Columnistas
22 de octubre 2017, 01:55 a.m.

Ópera inspirada en García Márquez

Cuando presenten óperas y zarzuelas en escena, deben estar más atentos a nuestros jóvenes artistas.

Uno de los momentos más felices de un musicante serio sucede cuando toma conciencia de que su interpretación lo convierte en otro eslabón creativo de una partitura. La relación entre escritor, libretista, compositor e intérprete lleva al desenlace final: el aplauso del público que aprecia esta cadena creativa, convertida, desde el escenario, en arte puro.

Así sucede con la ópera ‘Florencia en el Amazonas’, estrenada en el Jorge Eliécer Gaitán. Su compositor, ya fallecido, el mexicano Daniel Catán, se vale de Arcadio, una diva coronada, e historias de amor en tiempos de cólera. Son reflejos que evocan a García Márquez, con una bella música que recuerda a Puccini, a Debussy y a Berg. Es irresistible la tentación de conocer a la misteriosa cantante, que decide hacer la última de sus presentaciones en el teatro de ópera donde inició su carrera, inspirada por el amor de su vida: un cazador de mariposas de la selva amazónica.

En su melancólico viaje fluvial aspira a reencontrarlo, después de tantos años de fama, pero también de ausencia. La Diva viaja en un barco fantasma, de incógnita, con un grupo de admiradores que van a escucharla al Teatro de Manaos, portando cada uno su dicha de amor o su cruz de desamor.

Explorar el realismo mágico que abriga a esta original ópera latinoamericana para representarlo en escena es un gran reto creativo, del cual salieron victoriosos los artistas involucrados.

Los integrantes de La Compañía Estable, ganadora de la beca de creación Ópera al Parque, expusieron el talento colombiano en pleno auge.

La firme batuta del maestro Ricardo Jaramillo logró darles a la Orquesta Nueva Filarmonía, a los coros y a los solistas una contrastada, emocionante, y sostenida línea musical.

Pedro Salazar, con su técnica de dirección escénica, hace que los actores y cantantes se comuniquen sin falsedades, desde el corazón, con el público que los escucha y los siente como personajes auténticos.

La dirección de arte, en cabeza del excelente creador escénico Julián Hoyos, propone una embarcación fantasmagórica difuminada con luces y sombras que, con el hermoso video realizado por la artista Michelle Ospina, parece navegar sobre el río Amazonas, transportando una encantadora carga de emociones.

Exquisitos el vestuario y el maquillaje de la diseñadora Olga Maslova, elaborados sin falla alguna por Pedro Nel López y Giovanni Maquil, respectivamente.

Jóvenes solistas colombianos debutaron con éxito con los personajes de esta ópera. Manuel Franco (Arcadio), prometedora y bella voz de tenor lírico. Camila Toro (Rosalba), soprano con buen futuro vocal y hermosa en escena. La ‘mezzosoprano’ Mónica Danilov (Paula), de linda figura, con buena expresión corporal y lírica. Finas la voz y la actuación de Camilo Fonseca representando a Riolobo. Porte y musicalidad demostró Hyalmar Mitrotti, el capitán. Se nota la experiencia del cantante-actor Alexis Trejos en el papel de Álvaro.

Ana María Ruge interpretó a la Diva Florencia, una partitura difícil y por momentos ingrata técnicamente, por la exigencia de sonoridades sutiles que expresen la voz interior de la protagonista. Pero salió bien librada, además con la ayuda de su excelente plasticidad escénica.

Un reconocimiento a la Orquesta Filarmónica de Bogotá, que premia la creatividad colombiana con este tipo de becas de producción lírica.

Una recomendación a la Ópera de Colombia y a los teatros Colón y Mayor: cuando presenten óperas y zarzuelas en escena, deben estar más atentos a nuestros jóvenes artistas de todos los campos creativos escénicos. El público, en esta ocasión bastante juvenil, se sintió orgulloso de aplaudirlos.

MARTHA SENN