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Ana Lucía Silva, ¡el cuerpazo más caliente de la TV colombiana!

Pocos la reconocen por su nombre real, pero sí como la porrista más 'sexy' de la TV en 'El Joe'.

En la vida real, Ana Lucía Silva no es hincha del Nacional y tampoco paisa, pero sí tiene unas curvas que más de una fanaticada quisiera en sus tribunas.
En una tierra tan caliente como su figura, el Desierto de
la Tatacoa, en Huila, posó para elenco.

A Ana Lucía poco le gusta el fútbol, pero ha ido aprendiendo del tema, sobre todo cuando le dijeron que su personaje en El Joe sería una porrista. Pero no solo hizo eso. También viajó a Medellín y vivió durante varias semanas en algunos de los barrios más populares de la ciudad para que su acento no sonara falso.

Y es que pocos saben que esta mujer, quien aparece en televisión siendo tan paisa como Natalia París, jamás en su vida había estado en Medellín, pues es una caleña de tiempo completo.
-Cuando estoy en Cali, en un solo día se me alborota el acento y ahí es donde se complica la vida.

Se complica porque de Cali no quisiera salir. Ella, la dueña de aquel cuerpo que genera envidias y pasiones, es una fanática de la salsa y encuentra en la noche y las canciones arrebatadas la posibilidad de escapar a sus propias presiones. Por eso adora a Cali, porque sabe que en cualquier discoteca podrá encontrarse con un buen parejo que entienda que para una caleña bailar es un ritual, una demostración de talento, pero sobre todo una terapia para exorcizar demonios.

-Cuando me ponen salsa, no hay quien me siente. Quiero bailar sin parar, con todo el 'titicó' y con toda la pasión, pero cuando el acompañante sale mal parejo intento sentarme o pido cambiar de discoteca. Cuando sale uno de esos que ni coordina, es un dolor de cabeza; porque soy arrebatada.

Por eso no se extrañen si algún día la ven en las noches bogotanas, apoderada de una pista de baile, como si se tratara de su última noche. Y tampoco se molesten en acercársele, porque, al menos por ahora, no quiere un parejo que le siga el paso.
-Me gusta estar sola, creo que me cuesta encontrar a alguien de quien pueda enamorarme; así que por ahora sigo sola, tranquila y feliz con la vida.

Ana Lucía habla con honestidad desde su mundo, que está lleno de muchas sorpresas, una de ellas combate de frente el mito de que las mujeres que quieran conservar sus curvas no deberían tener hijos.

-¡Es mentira! Yo tengo una niña hermosa de cuatro años, se llama Violeta, la tuve cuando tenía 24 y creo que después de que ella llegó logré mi punto ideal.

Ana Lucía se enamoró hace unos años del también actor Alejandro Aguilar y de allí nació Violeta, que con toda seguridad tendrá el arte en las venas, no solo por sus padres sino también por sus abuelos: una cantante y un poeta. 

-Nos conocimos estudiando teatro. Él era muy hábil para el oficio, de lejos el mejor estudiante y eso me atrae de un hombre: la admiración. Terminamos viviendo juntos. Siempre había querido tener un hijo y cuando llegó, lo disfrutamos como nunca. Las cosas se acabaron porque estábamos muy jóvenes, queríamos estar solos, pero quedamos como padres de una niña hermosa.

La vida no tenía mucha claridad por esa época, y por eso, fiel a sus movimientos arrebatados sobre las pistas de baile, decidió inventarse un nuevo paso. Viajó a Buenos Aires, a refugiarse por un tiempo en la casa de un amigo hare krishna, y encontrar el norte. A Bogotá regresó tomándose la vida con calma, con mayor tranquilidad y sobre todo confiando en sus propios talentos. 
-Buenos Aires me sirvió para encontrar mi lado espiritual. Aprendí a disfrutar de las largas caminatas y tomar espacios del día para hacer pausas y meditar. Eso se refleja en la manera como me veo hoy.

Y aunque suene a frase de cajón, Ana Lucía encontró que la mejor manera de verse bien por fuera era estar en plena paz por dentro. De repente, y aunque ya no pasaba las dos horas sagradas en el gimnasio, ni se preocupaba por las dietas o por hacerse una cirugía, se dio cuenta de que su cuerpo brillaba sin someterlo.

-Toda la vida hice ejercicio, en Cali fui adicta al spinning, a las pesas. Es una ciudad en la que todas las mujeres queremos tener cuerpos perfectos. Así estuve durante muchos años, pero mi constitución es gruesa y siempre me mantenía grande. Cuando viajé a Argentina, me tranquilicé, me volví vegetariana y era maravilloso. Así me adelgacé, la calma se convirtió en mi mejor dieta.

Ana Lucía es tan paciente que hace poco decidió tomar su carro y viajar hasta Ecuador, sin ayudas e incluso desvarando el vehículo con sus propias manos. Quizá por eso fue la más emocionada cuando elenco le propuso viajar por carretera durante 6 horas hasta el mágico Desierto de la Tatacoa, en el Huila.

-Manejo desde que tengo 16 años y soy feliz tomando carretera. A lo único que no me le mido es a desvarar camiones, porque no puedo con el peso de las llantas (risas).

A diferencia de algunas divas y celebridades que viven para su cuerpo, a Ana Lucía no la obsesiona el tema. Bueno, a ella no la obsesiona nada: Ni la fama, ni el cuerpo, ni la religión (va a todas las iglesias donde la inviten, porque le encanta conocer las maneras en que la gente ve a Dios) y mucho menos los hombres.
-Mi hombre ideal no existe. Creo en la gran química, que uno se mire a los ojos y sienta el contacto inmediato. Cuando era más joven, me gustaban los feos y hasta los viejos -cuando tuve 17 mi novio tenía 34-. Pero después del papá de mi bebé, la cosa se equilibró; ahora me gustan muy bonitos y de mi edad. Mejoré mi estándar (risas).

Qué más se le puede pedir. Soltera y con un cuerpo que tiene con la boca abierta a medio país. Ana Lucía y sus curvas llegaron para pedir pista.

Aquí todas las fotos de este escultural cuerpo

RONALD MAYORGA

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
28 de julio de 2011
Autor
RONALD MAYORGA

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