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La vida en las islas, 30 años después de la guerra entre Argentina y el Reino Unido por su posesión.

¿Cómo se vive en Malvinas-Falkland, un país en miniatura?

Por: REBECA LUCÍA GALINDO | 11:59 p.m. | 08 de Abril del 2012

Relatos de una isla con 3.000 habitantes. La segunda población inmigrante más grande es chilena.

Son kilómetros y kilómetros de nada. Tierra negra, rocas, ocasionalmente un ganso junto a la carretera nos recuerdan que no hemos salido del planeta.

(Vea la galería de fotos 'Así son hoy las islas')

Afuera de la cómoda calefacción de la camioneta de Marcelo Olmedo, un chileno que lleva 11 años viviendo en las islas Malvinas (Falklands), hay 7 grados centígrados. Un hombre pasa trotando en pantaloneta y da frío con solo verlo. El fuerte viento se mete por las orejas y cala en los huesos.

¿Cómo viven los malvinenses (también llamados kelpers) con este clima?, es lo primero que uno se pregunta. Y aunque es un cotidiano tema de conversación, no es la principal preocupación de esta población de 3.000 habitantes.

La soberanía de este territorio de ultramar del Reino Unido sigue siendo reclamada por Argentina y, desde el aterrizaje al aeropuerto de Mount Pleasant, la base militar sostenida por los ingleses, lo hacen saber claramente.

Lo primero que se recibe por parte de las autoridades de inmigración es un folleto en inglés y en español: "Esté consciente del hecho de que agitar o mostrar en forma pública una bandera argentina en cualquier lugar podría causar alarma y angustia. Por favor, absténgase de hacerlo para prevenir molestias o inconvenientes innecesarios".

Y, aunque en toda América Latina se habla de Malvinas, Marcelo deja muy claro que si usamos la palabra, no falta algún isleño que nos corrija: "No, esto es Falkland".

Es claro que no quieren que su pacífica población se contagie del drama diplomático que afuera libran la presidenta argentina, Cristina Fernández y el primer ministro inglés David Cameron.

Para entrar a Malvinas, los colombianos necesitan una visa especial tramitada a través de la embajada británica. Es igual de engorroso que pedir la visa inglesa, se demora casi lo mismo y hay que tener un buen presupuesto disponible. Gran parte de los productos son importados, lo que encarece el estilo de vida.

El idioma oficial de la isla es el inglés, así que es bueno llegar teniendo algo de idea del idioma. "Oula", responde con responde con acento británico una joven que recibe un saludo en español. Es rubia, ojos azules y pecosa. "¿Habla español?" - "Solo un pouco", dice y luego se retira para fumar afuera, sin importar el frío.

"Este es el clima que van a tener toda la semana", pronostica Marcelo con una sonrisa. Chilenos como él pueden llegar a la isla sin visa y en busca de buenas oportunidades laborales.

Con al menos 300 personas, son la segunda población inmigrante más grande de la isla, después de los ciudadanos de Santa Helena. El hecho de que única conexión regular que la isla tiene con el continente vía aérea sea a través de Chile (Punta Arenas) también ha facilitado el intercambio comercial.

La base militar queda a 45 minutos de Stanley (Puerto Argentino). Una vez ahí, lo que se respira es el estilo inglés. Las banderas malvinenses e inglesas están en todas las ventanas y hay una foto de la reina Isabel en varias casas.

La decisión de Renata

Rodolfo Bórquez y Johanna Leiva son una pareja de chilenos que parece adaptarse bien a esta vida tras diez años aquí. "La tranquilidad... no hay terremotos", argumentan.

Su hija, Renata, nació en el hospital local hace un año y medio. Y, para Johanna, su experiencia como madre primeriza estaba por ponerse mucho peor cuando quiso registrarla. Un funcionario argentino cuyo nombre prefieren mantener en reserva "por seguridad" se enteró del nacimiento de la niña y les ofreció un vuelo para enviarla a Buenos Aires y registrarla como argentina.

Era diciembre del 2010 y se trataba del último parto del año en la isla, fue un año importante para Argentina debido a las celebraciones del bicentenario de su Independencia.

Rodolfo no quiso incluir a su bebé en asuntos políticos e ignoró la invitación. Envío los papeles de registro de Renata a la embajada chilena en Londres, que era la única por la que podía realizar el demorado trámite.

La niña estuvo al menos dos meses "sin tierra", recuerda su padre. "Cuando ella cumpla los 18 años podrá elegir si quiere tener la ciudadanía malvinense", explica la madre.

Por ahora, Renata es chilena. Mientras aprende español en la casa, afuera, todo lo vive en inglés. No sabe nada de la decisión política que tendrá que tomar cuando sea mayor de edad. Sus padres esperan que, cuando el momento llegue, otra sea la relación que los isleños llevan con su vecino más cercano, que los nacionalismos no se tomen la vida que han construido y que las banderas pasen a un segundo plano.

¿Cómo hacen los kelpers para no casarse con sus primos?

El pecado de la malvinenese Barbara Pennisi Minto fue enamorarse de un argentino: "Mucha gente decía cosas cuando me casé con él, pero me entra por un oído y me sale por el otro". Su esposo falleció hace ocho años y Argentina se convirtió en una segunda patria que vio nacer a sus dos hijos.

En un perfecto español dice que no mantiene una relación 'amor-odio' con los dos países, sino de gratitud por parte de ambos. Tampoco le importan los políticos o las peleas que Inglaterra y Argentina libren por tener la última palabra sobre la soberanía del archipiélago. 

"Cuando me jubile me quiero a ir a vivir a Mar del Plata- cuenta - Pero no quiero que las Falklands (Malvinas) sean argentinas".

Barbara hace parte de las familias menos tradicionales del archipiélago y es un ejemplo de cómo su pequeña población (unas 3.000 personas) ha cambiado en los últimos dos siglos.

Lynda Buckland asegura que su familia ha estado en Malvinas durante nueve generaciones.

"Yo me identifico como isleña y, en segundo lugar, como inglesa porque mis hijos nacieron allá", dice Lynda mientras sus nietas juegan a su alrededor.

"Las islas son bastante únicas. Es una de las pocas partes del mundo en la que, si conoces a alguien, te presentas con detalles de su ascendencia para asegurarte de que no estén emparentados. Si salen con un muchacho, tienes que revisar tu historia familiar ante de llevar la relación más allá, de pronto podrías estar enamorada de un primo", dice entre carcajadas.

Sus ancestros eran católicos y huyeron de la violencia religiosa del Reino Unido en 1814. Hoy hay 86 miembros de la familia viviendo en la isla.

"Creo que somos más británicos que Gran Bretaña -cuenta- Allá es muy difícil identificar a un inglés como tal. Por ejemplo, mi hija Kristy era la única rubia en su colegio".

Mientras tratan de controlar a las dos hijas de Kristy, quienes juegan sin control con todo lo que encuentran, ambas aceptan la mala reputación que tienen los kelpers como chismosos. "Sí es un deporte nacional", ríe Lynda. "Lo llamamos telégrafo 'deedle dee'", una frutilla que crece como monte en cualquier parte de Malvinas.

Datos curiosos de Malvinas-Falkland 

-No hay cajeros automáticos.

-Tienen su propia moneda (libras de las Falklands). Vale lo mismo y circula junto con las libras esterlinas. Sin embargo, no son aceptadas en el Reino Unido.

-Solo hay un banco y no cambian dólares que tengan sellos.

-Nada en la isla tiene el nombre 'Malvinas'. Lo único más parecido en el hotel Malvina House y fue bautizado así porque Malvina era el nombre de la hija del fundador del negocio.

-Debido a su pequeña población, la estación de gasolina y el Internet son monopolios. El servicio de tarjetas prepagadas para tener acceso a la red es de regular calidad y es bastante caro. 

-Solo hay cuatro presos en la cárcel.

-Se maneja por la izquierda.

Rebeca Lucía Galindo
Redacción Internacional
Stanley (Puerto Argentino)

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