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Ataques con ácido, una práctica escabrosa contra las mujeres

Por: REDACCIÓN ELTIEMPO.COM | 3:26 p.m. | 22 de Noviembre del 2012

Ataques con ácido, una práctica escabrosa contra las mujeres

Andrés Villamizar, director de la Unidad Nacional de Protección (UNP).

Foto: Archivo particular

Las mujeres no pueden aceptar que violencia en el conflicto o en casa sea algo normal: Villamizar.

El director de la Unidad Nacional de Protección (UNP), Andrés Villamizar, señaló que pese a que las cifras de homicidios se han reducido, hay la percepción de que la violencia contra la mujer sí ha aumentado y con prácticas escabrosas como el ataque con ácido. Además recuerda el compromiso que tienen todas las autoridades y la sociedad en general para frenar este delito.

En diálogo con EL TIEMPO, Villamizar recordó que todos los funcionarios públicos y las entidades oficiales y privadas tienen la responsabilidad de denunciar cualquier acto de violencia contra la mujer que conozcan, en los casos en los que la víctima no se atreva a hacerlo por temor o cualquier otro motivo.

Cuando a su oficina llega una mujer que prácticamente no tiene rostro, por la acción del ácido, ¿qué es lo primero que piensa?

Uno siente un dolor inmenso, una desazón al ver que hay personas capaces de hacerle eso a un ser humano, a una mujer en particular, porque además estos crímenes son cometidos contra mujeres... casi que por su belleza son llevadas a vivir toda una vida de dolor, tanto físico como espiritual, frente a una desfiguración.
He tenido momentos de profunda tristeza con casos de mujeres que hemos atendido, víctimas de este crimen, pero que más nos impulsan a seguir adelante y luchar porque estos casos no se sigan repitiendo.

¿La UNP no puede cubrir todos los casos?

Desafortunadamente el Programa de Protección tiene un ámbito de aplicación limitado. Nosotros protegemos lideresas, mujeres que están adelantando un proceso social, político para luchar por los derechos de otras mujeres, pero no tenemos el mandato legal para atender casos de  violencia intrafamiliar o para la mayoría de estas mujeres que sufren ataques con ácido, que es un ataque de índole personal.

¿Cuál es el número de mujeres que ustedes atienden?

Nosotros tenemos un número elevado de personas protegidas. Lo que pasa es que algunas están protegidas en virtud de su actividad política, son concejalas, alcaldesas, diputadas, otras defensoras de los derechos humanos, en total hay más de 1.500 mujeres protegidas en el programa por alguna actividad. Pero lo más importante es destacar el nuevo escenario de protección especial diferenciado para mujeres.

Todas las poblaciones que la UNP atiende y protege son poblaciones vulnerables, pero dentro de estas las mujeres son más vulnerables, por su condición de madres cabezas de hogar, por la victimización con violencia sexual, por la mayor fragilidad que tienen frente a la tenencia de la tierra; es más fácil despojar a una mujer por las tradiciones patriarcales a la tenencia de la tierra en Colombia. Tienen mayor probabilidad de ser desplazadas y de ser víctimas de violencia sexual.

¿Existe algún tipo de protocolo para tratar estos casos?

Sí. Se ha creado un protocolo especial para atender a esta mujeres que fue firmado por el entonces Ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, y que  articula toda la cadena de protección no sólo de la UNP sino de las demás entidades del Estado que tienen competencia. Por ejemplo, el Ministerio de Educación tiene que garantizar la escolaridad de las mujeres que la UNP se ve obligada a reubicar a otra zona del país.

Así mismo, el Ministerio de Salud tiene que garantizar la protección de salud y atención a sus niños y a la propia mujer que ha sido obligada a reubicarse a otra zona. Así que hay toda una articulación interinstitucional a través de este protocolo y del comité de riesgo.

Escuchando los testimonios de estas mujeres, ¿qué panorama le queda de lo que está pasando en Colombia frente al tema de género?

Creo que en Colombia la situación de orden público y de violencia en general está mejorando. Pero en la violencia contra las mujeres uno percibe que está empeorando. Quizás, es porque se le está presentando mayor atención, estamos ampliando los canales de comunicación, las mujeres se sienten empoderadas para denunciar, para no callar. Históricamente lo que se conoce como el síndrome de la mujer maltratada, es que en algunos casos la mujer se siente culpable de lo que le está pasando.

Creo que el mayor esfuerzo interinstitucional ha permitido que las mujeres se sientan empoderadas para denunciar, para poner la cara, para actuar y no tolerar estos hechos de violencia. Entonces se percibe una mayor victimización frente a la mujer en temas de violencia. Es un esfuerzo grandísimo que tiene que hacer el Estado colombiano y de tener cero tolerancia en este tema. En este sentido felicito el Protocolo que acaba de expedir el señor Ministro de la Defensa para atención a la mujer en tema del conflicto armado, y que quienes sean víctimas de agentes de la Fuerza Pública, como de grupos armados en el marco del conflicto, no sean revictimizadas cuando se les atiende.

Precisamente, ¿cuál es la responsabilidad histórica no solamente del Estado, sino de la sociedad en general en el tema de violencia contra la mujer?

Colombia sigue siendo un país muy machista, probablemente menos que otros países de la región. La mujer en Colombia ha tenido unos avances en cargos importantes en el acceso laboral. Ya hay más mujeres que hombres matriculadas en las universidades. Ha habido un gran avance en este sentido,  pero Colombia también sigue teniendo unos avances de comportamientos e imaginarios colectivos machistas, donde la mujer sigue siendo prácticamente propiedad de los hombres.

Hay una mayor conciencia pero la sociedad colombiana tiene una responsabilidad enorme y creo que falta mucho camino por avanzar.
Pero hay que recordar que no sólo los hombres son machistas. Tristemente muchas veces las mismas mujeres perpetúan los estereotipos machistas, las mujeres educan a los hombres y a sus respectivos hijos con imaginarios machistas que se deben superar poco a poco y son cambios culturales que no se hacen de la noche a la mañana. Pero tiene la obligación tanto el Estado, como la misma sociedad, de mirar fijamente lo que está haciendo y de reevaluar todos los imaginarios que implícitamente lleva a escenarios de violencia y agresión contra las mujeres.

¿Cuál es el mensaje para las mujeres que son y no son víctimas?

El mensaje más importante es que tengan la valentía y el coraje de denunciar, de jamás aceptar que esto sea algo normal o algo tolerable o aceptable de ser víctimas de la violencia, tanto en el marco del conflicto armado, como de su relación familiar o de pareja.

Que entiendan que hay una interinstitucionalidad que es más robusta y que atiende las solicitudes. La Defensoría del Pueblo, en particular la Procuraduría Delegada para la Familia y la Niñez y que tienen un trabajo muy importante en este sentido. Hay diversas organizaciones no gubernamentales que atienden estos casos, la Alta Consejería, la UNP, la Policía, tienen un trabajo importante de romper el círculo vicioso del silencio y de la vergüenza que sienten esas mujeres. No es fácil, por supuesto, pero es un mensaje de solidaridad y de que tengan la valentía como la tienen muchas mujeres en Colombia de salir adelante, denunciar los hechos y entender que ninguno de ellos hay que tolerarse y que no son las culpables de que esto suceda.

REDACCIÓN JUSTICIA

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