Investigación por muerte del fiscal venezolano Anderson resultó todo un montaje contra Colombia

Investigación por muerte del fiscal venezolano Anderson resultó todo un montaje contra Colombia

Conozca los detalles que salieron a la luz gracias a una periodista. CAMBIO armó el rompecabezas.

6 de agosto de 2008, 05:00 am

La noche del martes 8 de abril de 2008, al cabo de 20 meses de impaciente espera, la periodista María Angélica Correa pudo exhibir ante los venezolanos la prueba que descorrería el velo de un montaje con el que funcionarios judiciales y altos agentes del gobierno de Hugo Chávez desviaron de su cauce la investigación por el asesinato del fiscal Danilo Anderson, ocurrido en Caracas el 18 de noviembre de 2004.

Se trató de una entrevista en la que el colombiano Giovanni Vásquez de Armas, presentado ante el país por el fiscal general de Venezuela, Isaías Rodríguez, en noviembre de 2005 como "testigo estrella" del caso, declaró haber recibido dinero del gobierno venezolano a cambio de sostener durante todo este tiempo una mentira que le permitió al establecimiento venezolano señalar a banqueros, a ex miembros de la Fuerza Armada y a otras figuras de la oposición, como partes de un complot que se iniciaría con la muerte de Anderson y seguiría con el posible  asesinato de Chávez.

El libreto de la misma historia, que el testigo aprendió de memoria a cambio de dinero, incluía como protagonistas y actores de reparto del supuesto complot a funcionarios del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), a miembros de las Fuerzas Armadas colombianas y al jefe paramilitar 'Jorge 40'.

Después de nueve meses de estar atando los cabos sueltos que permitieron desenmascarar al testigo y descubrir pruebas que desmontaron su versión, la periodista Correa consiguió entrevistarlo el 14 agosto de 2006. Lo hizo frente a una cámara de televisión, pero bajo una condición impuesta por el personaje: él se quedaría con las cintas de la grabación y las devolvería cuando tuviera plena certeza de que su vida y la de su familia ya no corrían peligro.

"No mentirás..."

Mientras Vásquez se cubría el rostro invocando sus temores, la periodista hizo una introducción en tono de advertencia perentoria.  "Señor Vásquez, yo ni voy a creer ni no voy a creer lo que usted en este momento me va a declarar. Tengo muchísimas pruebas de que lo que usted ha declarado ante la Fiscalía es mentira".

Y era cierto. Desde el 16 de noviembre de 2005 hasta ese día, la reportera del diario El Nuevo País y la revista Zeta había publicado un verdadero dossier que puso al descubierto las falsedades en las declaraciones de Vásquez de Armas consignadas, supuestamente, ante despachos judiciales venezolanos, donde -en desarrollo de la interpretación del libreto- se presentó como médico psiquiatra, ex jefe de logística del bloque Norte de las Autodefensas colombianas y tercero al mando de la estructura de 'Jorge 40'.

Por ejemplo, el 30 de noviembre de 2005 divulgó que Vásquez se había hecho pasar en el departamento del Magdalena como médico y reveló una declaración jurada en la que el médico forense Pedro Guillermo Velandia lo calificó como un "mitómano". El 2 de diciembre del mismo año publicó en la revista Zeta, también venezolana, documentos de un expediente de la Fiscalía colombiana según los cuales el mismo hombre simuló ser un desmovilizado de las Auc, acusó a miembros del DAS y a un sargento del Ejército de trabajar para los paramilitares y entregó unos vehículos que había conseguido mediante estafa.

Fabricante de testigos

La reportera ya había confirmado que Vásquez nunca fue paramilitar, ni infiltrado del DAS, y ya había demolido el andamiaje montado por quienes lo contrataron. Sabía que no había podido estar simultáneamente en dos reuniones, una celebrada en Panamá y otra en Maracaibo.

Giovanni Vásquez confesó durante la entrevista que aceptó su condición de testigo ficticio en el caso Anderson por sugerencia de Gilberto Landaeta, un amigo suyo de infancia, a quien el Fiscal General de Venezuela le habría encomendado buscar a una persona idónea para repetir un falso testimonio sin que la asaltara ningún reato de conciencia.

Landaeta, que se desempeñaba como uno de los fiscales a cargo del caso Anderson,  llamó a Vásquez a Bogotá, entre los meses de enero y febrero de 2005, y le pidió que se reunieran en Venezuela para explicarle las condiciones de un negocio que estaba hecho a su medida y por el cual habría un dinero importante  que podrían repartir.

Según la misma versión, el fiscal Landaeta conocía bien las habilidades histriónicas de Vásquez y a esas alturas estaba enterado de que su amigo colombiano había conseguido ingresar fraudulentamente a los programas de reinserción del Estado colombiano. Este hecho encajó como anillo al dedo para involucrar al gobierno colombiano en el complot para  matar a Chávez. La cita se cumplió en el hotel El Lago, de Maracaibo. Allí Landaeta le entregó a quien sería 'testigo' el libreto en el que estaba esbozado el plan para involucrar a venezolanos y colombianos en la muerte de Anderson y para comprometerlos en un supuesto complot de largo aliento contra  otras personalidades.  "Fíjate si te gusta. Todo lo que está ahí es lo que vas a decir, esto es lo que va a decir el testigo", le dijo Landaeta.

El colombiano regresó a Bogotá y después de leer el plan le preguntó a Landaeta que si aceptaba seguir el juego cuánto dinero habría para él. Hablaron en principio de quince millones de dólares, pero una negociación posterior con un funcionario de nombre Miguel, adscrito a la Vicepresidencia de Venezuela, bajó la suma a siete millones. Para la fecha que Vásquez le aseguró a la periodista que al final solo le pagaron 500.000 dólares. Esta cantidad le fue entregada en dos  contados en el Ministerio del Interior y Justicia por un funcionario de nombre Alexander, de los cuales la mitad se la habría entregado a Landaeta, en un lavadero de carros.

Una segunda reunión con Landaeta, en Venezuela, sirvió para ultimar detalles. Partiendo de la base de que Vásquez pasaba como paramilitar reinsertado, iría entonces a varios despachos judiciales de Colombia para 'denunciar' actividades criminales del bloque norte y luego, cuando hubiese dejado ya evidencia de sus visitas, declararía que en su momento alertó a las autoridades colombianas sobre lo que se tramaba en contra de Venezuela -incluido el asesinato de Anderson y posteriormente el de Chávez- y que estas, antes que actuar, se habrían convertido en cómplices.

Las primeras bases de la tramoya fueron sentadas públicamente con dos actas de fecha 26 y 29 de agosto de 2005. Sin embargo, Vásquez le declaró a Correa que no firmó dos declaraciones judiciales, sino varias, ya que las modificaron muchas veces, cambiando a los implicados. Según la primera acta judicial, el testigo habría declarado ante Gilberto Landaeta, fiscal octavo del Ministerio Público venezolano, que fue testigo de dos de las tres reuniones realizadas en Panamá, Miami y Maracaibo en las que se planeó el complot.

Y habría sido en la de Maracaibo donde se planeó el crimen del fiscal Anderson, un joven funcionario que en 2004 tenía a cargo varias investigaciones sensibles, entre ellas la relacionada con  la crisis institucional que mantuvo unas horas fuera del poder a Chávez y como presidente provisional al empresario Pedro Carmona.

Acuerdo antichavista

La primera reunión se habría realizado en la zona del Darién, en la frontera colombopanameña, en la finca de un "amigo de las autodefensas" de apellido Urdinola. Siempre según la versión, los asistentes fueron recogidos por un equipo de inteligencia en Ciudad de Panamá y se concentraron durante tres días en el lugar. Quien quiera que hubiese sido el organizador, había dejado en claro sus excelsas dotes de convocatoria pues fue capaz de reunir a personajes que jamás se habían visto y que quizá no se conocían entre sí, pero que estaban unidos por su condición de antichavistas.

En la   lista de asistentes 'revelada' por el testigo estaban un grupo de banqueros, liderados por Nelson Mezerhane, uno de los accionistas del canal de noticias Globovisión; Salvador Romaní, hijo de un reconocido militante anticastrista; la periodista Patricia Poleo; un hombre de apellido Pesquera, jefe del buró del FBI en Miami, y otro de apellido Morrison, representante de la CIA;  el paramilitar 'Jorge 40', unos ex funcionarios de la policía política venezolana (Disip) y de la policía judicial, Otoniel, Rolando y Juan Bautista Guevara (conocidos como Los Guevara), y a otras personalidades de la oposición.

El financiamiento del plan, cuyo costo fue estimado por 'Jorge 40' en 20 millones de dólares, habría sido acordado en una segunda reunión realizada en enero de 2004 en Miami. En marzo siguiente algunos de los agentes del complot se reunieron de nuevo en un apartamento en Maracaibo, del sector del Milagro Norte, propiedad de las autodefensas colombianas. Esta vez se sumarían dos generales de las fuerzas armadas venezolanas, uno de apellido Escalante y otro de nombre Eugenio Áñez. Este último también fue imputado como uno de los autores intelectuales del asesinato.

Allí, 'Jorge 40' descartaría que el atentado contra Danilo Anderson fuera obra de sicarios y habría dicho que era mucho mejor capacitar a algunas personas para poner explosivos en el chasis del vehículo de la víctima.

El libreto le exigía a Vásquez de Armas decir que  el 15 de marzo de 2004 él recibió en Panamá 10 millones de dólares para la logística, y que los explosivos fueron entregados, por instrucciones de '40', en un bohío de Paraguachón, en La Guajira, y recogidos allí en una camioneta de la firma Marshal Security, de propiedad de Salvador Romaní.

Como Vásquez fue instruido para decir que actuaba en doble condición de jefe de logística de las autodefensas y como informante del DAS, su versión tuvo un añadido importante: que Jorge Noguera, entonces director del DAS y sus funcionarios en la Costa no habían hecho nada por evitar que el explosivo llegara a su destino. Luego Vásquez declararía que el DAS quiso asesinarlo cerca del Cabo de la Vela y que por eso huyó a Venezuela.

La isla presidencial

El falso testigo le reveló a la periodista María Angélica Correa que llegó a Venezuela con la ayuda el senador colombiano Gustavo Petro, convencido de buena fe de que el complot era cierto. Según Vásquez, el fiscal Landaeta le dijo que contactara al jefe de la Unidad de Derechos Humanos de la Procuraduría de Colombia, Luis Carlos Toledo Ruiz. 

 A los pocos días, Vásquez acompañado del asistente de Petro, se reunió con dos militares venezolanos, uno de ellos el coronel Medina, funcionario de la embajada venezolana, y el capitán Cabrera funcionario de la DIM (Dirección de Inteligencia Militar). Luego, salió de Bogotá rumbo a Caracas por vía terrestre, con el capitán Cabrera y el asistente del Senador, quien lo acompañó hasta la DIM. Vásquez cuenta que en ese organismo de inteligencia militar, el asistente de Petro se reunió con el fiscal Landaeta, y al despedirse le aseguró que quedaba en buenas manos, encargándole que no los mencionara ni a él ni al senador Petro. Eso fue según Vásquez, el 27 de junio de 2005. La periodista confirmó que, en efecto, en el mes de junio de 2005 Vásquez de Armas estuvo dos veces en la oficina del senador Petro en el Congreso, y que para la fecha en que se narran esos hechos, el agregado militar de la Embajada de Venezuela era el coronel Orlando Enrique Medina  Miranda, actualmente ascendido a general de brigada y que el capitán Sahid Abraham Cabrera Terán era funcionario de la DIM.

Al llegar a Caracas, Vásquez se hospedó la primera noche en una casa de Barlovento. Al día siguiente, Medina lo llevó al despacho del subdirector de la Dirección de Inteligencia Militar de Venezuela, de nombre Guido, y luego al que sería su primer encuentro con el fiscal general Isaías Rodríguez.

El colombiano dijo que comprobó que el Fiscal General estaba perfectamente enterado de la existencia del montaje, pues dijo que cuando él le preguntó qué iba a pasar con el acuerdo, Rodríguez le respondió: "Ya todo está cuadrado (...) hay una persona que te va a dar todo el material que necesitas". Este incluía fotos de los supuestos artífices del complot criminal para que Vásquez no tuviera problemas a la hora de describirlos. Sus interlocutores le pidieron siempre que estuviera tranquilo porque el "vice" (refiriéndose al entonces vicepresidente de Venezuela, José Vicente Rangel), estaba al tanto.

Los 21 días siguientes el testigo fabricado permaneció en La Orchila, una isla que está a menos de una hora del aeropuerto de Maiquetía, base naval y sitio de descanso de los presidentes venezolanos. Para probar que esta vez sí decía la verdad, Vásquez le mostró a la periodista fotos de los aviones que lo trasladaron, uno de ellos el ARV-043 de la Armada venezolana; de la casa presidencial y sus recorridos por aquellas estancias. Allí también, según él, se entrevistó con el presidente Chávez.

La confesión de Vásquez y los hallazgos de la investigación periodística han cambiado dramáticamente la situación. El hoy ex fiscal Isaías Rodríguez terminó por aceptar que el testigo dijo "algunas mentiras", mientras que el fiscal Landaeta está al borde de una causa criminal. En medio de sobreseimientos y medidas parciales, los imputados como autores intelectuales aún no tienen resuelta su situación, mientras que los acusados  como autores materiales se encuentran pagando condena de 30 años de prisión.
Pero aún quedan algunas preguntas claves por responder: ¿Quién mató entonces al fiscal  Danilo Anderson? ¿Se trató de un crimen de Estado con fines claramente políticos?

"CHÁVEZ ME DIO LAS GRACIAS"
Giovanni Vásquez de Armas,
testigo  montado  en  el  caso  Anderson

De acuerdo con Giovanni Vásquez de Armas, durante su permanencia en la isla La Orchila habló con el presidente Chávez, quien le agradeció su concurso en el caso Anderson. Este es un aparte de su entrevista con la periodista María Angélica Correa:

CAMBIO: ¿Habló con el presidente Chávez?

GIOVANNI VÁSQUEZ : Llegó, me saludó, me recibió.

¿Y cómo se lo presentaron?

Le dijeron: "Él es Giovanni Vásquez, el testigo del caso Anderson".

¿Él ya había oído hablar de usted?

Me imagino porque...

¿Y qué le dijo?

Unas palabras bonitas: "Gracias por ayudar a la Justicia, estamos para apoyarte...  y pa¿lante y no eche para atrás".