BUCARAMANGA, ¿amenazada por el narcotráfico?

BUCARAMANGA, ¿amenazada por el narcotráfico?

La extensión de los tentáculos del narcotráfico, nuevos comportamientos de la delincuencia común y la intolerancia son las hipótesis más fuertes para explicar el aumento de los homicidios en Bucaramanga.

5 de agosto de 2008, 05:00 am

Académicos, investigadores, la Alcaldía y hasta un informe de riesgo de la Defensoría del Pueblo señalan que el tráfico de estupefacientes es el principal combustible del crimen, mientras la Policía asegura que la mayoría de los casos de homicidios corresponde a riñas y a la delincuencia común.

El comandante de la Policía Metropolitana de Bucaramanga, general Orlando Pineda Gómez, es optimista y dice que la ciudad “tiene unos índices de reducción del delito muy significativos si se compara con Cali, Medellín y Bogotá”.

La aseveración del general tiene como fundamento las estadísticas de Medicina Legal que señalan que durante el primer semestre de este año hubo 74 homicidios en la capital de Santander frente a los 108 ocurridos en el mismo periodo del 2007.

Frente a ese análisis se muestra escéptico el coordinador del Observatorio de Derechos Humanos de Santander, Julio César Acelas, quien recalca que entre el 2005 y el 2007 hubo un ascenso acelerado de homicidios y que la tendencia de este año aún está por definirse.

“La Policía tiene una intencionalidad de reducir la problemática en función de la política de Seguridad Democrática, pues es inconcebible que la mayoría de los homicidios sean por riñas, como si la gente saliera a matarse con sus amigos, familiares y vecinos así no más”, argumenta Acelas.

Capturas de narcos El investigador agrega que en la ciudad se ha disparado el consumo de sustancias psicoactivas en los jóvenes de todos los estratos y que por la disputa de ese mercado también se dan crímenes entre los expendedores que quieren hacer respetar sus territorios.

Los defensores de la tesis sobre la creciente influencia del narcotráfico resaltan que en el último año han sido capturados en la ciudad cuatro grandes mafiosos con fines de extradición a los Estados Unidos: Miguel Villarreal Archila, ‘Salomón’, testaferro de ‘Jorge 40’; y Ricardo Castro Garzón, ‘Cayo’, socio de Fabio Ochoa Vasco y relacionado con ‘paras’.

También fueron capturados Julio Rey Ramírez y Eduardo Peña Gómez, este último testaferro de Salvatore Mancuso.

Para el investigador de la ONG Compromiso, Jorge Castellanos, “Bucaramanga se ha convertido en una ciudad dormitorio de testaferros del narcotráfico que mantienen estructuras armadas y comerciales, que manejan volúmenes de dinero y relaciones económicas y políticas que afectan a la región, incluida, Bucaramanga”.

Según fuentes del DAS, los dineros del narcotráfico se estarían usando para adquirir estaciones de servicio, viviendas, empresas de transporte, discotecas y moteles, principalmente.

“La situación puede ser más delicada de lo que parece”, dice un investigador, que aseguró que mucha de la droga que se produce en el Magdalena medio, el sur de Bolívar, el sur del Cesar y el sur de Santander pasa por Bucaramanga rumbo a Venezuela y el Caribe.

De hecho, el DAS investiga unas 20 empresas que servirían de fachada para el lavado de dineros del Catatumbo (Norte de Santander).

El subsecretario de Gobierno de Bucaramanga, Gerardo Cadena, asegura: “Para nadie es desconocido que Bucaramanga se ha vuelto una especie de estación para estos individuos (los narcos) y eso incentiva el crimen, pero también en la ciudad hay desplazados y reinsertados y eso también podría estar generando homicidios casi a diario”.

Por su parte, el general Orlando Pineda Gómez enfatiza: “No tenemos registros ni antecedentes de que esta ciudad sea un enclave del narcotráfico o que sea ruta de paso definitivo para un área específica. Bucaramanga podría ser una ciudad adonde esas personas (narcos) efectivamente vienen, que sea un sitio de oxigenación, de reposo, pero ellos no tienen una actividad del narcotráfico aquí”.

Dos casos estremecedores de violencia contra la mujer “Si no vuelve a vivir conmigo, entonces se la voy a cobrar de una vez”, le gritó José Luis Lozano, de 48 años, mientras le cortaba el rostro y la espalda a su ex esposa, Dorkas Escobar Anaya, de 25 años.

El caso ocurrió el pasado 9 de mayo, a las 10:30 p.m., cuando ella fue a verse con él, luego de 6 meses de separación, para pedirle que le ayudara con la manutención de sus hijos. José Luis le rogó que volvieran a vivir juntos, pero como ella se rehusó la atacó con tal furia que las heridas que le hizo en el rostro y la cabeza le significaron más de 100 puntos.

“A él lo demandé ante la Fiscalía por tentativa de homicidio, pero lo calificaron como lesiones personales y sigue libre”, dice la joven, mientras que la Fiscalía asegura que está a la espera de un informe de Medicina Legal acerca de las secuelas definitivas que le quedarán.

Esmeralda Ogliastri Rueda, de 32 años, le dijo a su mamá que la esperara en la casa, en Barrancabermeja, el pasado 26 de mayo, porque viajaría desde Bucaramanga a visitarla. Pero nunca llegó. Al día siguiente, los periódicos y emisoras de Bucaramanga reportaron el hallazgo –en una cañada del barrio San Luis, en el sur de la ciudad– del cadáver de una mujer con varias puñaladas en el pecho y en el cuello, y con el cincuenta por ciento de su rostro y su cuerpo incinerado, el cual resultó ser el de Esmeralda.

Cuatro días después fue detenido Jorge Núñez Rueda, ‘Culebra’, como presunto autor del crimen y a quien la mujer le habría prestado una moto y que él habría empeñado por un millón de pesos.

.

VIOLENCIA URBANA 121 casos de lesiones personales han sido denunciados este año en la ciudad y su área metropolitana.

117 jóvenes, entre los 15 y 29 años, figuran entre los 198 homicidios que se registraron en el 2007.

29 personas, al parecer pertencientes a las ‘bandas emergentes’, han sido capturadas hasta julio de este año.

682 armas de fuego fueron decomisadas por la Policía entre el primero de enero y el 23 de julio pasado.

.

‘Me contrataban por ser un buen ‘gatillero’ ’ “He trabajado para los ‘paracos’ para matar guerrilleros en Bucaramanga. Ya he matado a cinco, aunque no todos eran guerrillos, y por cada ‘vuelta’ me he ganado mínimo dos y máximo cinco millones de pesos”.

Con esa insensibilidad, este joven bumangués, de 26 años, resume sus principales logros como miembro de una de las facciones de delincuentes de la ciudad, a las que perteneció desde sus 12 años y hasta hace apenas medio año, tras cansarse de la violencia.

“Las ‘vueltas’ para ir a matar a alguien son como se ven en las películas: El jefe le encarga el trabajo al que sabe que no le va a fallar. A mí me contrataban por ser un buen gatillero (con buena puntería)”, dice el hombre que aceptó acogerse al programa de resocialización que implementó la Alcaldía al comenzar este año.

“Estudié hasta séptimo grado y me metí a un ‘parche’ para tener poder, en los barrios del norte. Comencé a tener armas como cuchillos y navajas, hasta que compré pistolas en el mercado de Las Pulgas. Al principio salí a robar celulares, joyas, participé en atracos, después robé motos, apartamentos y carros. Así conseguí plata para llevar a la casa, salir con chicas, patrocinar fiestas y tener lo de la marihuana y la ‘perica’ ”. El joven, padre de dos hijos, con heridas de cinco disparos y de varias puñaladas, trabaja ahora como obrero. Y dice que anda con un puñal por si se encuentra un viejo enemigo.

LA COCA CADA VEZ MÁS CERCA Como un nuevo factor decisivo en los índices de violencia de la ciudad califican la creciente influencia del narcotráfico los investigadores Julio César Acelas y Jorge Castellanos.

Acelas, coordinador del Observatorio de Derechos Humanos de Santander, explica que en los últimos años se consolidó un enclave de cultivos de coca a solo 40 minutos de Bucaramanga, “novedoso para nosotros, el cual disparó la criminalidad”, pues desplaza a campesinos a la urbe y en esta recluta a jóvenes, entre 15 y 29 años, para actividades ilícitas.

Castellanos, investigador de la ONG Compromiso, asegura que en la ciudad es evidente la presencia de dineros del narcotráfico tanto por los lujosos carros que se ven como por las viviendas de hasta más de mil millones de pesos que se hacen, “que no corresponden al perfil económico de los bumangueses”.