'Un coleccionista se arrodilla frente a una obra', Ana Sokoloff

'Un coleccionista se arrodilla frente a una obra', Ana Sokoloff

La colombiana experta en arte latinoamericano de la casa Christie's explica cómo las subastas promueven y activan el arte en el mercado.

14 de octubre de 2009, 05:00 am

La colombiana experta en arte latinoamericano de la casa Christie's explica cómo las subastas promueven y activan el arte en el mercado. 

¿Qué tan relevante es el arte colombiano en el exterior?

Cada día es más importante. La presencia de las galerías Alcuadrado en Art Basel Miami, o Nueveochenta, Valenzuela Klenner y Casas Riegner en la feria de arte contemporáneo mexicana Zona Maco; la inclusión de varios artistas colombianos en la Bienal de Mercosur curada por Victoria Noorthorn, y la presencia de Alberto Baraya o Luis Fernando Roldán en la actual Bienal de Venecia, hacen muy visible el arte colombiano contemporáneo.

¿Quién despertó ese interés?

Las ferias de arte ArtBo y La Otra sin duda han ayudado, pero cómo negar la importancia de curadores como José Roca, María Iovino o Jaime Cerón, que han ido inscribiendo las obras colombianas en el ámbito internacional. Además, las casas de subastas somos grandes observadores y nos fijamos en los intereses del mercado, para lo cual elegimos obras que tienen solidez o mucho futuro.

¿Qué valoriza una obra?

La escasez, que dentro del grupo de obras a subastar no haya una similar. Una puja entre compradores que se repite en el tiempo crea una constancia que afecta los precios del artista.

¿Qué peligro corre un artista que se deja seducir por el mercado?

No solo es responsabilidad del artista, sino del galerista que maneja su obra, y es que pierde el horizonte y comienza a repetirse para suplir las necesidades del mercado. Un artista tiene que crear y debe correr riesgos, al igual que su galerista que lo respalda en esa exploración. Lo importante no es vender hoy sino tener un compromiso a largo plazo.

¿Cómo ve el coleccionismo en Colombia?

Como un mercado en crecimiento, seriamente interesado. Hasta hace algo más de cinco años era claro que la prioridad era la pintura, pero desde entonces las galerías Alcuadrado, Nueveochenta y Casas Riegner han abierto un nuevo campo de interés en el arte contemporáneo y hay una gran respuesta generacional. Por supuesto que hay gente que se siente más cómoda con un Obregón que con un Nicolás París, pero se interesa en un Vik Muniz.

¿Hacia dónde va el dinero?

El mercado fluctúa según los gustos. Hay una tendencia internacional en el arte contemporáneo de posguerra, con notorio interés en Jeff Koons, Andy Warhol o Damien Hirst, pero eso no significa que Picasso esté dejando de vender. Lo mismo sucede en Colombia: siguen vendiéndose Wiedemann y Andrés de Santamaría, pero también hay jóvenes con capacidad adquisitiva que están cambiando de interés.

¿Qué caracteriza a los buenos coleccionistas?

Además de la tradición de algunos que continúan con el gusto familiar, es clave la pasión que desarrollan por el arte que les interesa. Es como si los picara un mosquito, quedan enviciados, es adictivo. Hay sin duda un placer visual y táctil y una capacidad de disfrute infinita. Y un elemento fundamental: el gusto de poseer, característica esencial del verdadero coleccionista. Frente a una buena obra, uno no puede más que arrodillarse.

Tiende a satanizarse la subasta. ¿Para qué sirve entrar en ese juego del mercado?

Una subasta legitima. Hay que partir de la base de que un catálogo de una casa de subastas tiene un tiraje de 5.000 ejemplares y circula por muchos países, lo cual permite dar a conocer una obra que de otra manera quedaría reducida a ser mostrada en un contexto muy estrecho. Sirve además para ponerles precios a las obras, que se publican luego en revistas especializadas como Art Nexus.

¿Y ese mercado ha  beneficiado al arte latinoamericano?

Gracias al mercado se logró crear conciencia sobre la creación de arte en Latinoamérica. Este demostró que valía la pena verlo como inversión.

¿Qué hace particular al arte producido en la región?

Que a pesar de la universalidad del lenguaje, no pierde las raíces. Y no es un asunto de nacionalismo o de idiosincrasia, es algo que sigue siendo muy táctil. Por ejemplo la obra de Doris Salcedo seduce porque tiene originalidad y técnica. Ella tiene alma, y eso se siente.

¿Existen coleccionistas sin esa alma que usted menciona?

Sí. Pero con la crisis se han alejado, pues han perdido dinero. Sin embargo, para el coleccionista que verdaderamente cree en esto, el arte sigue siendo una inversión sostenida. El que compra en tiempos de crisis sabe que su adquisición terminará valorizándose en algún momento. 

La resistencia

El pasado 7 de octubre fue inaugurado el 13 Salón Regional de Artistas del Centro Occidente (Antioquia, Caldas, Risaralda y Quindío) en la antigua estación del ferrocarril de Armenia.

Una de sus exposiciones tenía un tema particular que lo decía todo en el título: INVER$IONE$, arte+in-tercambios+transacciones. Bajo la curaduría de Carlos Uribe, Adriana Ríos, Analida Cruz y Femke Lutgerink, la muestra ironiza sobre el arte convertido en mercancía.

Esteban Zapata, de Medellín, por ejemplo, lanza un dardo al exponer figuritas en yeso de Pablo Escobar (Pablo in commerce), coleccionables y con varios motivos: vestido de Robin Hood, de congresista o con ropa deportiva.

Por su parte, Luis Fernando Arango desarrolla un proyecto titulado Inversiones paraíso al 4% - 2020, que invita a los 512 más acaudalados del mundo para que donen 4% de sus fortunas, lo que resolvería la pobreza mundial.