta de vida propia", señalan los expertos en comportamiento humano, como el psicólogo Alejandro Cortés. "Los chismosos son personas que no viven su vida hacia adentro y desde dentro, sino que viven la de los demás", responde la  psicóloga Olga Susana Otero.   

 Aunque no se podría afirmar que el chismoso tiene un perfil psicológico claro, "generalmente posee una personalidad obsesiva controladora, no le resulta fácil aceptar las diferencias de quienes lo rodean y por eso está presto a detectar el defecto en los otros", asegura Cortés.

Y si bien no es labor de poca monta hacer una radiografía del personaje, existen dos tipos: aquel que obtiene beneficios (laborales, sociales o académicos) mediante la destrucción de la imagen social de la persona objetivo del chisme, y el que busca popularidad y "se convierte en poseedor de información y, por lo tanto, obtiene atención de quienes lo rodean", afirma Cortés. 

 Esa malsana costumbre de disociar, dañar reputaciones y armar enredos con una habilidad para pasar inadvertido, tiene su raíz en la envidia extrema. "No resulta fácil establecer el comportamiento de chisme como una patología, sin embargo la utilización de este tipo de artimañas de manera extrema puede asumirse como un síntoma de neurosis o de esquizofrenia", sostiene  el experto.  

 Y el chisme no discrimina. No conoce género, raza o condición social. Seduce a hombres y mujeres sin distinción. Claro que cada uno tiene modos de maniobrar distintos. A ellos se les reconoce su astucia para capitalizar las habladurías. Escritores como Norman Mailer, que entrevistó a Marilyn Monroe, o Andrew Morton, célebre por sus biografías no autorizadas de Lady Di, Madonna, Angelina Jolie y Mónica Lewinsky, construyeron muchos de sus relatos a partir de infidencias. Mientras que sobre las mujeres cae el estereotipo de su supuesta afilada lengua. Lo que resulta siendo un prejuicio que no es justo con la realidad. 

 "No es ético sesgar a un género", dice Raquel Gómez, abogada y consultora en construcción de marca personal (Personal Branding). Sin embargo, la diferencia podría radicar en que las mujeres "suelen contar su vida personal y proyectos, y ponerlos en evidencia con sus compañeros con más frecuencia. Compartir más sus impresiones y sentimientos las hace más vulnerables frente al rumor. Los hombres, por lo regular, son más reservados", concluye.

Lo cierto es que el chisme coloniza todos los espacios, desde un pequeño círculo de amistades, hasta naciones. Y lo logra porque aparece y se propaga como un virus y no da tiempo para reaccionar. Pero ¿ser chismoso se contagia? "Una persona se puede volver así para ganarse a las demás. La presión de grupo la hace sucumbir", anota Otero.

Además "es fácil caer en la trampa porque la información que recibimos podemos retransmitirla, convirtiéndonos, sin quererlo, en cómplices", agrega Cortés. Y ciertamente da poder. "Los chismosos son por lo regular personas manipuladoras de las situaciones, ventajosas, y generan los rumores para crear confusión", apunta Otero.

¿Cómo neutralizarlos?

A los devotos del chismorreo se les puede mantener a raya. Generalmente son inseguros, ansiosos y asumen el control de las situaciones desde el ataque social, amparados en el anonimato. Una forma de neutralizarlos, dice Otero, es estar alerta y entender que "siempre que alguien se ocupe de contarle algo acerca de un tercero, tiene inconscientemente el deseo de armar una idea sobre otros".

Las víctimas más vulnerables, por lo menos en ambientes laborales, "son las que van en proceso ascendente y logran resultados contundentes y visibles. Otras potenciales son las que se exponen con actuaciones inadecuadas en eventos públicos", dice Gómez. En otras palabras, las que dan papaya. "Y las que no tienen reparos en hacer mesa redonda de sus vidas también pueden dar lugar a rumores, que nada tienen que ver con la dinámica productiva de una compañía", explica.

El daño a la integridad, a la imagen personal y a la autoestima, muchas veces es irreparable. "La víctima queda en desventaja, herida, con miedo y puede incluso volverse agresiva", explica Otero. Por eso "es vital la solidaridad con quien es objeto de los rumores, por cuanto muchas veces ignora el volumen o características de los mismos", precisa Cortés.

Los receptores de la información pueden cortar el teléfono roto "absteniéndose de divulgarla e informando a quien está siendo objeto de los chismes o conminando abiertamente a quien los genera o reproduce, estimulando así una sanción social a estos comportamientos", agrega. 

 Es clave la resolución y firmeza. A un chismoso "no hay que contarle nada y no permitirle que hable de terceros que no están presentes", insiste Olga Susana Otero.

 ¿Y qué puede hacer la víctima? "Es importante confrontar o desmentir la información divulgada o, por lo menos, es necesario que tenga la posibilidad de reivindicar su derecho a la privacidad", indica Cortés. El chisme es un vicio que se puede prevenir con asertividad, "esa capacidad que poseemos para expresar lo que pensamos o sentimos de manera adecuada, poniendo límites claros en los estilos de relación", apunta el psicólogo. 

 Y así chismear sea un acto inconsciente, quien lo ejerce en forma intensa necesita tratamiento psicológico  "si le gana la envidia y el deseo de excluir constantemente a otros con la fantasía de ser tenido en cuenta", recomienda Otero. Así que la próxima vez que escuche o diga "¡pst, pst, pst!, le tengo el chisme", piénselo dos veces... Su boca puede convertirse en una demoledora bomba de tiempo.

Chismes mentirosos de colección

- La boca sensual de la actriz Angelina Jolie es puro colágeno inyectado.

- Elvis Presley está vivo. Cansado de los chismes y la fama prefirió darse por muerto para ser un anónimo feliz.

- Justin Bieber apareció muerto... Pero de la risa, porque el cantante sigue trinando su éxito 'Baby'... baby ¡ohhhh!'

- Thalía se quitó un par de costillas para jactarse de su cintura de avispa. Y es cierto, no las tiene, pero porque así nació, dice ella... (y a la gente hay que creerle).

- El padre 'Chucho' salió de RCN porque tenía novia y hasta hijos.

- Que Osama Bin Laden negoció con EE.UU. su supuesta muerte 'mediática' para desaparecer de la escena pública.

- Barack Obama, presidente de EE.UU. mintió porque no nació allí. 

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
5 de agosto de 2011
Autor
FLOR NADYNE MILLÁN

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