Eltiempo Multimedia
Huella Social es la revista de responsabilidad social del periódico EL TIEMPO, la publicación con mayor circulación sobre el tema en Colombia.

Botar comida, un asunto de conciencia

Por: REDACCIÓN ELTIEMPO.COM | 1:43 p.m. | 13 de Marzo del 2012

Botar comida, un asunto de conciencia

Botar comida, un mal hábito para evitar.

Foto:

Estudios revelan que, en el diario vivir, cada persona desperdicia un tercio de la comida del plato que se sirve.

El dato entregado oficialmente por la FAO hace menos de un año en el Congreso Internacional sobre Ahorro de Alimento fue contundente: 1,3 mil millones de toneladas de comida se desperdician anualmente en el mundo.

Aunque se sabe, por este y otros estudios, que la principal causa de pérdida de alimentos se da a través de la cadena de suministro, por la mala manipulación de los alimentos, el daño en el transporte o la selección de los puntos de venta solo de aquellos que considera óptimos, se pudo identificar que un alto porcentaje se malgasta en la propia casa.

La investigación determinó que el desecho per cápita de alimento por consumidores en Europa y Norteamérica es de 95 a 115 kilos por año, mientras esta situación en África subsahariana y en el sur y sureste de Asia es de 6 a 11 kilos.

Las cifras prendieron el debate internacional y volvieron a señalar a los países industrializados que malgastan comida, mientras las imágenes del hambre en el mundo siguen mostrando su drama en países subdesarrollados.

De hecho, el último informe sobre 'Desperdicio de alimentos en época de crisis' de 2009 (no hay más recientes) dice que en América Latina y el Caribe 52 millones de personas pasan hambre, y cerca de 9 millones de niños padecen desnutrición crónica.
Pero más allá de las cifras mundiales, lo que llama la atención es la responsabilidad que le cabe a cada individuo ante el desperdicio de comida. Estados Unidos, por ejemplo, es el país del mundo que más bota alimentos.

De acuerdo con un estudio de la Universidad de Arizona, entre el 45 y el 50 por ciento de todos los alimentos cosechados se pierden anualmente antes de ser consumidos.
La paradoja, según el mismo reporte, es que esta comida podría servir para cubrir todas las necesidades de las personas desnutridas de ese país, en el cual, 4,6 millones de hogares no tienen garantizado un plato de comida.

En cada uno Pero ante el panorama mundial, la misma FAO afirma que la gente compra mucho más de lo que realmente consume, y señala que una gran cantidad del desperdicio de comida es el resultado de la falta de conciencia de los consumidores. Por un lado, en el proceso de preparación de alimentos caseros se dejan a un lado muchas partes en perfecto estado.

Por ejemplo, dice el informe, un 14 por ciento de los productos comprados en Estados Unidos terminan en la basura sin haber sido abiertos, y lo mismo pasa con el 20 por ciento en Brasil.

El desperdicio de comida ha generado todo tipo de movimientos, desde quienes no lo toleran y decidieron liderar grupos que reciclan desechos para alimentarse y alimentar a otros, conocido como los 'freegans' (ver nota anexa sobre este movimiento) de los cuales hay en varias partes del mundo, hasta el G9, liderado por Jamie Oliver (ver nota Responsabilidad nuevo ingrediente) y conformado por otros ocho grandes cocineros de talla internacional, que elevaron un decálogo de principios sobre la responsabilidad social frente a la alimentación y su papel como líderes de este tema a través de sus restaurantes, recetas y famosos programas de televisión.

En Colombia no se conoce la magnitud del desperdicio de comida. Tampoco se sabe cuánto se pierde en el proceso de cosecha o en el de producción de alimentos industrializados.

El padre Daniel Saldarriaga, director del Banco de Alimentos de la Arquidiocésis de Bogotá, lo explica de esta manera: "Más cerca de lo que uno piensa hay alguien pasando hambre.

Por eso, dice, debemos comprar solo lo que vamos a consumir y servir solo lo que vamos a comer". En otras palabras, la cadena de la responsabilidad frente a la comida empieza en casa, cuando se enseña a los niños a servir solo lo que realmente se van a comer; a no comprar más de lo que va a consumir y a servir en cada plato lo que cada estómago puede recibir.

El problema del hambre lo seguirán asumiendo las agencias internacionales y los gobiernos locales; mientras tanto, la receta es simple: botar comida es un asunto de conciencia.

Claudia Cerón Coral
Editora Huella Social

Montañas de comida: montones de sobrados

Servir solo lo que se va a comer es el primer paso para erradicar el desperdicio, un ejercicio personal y cotidiano.

El despilfarro de comida no son solo sobrados caseros o pérdidas en la cadena productiva, desde la cosecha hasta el supermercado y luego al cliente.

Grandes cantidades de comida se desperdician en cafeterías industriales, en los banquetes, hoteles y casinos. ¿La razón? La gente se sirve, en promedio, tres veces más de lo que se puede comer; esos residuos, por ley, no se pueden reciclar o donar por razones de salubridad e higiene.

Aunque no se conocen datos de este tipo de desperdicio en Colombia, una sola empresa de comida industrial, Compass Group, por ejemplo, admite que en un mes recogen 3.507 kilos de residuos, según Michel Robayo, coordinador de Seguridad Industrial, Salud Ocupacional y Medio Ambiente.

En Estados Unidos, la región del mundo que más desperdicia comida, según un estudio de la FAO, tan solo una cafetería universitaria bota más de 500 toneladas de comida a la basura, anualmente.

Un mundo que bota comida pero muere de hambre

Mientras 1,3 mil millones de toneladas de alimentos se desperdician en países desarrollados, el drama del hambre golpea regiones pobres, principalmente en África. La paradoja en cifras.

  • 14 por ciento de los productos comprados en EE.UU. terminan en la basura sin haber sido abiertos.
  • América del Norte y Europa producen 900 kilos de alimentos al año y en total se pierden de 280 a 300 Kilos.
  • Mas de 4.5 millones de toneladas de comida se desperdician anualmente en EE.UU.
  • En México, el descuido en el manejo de alimentos representa pérdidas de hasta 20 por ciento entre el productor y el consumidor. Cerca de 40 mil personas podrían alimentarse diariamente si se reciclase ese alimento.
  • 70 mil toneladas de alimentos van a parar a la basura anualmente en brasil.
  • 230 millones de toneladas de alimentos se producen en África al año y 222 millones de toneladas se desperdician cada año en los países industrializados.
  • 65 por ciento de las personas con hambre en el mundo viven en solo 7 países:
     
    1. India
    2. China
    3. Bagladesh.
    4. Indonesia.
    5. Rep. Democrática del Congo.
    6. Pakistán.
    7. Etiopía.
  • 925 millones de personas no comen lo suficiente para vivir saludables, y el hambre encabeza la lista de los 10 principales riesgos para la salud.
  • 1000 millones es el número estimado de personas desnutridas en todo el mundo. Cifra equivalente a la población de América del Norte y de Europa.
  • 1 de cada 6 personas en la tierra se acuesta todas las noches con hambre.
  • 25 centavos de dólar al día cuesta proveerle a un niño todas las vitaminas y los nutrientes necesarios para que crezca saludable.
  • Más de la mitad de las personas que tienen hambre en el mundo viven en Asia en la región Pacifica, y un cuarto en África (23 millones aproximadamente).
  • 52 millones de personas pasan hambre, y 9 millones de niños padecen desnutrición crónica en América Latina y el Caribe.
  • África subsahariana y sureste de Asia producen de 120 a 170 kilos de comida y desperdician 460 kilos.

Las cifras de sobrantes en restaurantes tampoco se conocen; sin embargo, estos establecimientos, según la normatividad colombiana, deben disponer de un programa especial de desechos. También se prohibió la entrega de sobrantes a recolectores informales que por tradición los han utilizado para la alimentación de cerdos.

En ello vienen trabajando algunas compañías de suministro de alimentación industrial (en su gran mayoría casinos empresariales, universitarios, escolares), según Juanita Lozano, de Sodexho.

También existen campañas para que los comensales solo se sirvan lo que realmente se van a comer, con planes de incentivos a cambio de bonos por 'platos limpios'.

Se trata de campañas que procuran llamar la atención de los clientes y que devuelve a algunas fundaciones la misma proporción de lo ahorrado.

Pero mucho de lo que sobra no tiene control: va a parar a la caneca, y la cadena empieza en la responsabilidad individual de los clientes que podrían bajar las cifras de desperdicios si antes de comer son honestos con su estómago.

Adicionalmente, el medio ambiente se beneficia gracias a la reducción de los residuos orgánicos.


Con reportería de Adriana Rodríguez Vega.

Responsabilidad, nuevo ingrediente

Ante el auge de la gastronomía, pero también del desperdicio, reconocidos chefs internacionales se juntaron para llamar la atención mundial.

¿De qué se trata la responsabilidad social en la cocina? Jamie Oliver -el chef inglés que ha escrito varios libros de gastronomía y que en la televisión prepara generosas y apetitosas recetas en menos de 30 minutos- se hizo mundialmente famoso por haber denunciado el daño que producía en los niños la espantosa comida que se servía en la mayoría de las escuelas del Reino Unido.

Oliver había impactado su sociedad con varios documentales recopilados en la serie televisiva 'Comidas de la escuela de Jamie', en los que revelaba cómo la gran mayoría de colegios públicos gastaba 50 centavos de euro por comida, mucho menos de lo que las prisiones británicas le dedicaban a la alimentación de los reclusos. Mostraba -y de esto hace siete años- una cocina desabrida, alejada de cualquier tradición y, aún peor, peligrosa para la salud.

Alegaba, con su reconocido sentido del humor, que esa 'basura' era la que hacía que los ingleses fueran 'así de aburridos'.

Y fue gracias a su propuesta culinaria, que literalmente costaba unos centavos más por estudiante -y que aseguraba verduras y proteicos ahora sí apetitosos-, que el popular chef ganó la batalla contra la 'comida chatarra' al convencer al primer ministro de entonces, Tony Blair, de darle más de 400 millones de euros para mejorar la alimentación en las escuelas británicas.

Tal fue el poder de su denuncia, aplaudida de manera unánime por el público británico, que finalmente el gobierno invirtió el dinero y mejoró en calidad, presentación y sabor los menús que se sirven en las escuelas de la Gran Bretaña.

Una linda idea gastronómica con encomiables resultados. Pura conciencia. Desde entonces, el mundo de la buena cocina -infortunadamente ligada por siglos al lujo, la opulencia y el exceso- cada vez se acerca a un concepto mucho más humano.

De hecho, el ejemplo más reciente y sonoro tuvo lugar en la pasada feria gastronómica Mistura, que se celebró en Perú en septiembre del 2011, cuando los nueve chefs más prestigiosos del planeta se pronunciaron al respecto.

¡Y de qué manera! René Redzepi (Dinamarca), Gastón Acurio (Perú), Massimo Obtura (Italia), Alex Atala (Brasil), Dan Barber (EE.UU.), Yukio Hattori (Japón), Michel Bras (Francia) y Ferrán Adrià y José María Aizega (España), enviaron un poderoso mensaje que, si llegase a calar, muy seguramente cambiará el rumbo de la profesión y la idea generalizada de alta cocina. En resumen, los integrantes del famoso G-9, como fue denominado este grupo, reclamaron con urgencia: Que el chef solo utilice ingredientes que, en todo su proceso, no atenten contra la biodiversidad.

Que ayude a los productores locales utilizando prácticas económicas justas. Que sea un humanista. Que asuma su profesión con humildad y pasión. Que insista en preservar la cultura. Que siempre piense en la sana alimentación.

Y que, todo eso, lo enseñe en las escuelas de gastronomía. En otras palabras, hacer todo lo posible para que la buena cocina se convierta en un elemento que favorezca la cohesión social y el desarrollo equilibrado.

Y eso significa promover y practicar un sistema de producción sostenible en la tierra, con discernimiento, para que cada plato sea viable. En Colombia, tal compromiso desde la culinaria ha ganado adeptos en los últimos años.

No lo suficiente como debería ser, pero mucho más de lo que sucedía hace una década. Uno de los responsables en poner el tema sobre el mantel fue el fallecido crítico gastronómico Kendon MacDonald Smith.

"Cocinemos con responsabilidad social", subrayó. De hecho, en parte de su trabajo, que hoy ya da frutos, insistió en tres puntos fundamentales: investigación, rescate y correcto manejo de los productos populares, todo esto con el apoyo de fundaciones que involucren a los mejores chefs del país.

De eso se trata la responsabilidad social en la olla. Y lo mejor es que cada quien, incluso usted, puede hacer parte del concepto: comprando los ingredientes de quienes lo producen bien y consumiendo la cocina de quien la elabora bien. Con conciencia. Y de seguro que sabe mejor.

Mauricio Silva
Cronista Gastronómico de El Tiempo

Bancos de alimentos, donar antes que botar

Toneladas de productos se salvan de terminar en la caneca y se convierten en la comida de muchos.

Con la relatividad que las cifras tienen, pues no hay sistemas de información confiables para determinar el tamaño del problema, sí podemos hacer aproximaciones: 18% de la población mundial padece hambre y 33% de los alimentos se desperdician.

Conclusión: el problema no es producción de comida, sino de garantía de acceso a los más pobres. ¿Cuál es la realidad colombiana? No hay información para establecer la cantidad de alimentos perdidos, pero sabemos que 1 de cada 2 niños menores de 5 años padece déficit de zinc, y 1 de cada 4 tienen anemia y déficit de vitamina A.
Colombia puede resolver el grave problema de la falta de alimentos y desnutrición de niños y jóvenes que desertan del sistema escolar por hambre, de ancianos y mujeres en gestación con organismos débiles y desnutridos.

El esfuerzo vale la pena. Hace 11 años funcionan en el país 25 Bancos de Alimentos liderados por la Iglesia Católica, con el apoyo de un grupo de empresas que diariamente rescatan de esta absurda cadena del desperdicio cientos de toneladas de alimentos aptos para el consumo humano.

Estas organizaciones se han agremiado en la Asociación Colombiana de Bancos de Alimentos, y en 2011 distribuyeron 16.300 toneladas a más de 220 mil personas.
Esta iniciativa tiene aún muchos aliados por reunir. El primero, el Estado, que ha permanecido ausente en su promoción y apoyo. Hoy alcaldes y gobernadores se ocupan de formular sus planes de desarrollo en los que la seguridad alimentaria debería ser preocupación central, y los Bancos de Alimentos un excelente instrumento para implementarla.

Los industriales, agricultores, ganaderos, etc., deberían vincularse entregando los excedentes que no pueden comercializar antes de que terminen en los rellenos sanitarios.

Los ciudadanos tienen mucho que aportar, especialmente los de mayor poder adquisitivo: no desperdiciar alimentos, comprar y procesar solamente lo que se va a consumir. La reforma tributaria que se avecina puede cumplir un importante papel.
En Colombia es más rentable destruir alimentos que donarlos pues, si se opta por este camino, deben pagar el IVA.

Es cierto que una norma como esta tiene riesgos de corrupción, pero la disyuntiva que enfrenta no puede ser la de controlar la evasión o erradicar el hambre.

Germán Jaramillo Villegas
Presidente red Bancos de Alimentos, director Fundación Éxito

Menú de buena mesa sin desperdicios

La chef colombiana Catalina Vélez promociona la cocina que recicla ingredientes.

Planificar el mercado, reciclar la buena comida y aprovechar todas las partes de los alimentos naturales son algunas claves para no desperdiciar.

De los 1,3 mil millones de toneladas de comida que se botan en el mundo, ¿qué porcentaje le corresponde a Colombia, rico en diversidad y disponibilidad de alimentos a lo largo del año, pero carente de una cultura coherente de consumo individual y colectiva, y de una responsabilidad ciudadana frente al tema? Se sabe que en la etapa de consumo se desperdician grandes cantidades de alimentos, por la importancia que se le da a la apariencia de los productos para su venta.

Pero más allá de estas pérdidas, en donde el consumidor no tiene responsabilidad, las campañas que lo estimulan a comprar sin necesidad es una de las causas del desperdicio en la propia casa.

La responsabilidad individual en el sentido del aprovechamiento máximo de los alimentos empieza en el momento de la compra: ¿en dónde, cuánto y en qué condiciones compramos? ¿Cómo almacenamos? ¿En qué cantidades y qué técnicas empleamos para la cocción? Y, lo más importante, el consumo: ¿hacemos una programación del menú para establecer cantidades? ¿Reciclamos lo que sobra? ¿Cómo? Si el consumidor entiende claramente la necesidad de cambio de actitud frente a la situación, obligará a que el ciclo de aprovechamiento óptimo de alimentos se vuelva eficiente desde la producción hasta el consumo.

Fuera de casa

1. Casi el 80% de los clientes siempre pide más comida de la que puede comer cuando cena fuera, mientras que más del 50% reconoce que no se lleva a la casa aquellos platos que no han sido probados, o los sobrantes en condiciones aptas para el consumo.
Algunos de los comentarios más escuchados de los consumidores son: "Me gustaría pedir menos cuando invito a mis amigos, pero temo que ellos piensen que soy tacaño, por lo que siempre se deja algo en la mesa.
En cuanto a llevar las sobras a casa, me avergüenza hacerlo frente a todos mis amigos".
2. Los excesos habituales en restaurantes, fuertemente influenciados por la tradición, por las actitudes y tendencias de consumo, deben enfrentar el desafío de una verdadera "revolución verde", en la que la responsabilidad de consumo se convierta en una expresión del respeto por la vida.
3. El desperdicio no es solamente un problema para canales de venta y restaurantes. La comida que se desecha representa un cuarto de todos los desperdicios de los hogares.

En casa

1. En los hogares normalmente se cocinan cantidades mayores a las que son consumidas.
2. Muchas de las partes aprovechables del alimento, como cáscaras, siempre terminan en la basura. La papa, por ejemplo, tiene un gran valor nutricional en el pellejo.
3. Haga listas de mercado con cantidades y necesidades específicas.
4. Guarde siempre los alimentos más viejos en la parte de adelante de la nevera o despensa para utilizarlos primero.
5. Lave, seque y empaque las frutas y vegetales antes de guardarlas en la nevera. Marque los alimentos procesados con las fechas de inicio y vencimiento.
6. Los huesos de las proteínas vegetales pueden ser usados como bases para fondos (caldos).
7. Las semillas de granadillas, maracuyá y demás, pueden ser tostadas y saborizadas para comer como pasabocas.
8. Planifique las comidas de la semana y la cantidad de comensales, así tendrá menos desperdicios.
9. Las comidas preparadas que sobran deben enfriarse rápidamente sobre agua con hielo, guardarse en contenedores plásticos y marcar su fecha de elaboración. Estas podrán ser consumidas en los próximos tres días. Es importante que al calentarse alcancen una temperatura alta (ebullición).
10.Con creatividad, las sobras de días anteriores pueden convertirse en platos provocativos. Las lentejas, adicionándoles vegetales y caldo, pueden ser una crema deliciosa; la pasta del día anterior, mezclada con huevos batidos, se convierte en una tortilla apetitosa; las frutas que sobran del desayuno, partidas, cocinadas con panela, en mermelada casera, la carne asada y las papas cocinadas el domingo, en croquetas fáciles y deliciosas.

Catalina Vélez para Huella Social

La vida de un freegan

Estas personas, por convicción y responsabilidad con el planeta, tomaron la decisión de no comprar. Usan lo que han rescatado de los desechos de otros, incluso comida en buen estado.

Vegan o vegano (un movimiento vegetariano radical). Buscan consumir lo menos posible, comprar cosas usadas y no desperdiciar absolutamente nada.
Rescatan la comida buena que otros han desechado, y mucha la reparten entre los más necesitados. Su frase de combate: "El hambre es un arma de destrucción masiva".

Sus estrategias: hurgar en las canecas de basura, no usar vehículos a gasolina, reforestar lotes abandonados, intercambiar ropa, muebles, reparar los productos hasta su total desgaste y, en síntesis, aprovechar al máximo los recursos y la movilización masiva en contra del consumismo.

Janet Kalish, freegan desde hace siete años, líder del grupo freegans. info, realiza "giras de basura" en Nueva York, habló con HUELLA SOCIAL.

¿Cuántos miembros hay en su grupo?

Más o menos 2.000 en la lista de Nueva York. En una gira típica hay entre 20 y 40 personas. Una vez al mes tenemos una gira con 'la media'. Vienen con nosotros periodistas o estudiantes. Es impresionante para ellos. Janet Kalish.

¿Cuál es la filosofía del grupo?

Estamos en contra del capitalismo por ser un sistema perjudicial que atenta contra los recursos naturales y los reduce a una tasa ínfima. Tratamos de evitar el consumismo y de encontrar alternativas que sean a la vez respetuosas y prácticas.

¿Cómo es un día en la vida de un freegan?

Es consciente. En mi caso, preparo mi comida y me la traigo a la escuela donde trabajo. Uso recipientes que regreso a casa, boto lo menos posible. Hago abono de lo que queda (la cáscara de un banano, o cuando cocino, las partes que no uso del apio, por ejemplo). Tengo lombrices detrás de la casa que me ayudan a hacerlo. Trato de ir al trabajo en bus. Lo que como es rescatado y no comprado. Lo que las tiendas botan, lo recojo. Los muebles son de segunda mano. No nos gusta la tortura de los animales y algunos son vegetarianos.

Tampoco nos cae bien la explotación de la gente y del planeta, y hay muchos que se dedican al movimiento de Ocupar Wall Street, por ejemplo, y otros se ocupan de la redistribución de los bienes y las comidas para ayudar a los demás. Algunos colaboran con los mercados gratis y otros cultivan los jardines públicos o privados.

¿Dónde consiguen la comida?

Aquí botan la comida del supermercado directamente a la calle en bolsas plásticas. Eso general-mente ocurre a eso de las 9 de la noche. Abrimos las bolsas, sacamos lo que nos sirve (la buena comida) y las cerramos nuevamente.

¿Qué es lo que más recolectan?

Lo más común es el pan, pero encontramos cereales, frutas y vegetales frescos, productos lácteos, carnes, pescados y yogures. Luego compartimos con nuestros amigos y familias, y vamos a sitios para compartir con otros que son muy pobres.

¿Por qué elegir esta forma de vida?

Para mí tiene sentido unir mis acciones con mis creencias. Y lo hago de una manera bastante pública, porque quiero influir en otros. Si yo hiciera todo esto en secreto, haría poca diferencia en el mundo.

¿Además de comida, qué más recolectan?

Papel, muebles, aparatos, platos, tazas, libros, música (discos compactos), toallas, ropa, todo.

¿Todos en el grupo viven de la misma forma?

Tenemos vidas distintas. Nos respetamos, pero no es como una religión o un club. Vivimos lo más responsable que podemos, y creo que este estilo de vida se hace cada vez más fácil con el tiempo, porque compartimos y acumulamos mucho y vemos la creatividad de otros que también nos anima.

Algunos de los freegans no trabajan en el sentido típico, otros sí. En todos los casos, no tenemos que ganar tanto dinero como otros para así pasar nuestro tiempo con los seres queridos o para dedicarlo a nuestros intereses y nuestro activismo. Es una manera de liberarse.

¿Cómo cambió su vida al salir del sistema tradicional?

La verdad es que yo sigo con un trabajo bastante tradicional, soy maestra. Pero sé que voy a jubilarme joven (probablemente en un año, cuando tenga 50) y eso se lo debo a mi estilo de vida freegan. Yo ya paso mucho tiempo como voluntaria.
Da mucha satisfacción donar mis cosas, mis encuentros, mi tiempo.

¿Puede contarme alguna anécdota de este cambio de vida?

Una vez mis vecinos y yo (dos amigos freegans) fuimos al vertedero de un supermercado a medio kilómetro de donde vivimos, después de Halloween y encontramos docenas de bolsas de pequeños chocolates.
Estamos todavía regalándolos. A la mayoría les faltan muchos meses para vencerse, pero como ya no están en época y muchos tienen un diseño para Halloween los botan a la basura.

A veces puede ser como una obsesión tratar de salvar el mundo y veo que paso mucho tiempo rescatando y redistribuyendo las cosas rescatadas. Deseo que la gente desperdicie menos y que piense más sobre qué puede hacer con un libro usado, un mueble viejo, su ropa, etc. antes de tirarlos.

Denize Asceneth Torres
Redacción Huella Social

 

 

    Publicidad
    Paute aquí

    Recomendados en Facebook

    Publicidad
    Paute aquí

    Reportar Error

    ¿Encontró un error?

    Para eltiempo.com las observaciones sobre su contenido son importantes, permítanos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de la Casa Editorial El Tiempo (CEET). Por favor, incluya su nombre y correo electrónico para informarle del seguimiento que le hemos dado a su observación.

    Los campos marcados con * son obligatorios.

    *
    *
    *

    Mostrar Comentarios