CUANDO EL NARCOTRÁFICO DA DE QUÉ HABLAR

CUANDO EL NARCOTRÁFICO DA DE QUÉ HABLAR

El tema del narcotráfico en la cultura será puesto abordado hoy, en uno de los actos finales de la Feria Internacional del Libro. Las revistas Número y Cambio 16 han convocado a un grupo de investigadores de diferentes áreas y presentarán el foro El narcotráfico y su influencia en la cultura colombiana , en el cual hablarán de cómo ha influido la arquitectura, el lenguaje, los medios, la economía, la moral y hasta la estética. El foro se realizará a las 7 p.m., en el auditorio José Asunción Silva.

6 de mayo de 1995, 05:00 am

En el acto estarán el periodista Antonio Caballero, con el tema droga y política: el médico Luis Carlos Restrepo, con narcotráfico y sociedad de consumo; Luis Eduardo Hoyos, director del postgrado de Filosofía de la Universidad Nacional, con droga y moral; Alonso Salazar, periodista y escritor, con narcotráfico y vida cotidiana; el escritor Héctor Abad Faciolince con estética y narcotráfico; Carlos Niño Murcia, arquitecto e investigador, con el tema arquitectura y narcotráfico; Eduardo Arias, periodista y director de la revista Cambio 16, con narcotráfico y deporte; el sociólogo, escritor e investigador Alfredo Molano, con el narcotráfico y el campo; la escritora y periodista mexicana Alma Guillermoprieto, que hablará del narcotráfico y su imagen en los medios de comunicación; Salomón Kalmanovitz, economista y miembro de la Junta del Banco de la República, que se referirá a economía y narcotráfico, y el escritor y alcalde de Tulúa, Gustavo Alvarez Gardeazábal, con la charla la cultura del narcotráfico. El moderador será Guillermo González Uribe, director de Número.

Sin duda habrá debate en este foro; polémica, también. Los investigadores presentarán sus posiciones sobre un tema que a todos concierne. Los siguientes, son algunos apartes de las intervenciones de Héctor Abad Faciolince, sobre estética y narcotráfico, y de Alonso Salazar, a propósito del lenguaje.

Estética y narcotráfico Héctor Abad Se ha concebido al mafioso como un cuerpo extraño y maligno incrustado en una sociedad sana. También se ha creído que el narcotraficante es quien aporta el mal gusto a una cultura con austeros y decorosos valores estéticos. Ambas ideas son falsas. Si la visión del mundo corrupta y criminal del mafioso ha prendido tan bien en nuestras tierras, si su gusto es imitado por todas las capas sociales, es porque el terreno ético y estético estaba aquí abonado para que su moral y su gusto pelecharan.

Dos gustos son los que han contribuido a crear la estética mafiosa: en lo internacional, el del nuevorrico gringo, en lo local, el del ganadero. De ahí la juntanza entre caballo de paso, mansión exótica (pagoda, chalet, casa andaluza), y convertible rojo.

Los mafiosos le dieron rienda suelta al mal gusto latente de una burguesía recién urbanizada que si no se ponía grandes cadenas de oro, si no compraba narcotoyota plateada, si no construía casas hollywoodescas al estilo Dinastía , era porque no había podido. La gran riqueza repentina de la mafia permitió la explosión del exhibicionismo del dinero, el apogeo de la plata como valor supremo.

Es cierto, el gusto mafioso parece distinto, parece peor. Es como caricatura o exageración de calidad hay una diferencia de cantidad. El mal gusto del mafioso es igual al mal gusto general, sólo que el suyo se ve más. Los mafiosos realizan el sueño secreto de casi todo comerciante: poder ostentar. En el hecho de que tienen lo que otros secretamente desean, radica la clave de su éxito. Por eso han sido tan admirados y tan mal perseguidos, por eso tienen entrada en la política y en los negocios tradicionales. Por eso a las mejores familias tampoco les ha chocado meterse en el negocio ni aceptar ventajosas alianzas matrimoniales. Dentro de una o dos generaciones, una vez olvidados los magnicidios, los secuestros y el terrorismo -y con el barniz de Harward, Oxford y Los Andes-, los pimpollos de exmafiosos serán dueños respetables de las tierras y empresas compradas en estos años de sangre por sus padres .

El lenguaje Alonso Salazar Un lenguaje al mismo tiempo lúcido y profano, brotado desde los territorios oscuros se toma las ciudades: alquilarse, arañado, doblado, Bandera, bongao, calentura, acelere, cascar, estallarse, carro loco, nenorra, visajoso... Pero todos sabemos que las palabras no son gratuitas. Esa nueva alfabetización lleva a incorporar nuevos imaginarios sociales, identidades fragmentarias para una generación de vertido, una generación del videoclip.

En este slang denominado parlache, las palabras asociadas con muerte son las que más sinónimos tienen. Aún en los colegios de buenas familias para referirse a un compañero no muy estimado se le dice gonorrea, a la víctima se le nombra como regalo, al cadáver muñeco. Gramática y léxico, cadencia de palabras de una generación salida de madre .