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La ropa también contamina: conozca como impacta el tema del reciclaje textil y su impacto ambiental: Falta de regulaciones, políticas de reciclaje textil y el fast fashion en el impacto ambiental.

¡No tengo nada que ponerme!

Por: LIZETH SALAMANCA BOTÍA | 10:35 p.m. | 10 de Septiembre del 2012

¡No tengo nada que ponerme!
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La tendencia del 'fast fashion' y las compras compulsivas pueden atiborrar su armario, aunque usted solo usa el 20 por ciento. Piense en el costo... ambiental.

¿Recuerda cuándo fue la última vez que desechó una prenda de vestir porque pensó que estaba pasada de moda? ¿Sabe qué impacto dejó en el medio ambiente, desde su producción hasta el final de su vida útil? Con la llegada del fast fashion (moda rápida), que se refiere al acelerado cambio de estilos y la disponibilidad de ropa a bajos costos, están cambiando los hábitos de los consumidores, quienes ahora renuevan su armario con la misma frecuencia que las marcas cambian de colección. Un fenómeno que inevitablemente conlleva al aumento de existencias de ropa en los hogares, prendas que más tarde se convertirán en potenciales desechos sólidos, si no llegan a ser donadas o recicladas para su reutilización.

De hecho, un estudio de la firma McKinsey Quarterly (2009) señala que durante los últimos 25 años, los estadounidenses han consumido cada vez más ropa que el año anterior y que, en promedio, el 85% de esos artículos acaban en los vertederos y rellenos sanitarios. El mismo estudio dice que en la última década el consumo de vestuario en Gran Bretaña aumentó en más del 30%, y unas 900 mil toneladas de ropa y zapatos fueron arrojadas a la basura tan solo en el 2006, sin que hubieran sido usadas más de dos veces.

Por su parte, cifras de la Fundación para la Investigación y el Desarrollo Ambiental de España (FIDA), muestran que el consumo de textiles en Europa es de 20 kilos por persona al año, muy por encima del promedio en el resto del mundo, que varía entre 7 y 10 kilos. Algo que, además del fast fashion, podría explicarse por las necesidades de vestuario que requieren las temporadas climáticas en esos países.

"En las regiones con estaciones climáticas, la gente necesita muchas capas de vestuario para protegerse, en especial de las bajas temperaturas, lo que incrementa significativamente el consumo de ropa", advierte el consultor de marcas y vestuario, Julián Posada. Incluso, el experto señala que "las tendencias más importantes de la moda se dan en las épocas de invierno, para luego renovarse con la llegada de las intensas olas de calor que obliga a nuevas compras".

"La mayoría de los consumidores no se percatan de la huella ambiental que deja el constante cambio de la moda: prendas que no se usan más de tres veces y que llegan a los botaderos generando toneladas de desechos", afirma, por su parte, la directora de la División de Ropa y Textiles de la Universidad de California, Susan Kaiser.

Pero el impacto va más allá del residuo textil. A cada paso de su ciclo de vida, la ropa que usamos deja una huella ambiental que inicia con la producción de las telas.

"Dependiendo de la fibra con la que se haya producido la prenda, las consecuencias sobre el medio ambiente son diferentes. Si la pieza que usted arrojó a la basura estaba hecha a partir de fibras naturales (algodón, lino, seda, lana), su degradación tardará poco tiempo pero su producción habrá consumido grandes cantidadesde suelo, agua, energía, pesticidas y fertilizantes. Por el contrario, si era de origen sintético a base de petróleo (poliéster, nilon, lycra, terlenca, entre otras) su degradación tardará muchos más años y se habrá consumido mucho CO2", asegura Kaiser.

Luego, viene el proceso industrial. En este punto, la fabricación y el acabado de textiles son los procesos donde, según la Guía de Buenas Prácticas para el Sector Textiles, del Ministerio de Medio Ambiente de Colombia, y Fundes, se generan la mayor cantidad de residuos, especialmente peligrosos.

El documento nacional hace énfasis en los procesos de lavado, blanqueo, teñido, estampado y acabado de las telas. "Son etapas donde el uso de productos químicos y colorantes, sumado a los grandes consumos de agua y energía, aportan vertimientos de aguas residuales con sedimentos tóxicos", afirma la docente de Ingeniería Textil de la Pontificia Universidad Bolivariana de Medellín, María del Pilar Rivera.

Para Arturo Tejada, director de la Escuela de Diseño de Moda que lleva su mismo nombre, estos efectos ambientales se incrementan por los grandes volúmenes de producción que exige el fast fashion. "El consumidor de hoy pide miles de productos bonitos y a buen precio sin tener en cuenta la calidad y la funcionalidad. Son prendas diseñadas para durar muy poco y que los usuarios reemplazan constantemente para estar a la moda", sostiene Tejada.

Por eso, más allá de la responsabilidad que tiene la industria textil en aplicar prácticas más sostenibles, está la responsabilidad que tienen los compradores a la hora de adquirir sus prendas de vestir, pues a menudo las personas tienden a comprar más ropa de la que realmente necesitan.

Varios expertos consultados señalan que solo utilizamos un 20% del total de nuestro armario. "Lo ideal es que la gente empiece a pensar en roperos ciento por ciento funcionales y a realizar compras más inteligentes, esto es, prendas con estilos clásicos, de una calidad que garantice mayor vida útil, procurando marcas y productos con sellos ambientales y prefiriendo las fibras naturales a las sintéticas", aconseja Tejada.

Para Carolina Agudelo, coordinadora del área de medios textiles de la Universidad de los Andes, los consumidores de hoy tampoco se preocupan por la huella ambiental que dejan las prendas una vez compradas: "si bien es cierto que el usuario no incide en la producción de la prenda, sí incide en sus formas de uso y lavado. Todo depende de los detergentes que yo como consumidor utilizo, cuánta agua gasto en los lavados, con qué frecuencia estoy lavando, cuánta energía gasto planchando o secando mi ropa y qué hago con ella cuando ya no me sirve".

Empresas como Enka, Fabricato y Lafayette han empezado a elaborar fibras a partir del aprovechamiento de botellas plásticas. Además, existen varias empresas que se encargan de triturar y convertir esa ropa usada en nuevas fibras. La lana y el algodón, por ejemplo, se usan para formar hilos o materiales aptos para aislamiento acústico, elaboración de artículos de limpieza y relleno, por su volumen y poder absorbente. Pero, ¿qué opciones tienen los ciudadanos como usted para disponer adecuadamente su ropa? En materia de reutilización de ropa usada, Colombia cuenta con varios bancos de ropa y organizaciones que reciben donaciones y las venden a muy bajos precios para aquellos que lo necesitan, o para obtener recursos con los que financian sus proyectos sociales. Una cadena que empieza en casa, cuando usted recicla, dona y le da una nueva oportunidad a su ropa y a quienes les falta lo que a usted le sobra en el armario.

Lizeth Salamanca Botía
REDACCIÓN HUELLA SOCIAL

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