TECNOLOGÍA, ESPERANZA CONTRA EL NARCOTRÁFICO

TECNOLOGÍA, ESPERANZA CONTRA EL NARCOTRÁFICO

Quiero decirle al país que es necesario despertar ante la necesidad de arreciar la lucha contra el narcotráfico, pero no mediante discusiones sobre el proceso 8.000 o agravios personales.

22 de febrero de 1998, 05:00 am

Estamos muy atrasados a nivel tecnológico y los fondos destinados son insuficientes. Debemos presentar sin miedo las reformas legales y constitucionales para dirigir el gasto público de acuerdo con una prioridad urgente de erradicar el devastador flagelo, al tiempo que se trabaje en educación y rehabilitación.

Quiero escuchar propuestas y estrategias de todos los candidatos a la Presidencia al respecto, en lugar de culparse unos a otros de nuestras desgracias. La lucha contra el narcotráfico debe continuar sin paños de agua tibia. Se trata de la seguridad nacional.

No desconozco algunos significativos avances en la lucha resultado de los valerosos esfuerzos de algunos miembros del gobierno, legisladores, policía y ejército. Es más, los gringos a su vez, también los reconocen aunque sea de manera puntual, como ocurre con la Policía Nacional.

Desde el punto de vista legislativo, hoy día, contamos con importantes instrumentos. Sin embargo, la aplicación de la ley no es eficiente ni expedita. La situación carcelaria es permanente cuestionada al interior de Colombia.

Sí, reconozco que se capturó el cartel de Cali. Pero quién no asegura que luego se delinque desde las cárceles? Me gustaría ver extinguidos algunos bienes de narcos muertos y vivos. Sobre erradicación y fumigación he logrado aclarar algunas dudas. Las cifras de los gringos no son solo el resultado de trabajo en campo, como en el caso colombiano, las cifras también resultan de tomas satelitales.

Tengo claro que no hay discrepancia entre los dos gobiernos sobre la tasa de muerte efectiva de las plantas luego de la fumigación. Ambos hablan de un 77 por ciento. La principal divergencia surge del número de hectáreas fumigadas sobre las cuales se aplica dicho porcentaje. Los colombianos las calculamos con base en el volumen de herbicida aplicado. Los estadounidenses cuestionan esa metodología al demostrar que en ocasiones un avión que sobrevuela una zona, repasa territorios aplicando nuevamente en zonas que habían sido fumigadas en una pasada anterior.

Esto conlleva a una doble contabilización de la zona fumigada. Esto se explica por la dificultad del terreno, que si fuera plano y cuadriculado como el estado de Kansas, se podría controlar con mayor precisión el recorrido. Aplaudo los esfuerzos de la Policía y el Ejército en el campo fumigado y erradicando, capturando capos, desmantelando laboratorios, etc.

Sin embargo creo que es necesario darles más apoyo, más medios técnicos para el combate. Me preocupa enormemente que hoy día Colombia no sabe a ciencia cierta, es decir mediante un medio idóneo de carácter técnico, que no responda a estimados, cuantas hectáreas de coca y amapola se encuentran sembradas en el territorio nacional.

Solo tenemos los datos de los gringos ante los cuales hay dos opciones: los aceptamos o los controvertimos con una fuente de idéntica idoneidad. Existe un satélite francés contratado por el gobierno colombiano para verificar muertes efectivas. Sin embargo, según entiendo, el satélite no producirá el diagnóstico sobre nuevas siembras. Me aterra la falta de estrategia para controlar el consumo interno. No entiendo porque precluyen los términos en los procesos judiciales, como en el caso de Mestre y Giraldo.

La descertificación no ayuda. Solo reitera la desconfianza hacia Ernesto Samper. Es un instrumento cortoplacista y torpe. Nos corta los flujos de cooperación que tanto necesitamos. Ya no se que más hacer para que los americanos lo entiendan.

Ya me cansé de explicarlo. Colombia necesita de la cooperación internacional para luchar contra el narcotráfico. Las razones son sencillas: Nos falta presupuesto y tecnología. Nuestro déficit fiscal es inmenso, a la vez que es imperante una reducción del gasto público. La descertificación restringe y elimina el acceso a fondos de ayuda y cooperación.

Quién más sino Estados Unidos, que tiene un abrumador problema de consumo, el cual se ha incrementado entre los jóvenes, tiene un verdadero interés en apoyar la lucha? No me hablen más del fondo Chirac francés y de los miles de acuerdos de cooperación que firma Colombia. Lo cierto es que la fuera de una retórica diplomática, los fondos no llegan. No me importa que Samper haga chistes con el tema y hasta capitalice una certificación condicionada. La cooperación internacional es algo de vida o muerte para el país.