De nuevo el narcotráfico

De nuevo el narcotráfico

Hace 20 años el Gobierno del presidente Barco inició una ofensiva política y publicitaria en Estados Unidos para hacer corresponsables de la lucha contra el narcotráfico a los países consumidores. En ese entonces -1986- el Gobierno y el Congreso de Estados Unidos defendían la tesis de que el origen del problema de la droga era la producción: la oferta de cocaína.

10 de noviembre de 2006, 05:00 am

En consecuencia, la política de lucha contra este flagelo se basaba en destruir cultivos, perseguir campesinos en Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia, volar pistas y laboratorios clandestinos, perseguir aviones. Era una guerra que debía librarse en estos países.

Colombia trajo otra perspectiva: además de combatir la producción y el tráfico, era necesario tener una política para perseguir la droga que se vende en las calles de Nueva York, a la entrada de los colegios, en las discotecas. En una palabra, perseguir a los narcotraficantes tanto en Colombia como en Estados Unidos.

Fue una dura batalla política que se acompañó de una efectiva campaña publicitaria en los principales diarios de ese país. Una batalla y una discusión que ese Gobierno llevó a la ONU y la OEA. El resultado fue satisfactorio para Colombia.

Desde entonces, en Estados Unidos se entiende que la lucha contra el narcotráfico tiene dos caras: productores y consumidores. Es tan necesario tener una política de interdicción para capturar los grandes cargamentos de droga que salen de nuestros países, como una para perseguir a los vendedores y expendedores de droga en las principales ciudades de Estados Unidos. Tan importante es destruir cultivos ilícitos, como impedir que la coca entre a las narices de los estadounidenses en las discotecas.

La semana pasada el vicepresidente Francisco Santos llegó a Europa con este mismo mensaje al lanzar la campaña de ‘responsabilidad compartida’ y poner el dedo en la llaga de los consumidores de cocaína del viejo continente.

Sin duda, la ofensiva política del Vicepresidente es necesaria y su discurso es correcto. Productores y consumidores por igual, son responsables en la lucha contra las drogas. Pero hoy el mundo es otro. Llevamos 20 años de una estrategia para luchar contra este flagelo centrada en lo militar y lo policial y ya conocemos sus limitaciones. Hoy, proporcionalmente a la población, se consumen más drogas ilegales que ayer, se siembran más hectáreas y los grandes capos del negocio han sido reemplazados por pequeños barones más eficientes y de bajo perfil.

En la mayoría de los países europeos el consumo de marihuana y hashis es legal o, por lo menos tolerado. En Estados Unidos y aún en nuestro país, es legal la dosis personal de marihuana.

Por todo lo anterior, hoy el discurso debe reflejar una política más elaborada. Ya no basta una ofensiva política acompañada de una buena campaña de publicidad. Hoy lo que se impone es una política equilibrada contra las drogas teniendo en cuenta, además de los asuntos policiales, temas de salud pública, aspectos sociales y controles al comercio de los precursores químicos que se usan para la producción de la cocaína.

Y hay que ir más allá: Colombia debería tener la visión de plantear en el escenario internacional y al más alto nivel, la legalización de todo el proceso de producción de todas estas drogas. Porque hoy vivimos en el peor de los mundos: la guerra y los muertos de la lucha contra las drogas ilegales siguen en nuestro país, mientras en toda Europa su consumo es tolerado. Y todos los billones de dólares que hoy el mundo se gasta en la guerra contra el narcotráfico, invertirlo en campañas de salud pública para prevenir su consumo y tratar a los drogadictos.

Politólogo, periodista.

"Hoy vivimos en el peor de los mundos: la guerra y los muertos de la lucha contra las drogas ilegales siguen en nuestro país”.