GUERRILLA, NARCOTRÁFICO Y DESARROLLO

GUERRILLA, NARCOTRÁFICO Y DESARROLLO

Al contemplar la situación del país a comienzos de 1996, quedan pocas dudas de que nuestro futuro está íntimamente vinculado a la eliminación de dos flagelos: la subversión y el narcotráfico. tribuna económica

7 de enero de 1996, 05:00 am

El primero de ellos genera temor, destruye vidas e infraestructura, ahuyenta la inversión y obliga a destinar ingentes recursos al orden público que deberían dedicarse a mil otras prioridades.

El narcotráfico, por su parte, nos convierte en parias internacionales, además de que corrompe las instituciones y desvía los recursos hacia usos especulativos y por fuera de toda tributación.

El punto de unión entre estos dos flagelos son los laboratorios para el procesamiento de la coca y la amapola. En la medida en que tales laboratorios estuvieren fuera del país, nuestros narcotraficantes serían desplazados por sus homólogos peruanos, brasileños o bolivianos, como ya está comenzando a ocurrir. Ello tendrá dos efectos inmediatos: dejaría a la guerrilla sin su principal fuente de ingresos, el denominado impuesto de gramaje que pagan los laboratorios por protección y rebajará sustancialmente el precio a pagar a los campesinos por las hojas de coca o las amapolas, que es la única manera real de que la erradicación de cultivos ilícitos pueda funcionar.

Las variables estratégicas, entonces, en esta doble guerra nacional, no son ni los grandes capos, ni los cultivos ilegales, ni los grupos guerrilleros. Los esfuerzos en estos frentes deben configurarse en un esquema integral orientado hacia la expulsión de los laboratorios del suelo colombiano.