Por: HOLMAN RODRÍGUEZ M. | 5:17 p.m. | 09 de Marzo del 2012
Japón se levantará una y otra vez
Fukushima (Japón). "No tuvimos tiempo para lamentarnos mucho. Solo nuestros seres queridos, que murieron hace un año en el terremoto y en el tsunami ( 11 de marzo de 2010), nos hicieron derramar lágrimas. No es la primera tragedia que vivimos, ni será la última".
Las palabras, llenas de pragmatismo y sabiduría, de Mukahira, una mujer damnificada que ha sido testigo de varios terremotos en Japón a sus 70 años de edad, muestran el carácter de un pueblo que para los ojos occidentales puede pasar por frío y calculador.
Pero es precisamente ese sello japonés el que los llena de orgullo: "Podemos caer siete veces, pero nos levantaremos en ocho oportunidades", dice a EL TIEMPO el diplomático nipón Yasuhisa Suzuki.
Más allá del sentimiento japonés, la tragedia del 2011 es, de lejos, el reto más grande que ha tenido que afrontar un país acostumbrado a los desastres, pero que tiene que lidiar con las consecuencias derivadas del terremoto, el tsunami y la crisis nuclear por el accidente de la central de Fukushima Daiichi.
Justamente, este último es uno de los grandes asuntos pendientes para el Imperio del Sol Naciente, pues tardará varias décadas en desmontar con seguridad la planta de Fukushima (véase recuadro). Además, en los próximos meses, ante un voluntario 'cuasiapagón' nuclear de 52 de sus 54 centrales, el país planteará un nuevo enfoque para un uso más efectivo y menos riesgoso de la energía atómica. La importancia de este anuncio radica en el hecho de que lo hará la única nación que ha sufrido la explosión de dos bombas nucleares.
Tareas pendientes
El tsunami y la crisis nuclear también han abierto varios frentes de debate en la sociedad japonesa y sus autoridades en el mediano y largo plazo, relacionados con la seguridad alimentaria, la autosuficiencia eléctrica, el medio ambiente, el desarrollo social y urbano, la financiación de la reconstrucción e, incluso, la política.
Los 15.853 muertos y los 3.286 desaparecidos que hasta el pasado 22 de febrero dejaban los dos eventos de la naturaleza de hace un año quedarán como una cifra trágica para la historia. Pero el desafío para la sociedad y las autoridades japonesas lo plantean las 341.411 personas que quedaron sin techo y que en un alto número viven en casas prefabricadas de 30 metros cuadrados (ver recuadro) o en apartamentos subsidiados por el Estado.
Muchos de estos 'desplazados' son adultos mayores que requieren atención luego de haber perdido sus posesiones, por lo que, se estima, habrá que seguir pagando el techo, la alimentación y un subsidio de sobrevivencia, lo que presionará las obligaciones económicas de un país con una alta deuda.
A esto se suma el hecho de que como ya se contempla la ocurrencia probable de un nuevo tsunami, posterior a un terremoto de gran magnitud, la situación obligará a prohibir la reurbanización de amplias zonas costeras (el maremoto golpeó 230 kilómetros de costas). Los nuevos planes de vivienda presionarán la de por sí baja disponibilidad de tierra en el archipiélago japonés.
Otros temas de la agenda económica son aspectos como la generación de electricidad más segura, pero más costosa que la nuclear (desde abril del año pasado las facturas por electricidad en Tokio subieron 17 por ciento), mayores importaciones de comida que suplan la que se ha dejado de producir en las regiones afectadas, especialmente en la zona de restricción de la planta de Fukushima (en enero, Japón registró su mayor déficit comercial en 33 años), así como las tareas de medición diaria de los niveles de radiación en el aire, suelo, ríos y mar, y de la fauna de una gran parte del país.
Financiación y recorte
Los sucesivos aumentos en el presupuesto para atender las consecuencias de la tragedia se han elevado al equivalente de 200.000 millones de dólares, que se financiarán con bonos que emitirá el Gobierno y con la disminución de los salarios de todos los empleados públicos en un 7,8 por ciento durante dos años, según una alta fuente del Gobierno.
Pero si el tsunami ha traído consecuencias en muchos aspectos para la sociedad japonesa, en el plano político el Partido Democrático, en el poder desde el año 2009, también ha vivido una convulsión por cuenta de las acusaciones de mala gestión del desastre del ex primer ministro Naoto Kan, quien menos de seis meses después de la tragedia tuvo que renunciar.
Una equivocada información a los habitantes de Fukushima por parte de organismos técnicos sobre la dirección en la que se diseminarían los materiales radiactivos de la planta nuclear ocasionó que miles de personas huyeran hacia donde se dirigían esos materiales.
Ese error le fue 'cobrado' a Kan, quien tras enfrentamientos con la oposición en el Parlamento sobrevivió a una moción de censura el 30 de junio, pero finalmente se vio obligado a renunciar el 30 de agosto.
El actual premier, Yoshihiko Noda, exministro de Finanzas, busca la aprobación de un plan para subir los impuestos, disminuir los gastos y reformar la administración.
Holman Rodríguez M.
Enviado especial de EL TIEMPO *
* Por invitación del Gobierno de Japón.