DEL NARCOTRÁFICO A LA GUERRILLA

DEL NARCOTRÁFICO A LA GUERRILLA

Confieso que tengo miedo de decir lo que voy a decir, pero decidí hacerlo. En este país cuesta mucho expresarse con franqueza; puede costar la vida, el puesto, las relaciones sociales o el acceso a los funcionarios públicos. Sin embargo, ante sentimientos de indignación, frustración y desconcierto, la necesidad de expresión supera al temor.

26 de marzo de 2000, 05:00 am

Empiezo por señalar que el aporte a la lucha contra el narcotráfico en Colombia, porque no se trata de ayuda alguna, que actualmente se tramita en el Congreso de los Estados Unidos, debe definirse a la mayor prontitud. El Gobierno colombiano ha dicho que si esta no se aprueba, estaríamos en serias dificultades porque no contamos con un Plan B. Si la sociedad americana no comprende y participa en una estrategia de cooperación en la lucha contra el narcotráfico a través de la interdicción, a Colombia si le queda un Plan B: proponer a la comunidad internacional la legalización de la droga, que Estados Unidos vea como arregla su problema, mientras que los recursos nacionales desgastados en una lucha solitaria se reorientan a generar empleo y progreso para los colombianos. A muchos, más que preocuparnos el consumo de droga, lo que nos preocupa es el poderío del narcotráfico. La tragedia del Gobierno Samper fue precisamente esa: un Gobierno con buenos augurios en materia social, terminó en una serie de actos desordenados e irresponsables para mantenerse en el poder por cuenta del tráfico de drogas.

El otro tema tiene que ver con la visita de los empresarios más poderosos del país al Caguán. No entiendo a que fueron, no comprendí el argumento del apoyo al proceso de paz, entre otras porque no creo que el proceso de paz tenga los elementos de claridad que permitan a estas alturas apoyarlo. Insisto en que una cosa es la negociación del conflicto como alternativa a la guerra, y otra es negociar el país con un grupo al margen de la ley, que por el simple hecho de cantar verdades no se puede legitimar. Si es cierto que la corrupción y la politiquería sostenida por el establecimiento son causantes de pobreza, también es cierto que no hay una justa distribución del ingreso en Colombia, y que muchos sectores empresariales atropellan a sus trabajadores y al medio ambiente, pero un individuo que cree que solucionará los anteriores problemas actuando por fuera de la ley, no se puede volver persona grata que amerite fotos y visitas por cuenta de repetir el argumento.

Me da pena que los dueños del país bailen al son que les toquen sin importar quien lo toque. Su ida al Caguán se interpreta como ese miedo que tenemos todos de que Tirofijo nos incluya en la lista negra de los que no le comen cuento. Lo peor es que siento que no estar en su lista, no le exime a uno de estar en la lista de Romaña , cuyo son tiene un ritmo diferente.

Creo que entramos en una nueva era en esta sorprendente Colombia: el manoseo ya no es del narcotráfico sino de la guerrilla.