Las secuelas del narcotráfico

Las secuelas del narcotráfico

En nuestro caso, las secuelas del narcotráfico se reflejan en violencia, terrorismo, corrupción, desestabilización institucional, afectación de principios y valores fundamentales, etc.

10 de noviembre de 2005, 05:00 am

Con su enorme poder económico fortalecieron las guerrillas y consolidaron el paramilitarismo que penetró en muchas de las actividades nacionales, tal como ahora lo estamos observando. Por su cuenta miles de colombianos perdieron la vida, entre ellos, promisorios políticos, magistrados del poder judicial, directores de medios, jerarcas de la Iglesia, miembros de las fuerzas públicas, exponentes del deporte.

Me pregunto ¿Qué otro país occidental, consumidor o productor, ha padecido, o está padeciendo, una tragedia similar a la nuestra? Es cierto, la criminalidad urbana del narcotráfico existe en todos los países afectados y posiblemente las cárceles de los E.U. estén llenas de ‘mulas’ y personas dedicadas a la venta callejera de la droga, pero ¿cuántos capos del transporte y de la distribución, del desvío de precursores, del lavado de dinero, del tráfico de armas, es decir, del negocio, se encuentran en esas cárceles? Porque lo que parece es que los únicos capos que están en ellas son los que Colombia extradita.

Al mundo hay que recordarle que Colombia ha sido injustamente tratada por cuenta del narcotráfico. No obstante, ser un problema de responsabilidad compartida, cuyo origen está en la demanda, principalmente de los países ricos, se nos satanizó como si fuéramos el único país responsable.

Inclusive, en algún momento se nos catalogó de narcodemocracia. En consecuencia, el ciudadano colombiano recibe un tratamiento ultrajante en el exterior. Pero además, el problema de salud pública no está en la hoja de coca o en la flor de la amapola sino en la cocaína y la heroína, cuya elaboración requiere de precursores y otras sustancias, que se tienen que introducir a Colombia. Sin embargo, el gran énfasis está en la erradicación, no así en el control del envío de esos insumos, del lavado de activos, del tráfico de armas o del transporte y distribución de la droga. Tengamos también presente que el área de los cultivos está limitada por la demanda.

Por eso es muy importante que las políticas de reducción del consumo tengan rápido éxito.

La realidad es que Colombia ha sido la mayor víctima de los delitos que giran alrededor de este ilícito negocio internacional. Seguimos padeciendo las consecuencias de los delitos conexos y al país le ha tocado hacer un enorme esfuerzo financiero y mantener una exigente dedicación al problema.

Por lo acontecido, los colombianos estamos obligados a reflexionar sobre el tema para proponerle a los E.U. y a las Naciones Unidas un nuevo componente de estrategia. Pienso que éste debe girar alrededor de un gran proyecto de creación de trabajo productivo, que vincule como socios participantes a las poblaciones dedicadas a los cultivos ilícitos y demás actividades relacionadas. Será una propuesta atractiva para que se desvinculen de ese ilícito negocio. De todas maneras, nuestra obligación con la nación es hacer todo lo posible para evitarle que siga padeciendo las secuelas del narcotráfico. .

Roberto Arenas B.

Ex embajador de Colombia en Bruselas