Columnistas
14 de octubre 2017, 12:00 a.m.

Un caleidoscopio sonoro

El Colón se acaba de anotar otro éxito al realizar la zarzuela ‘Cecilia Valdés o La loma del ángel’.

Para quienes se pregunten por la diferencia entre ópera y zarzuela, ambas pertenecen al género lírico y son teatro cantado. La temática de la ópera es más universal, y la de la zarzuela, folclórica, local y típicamente española, se extiende a Hispanoamérica. Alterna pasajes cantados con los hablados y con danzas populares que el público asimila como suyos.

El teatro Colón se acaba de anotar otro éxito al realizar uno de los montajes más coherentes y armónicos que se hayan visto por aquí: la zarzuela 'Cecilia Valdés o La loma del ángel', de la novela romántica costumbrista del escritor cubano Cirilo Villaverde, un abolicionista convencido del siglo XIX.

La partitura con el nombre de la protagonista, compuesta por Gonzalo Roig, representa la cubanía, tanto por sus temas como por su argumento. En ella se reflejan el horrendo comportamiento de los españoles dueños de esclavos y las costumbres de los negros y mulatos libres de La Habana.

Es muy grato ver en escena, como si se observara un caleidoscopio, trazos y colores en movimiento que durante dos horas van evolucionando sus formas

Es muy grato ver en escena, como si se observara un caleidoscopio, trazos y colores en movimiento que durante dos horas van evolucionando sus formas, unidos a una propuesta lírica basada en una hermosa obra de tradición cubana, interpretada con acierto musical.

Eso es esta producción de Cecilia Valdés, creada con una suma de talentos entre cantantes, actores, coristas, bailarines, músicos y técnicos que, enamorados de su trabajo en equipo, enamoran a su vez al público, que los aplaude gozoso.

La batuta del director de orquesta y pianista Alejandro Roca, especializado en repertorio vocal suramericano, es llevada con la gracia estilística requerida. Su experiencia de trabajo con la voz lírica les facilita a los cantantes y actores un acompañamiento sin presiones sonoras, en este caso de la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia, que entrega a sus espectadores emoción y belleza en su interpretación.

El colombiano Julián Hoyos, con maestría en Diseño Escénico de la Universidad de Nueva York, asesorado por las excelentes diseñadoras de vestuario Juliana Reyes y de iluminación María Cristina Fusté, mostró superior calidad estética visual al escenificar dos mundos en tensión: el refinado de los aristócratas y el de los esclavos.
Inolvidable el descenso del barco de los esclavos con sus lamentos, el himno a la libertad y su coro de suspiros acompañado por una lejana melodía pianística. Un bravo para el Coro de la Ópera de Colombia y su director, Luis Díaz Hérodier.

Aplausos para Ignacio García, director escénico, y el coreógrafo Rafael Palacios. Lograron lo mejor de los cantantes, actores y bailarines.

Alejandro del Cerro, excelente voz de tenor; Juan David González, expresivo barítono de bello timbre, y los actores-cantantes Manuel Franco, Erwin Barrera y Sergio Andrés Martínez, junto con un grupo de connotados actores profesionales, hicieron las delicias del público, a pesar de algunas sobreactuaciones dramáticas. Pero, en zarzuela ello se permite.

La bella soprano Karolyn Rosero debe trabajar su técnica de proyección vocal. Cecilia Silva es inolvidable en su apasionada interpretación de canto y danza cubana.

La protagonista de la obra, Betty Garcés, exquisita y potente voz de soprano lírico-dramática, es una de las más importantes intérpretes del momento. Le vaticinamos una gran carrera internacional.

La actuación especial del pianista Iván ‘Melón’ Lewis le agregó belleza al espectáculo.
Pero es un pasaje de horror caminar por la vecindad del teatro Colón. Seres humanos durmiendo entre bolsas de basura y abandonados a su propia miseria. Gran tristeza. ¿Y de la alcaldía local, qué?

MARTHA SENN